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Capitulo 104 LAS ONDAS DEL IMPACTO

  La aldea de los lirios

  A más de doscientas leguas del epicentro, en una aldea olvidada entre campos de trigo y lirios silvestres, el cielo se partió.

  Los ni?os dejaron de jugar. Las aves dejaron de cantar. El viento se detuvo.

  Una línea de luz y sombra cruzó el firmamento como una herida abierta. Luego vino el temblor: breve, pero profundo. Las copas de los árboles se inclinaron. El agua del pozo se volvió negra por un instante. Y el anciano Elías, que no hablaba desde la muerte de su esposa, murmuró:

  —Esto… esto es como en la Era de los Fragmentos.

  Nadie entendió. Pero una ni?a, sentada en el barro, empezó a dibujar con el dedo. Un símbolo que no conocía. Un círculo dividido en dos mitades: una blanca, una negra. En el centro, una espiral.

  El símbolo del equilibrio.

  El Reino de Virel

  En la cima de la Torre de los Cielos, los magos del Observatorio Celeste dejaron caer sus plumas al unísono. Las plumas flotaron… y luego se quemaron en el aire.

  Stolen novel; please report.

  —?Qué fue eso? —preguntó el archimago Varnel, con la voz quebrada.

  —Una distorsión en el maná —respondió su aprendiz—. Como si el mundo hubiera respirado… y se hubiera asustado de sí mismo.

  El rey de Virel fue convocado de inmediato. En la sala del trono, los sabios debatían.

  —?Fue un dios?

  —?Un cataclismo?

  —?Un nuevo portador?

  Un espía, cubierto de polvo y sudor, entró sin anunciarse.

  —Majestad. La energía provino del sur. De la región olvidada. Cerca del Bosque de las Sombras.

  El rey se levantó. Su sombra se alargó como una lanza.

  —Entonces enviad emisarios. Y soldados. Si un nuevo dios ha despertado… quiero saber su nombre antes que los demás.

  El Templo del Silencio

  Durante cien a?os, los monjes del Templo del Silencio no habían pronunciado palabra. Su voto era sagrado: guardar el equilibrio a través del silencio.

  Pero cuando la onda de energía los alcanzó, todos gritaron al unísono.

  Un grito sin palabras. Un lamento antiguo.

  El sumo sacerdote, ciego y encorvado, se levantó por primera vez en décadas. Caminó hasta el altar, donde ardía una llama negra y blanca. Tomó un cuchillo ceremonial y escribió en su propia túnica, con su sangre:

  “El Equilibrio ha sido tocado.”

  Luego, con voz temblorosa, rompió el voto:

  —El dios del Caos… lo ha sentido.

  La taberna de los caminos rotos

  En una taberna al borde del desierto, un grupo de aventureros bebía cerveza amarga y contaba mentiras.

  —Dicen que un ni?o cayó del cielo y partió la tierra —dijo un enano con cicatrices.

  —Dicen que dos guerreros se fusionaron y enfrentaron a un dios —a?adió una elfa con ojos de fuego.

  —Dicen que el maná se volvió loco por un instante —murmuró un mago borracho—. Que los hechizos se deshicieron. Que los muertos susurraron.

  Un hombre encapuchado, que no había hablado en toda la noche, se levantó. Su voz era suave, pero cortante.

  —Entonces es hora de ir al sur.

  —?A morir? —preguntó el enano.

  —A ver con mis propios ojos —respondió el hombre—. Donde hay dioses… hay oro. Y donde hay equilibrio… hay quienes quieren romperlo.

  La torre solitaria

  En lo alto de una monta?a sin nombre, una torre de obsidiana se alzaba entre las nubes. Allí vivía una mujer de cabello blanco, ojos cerrados y piel como la luna.

  Una paloma mensajera llegó volando, con las alas chamuscadas por la energía residual del cataclismo. La mujer la tomó con delicadeza, leyó el mensaje… y sonrió.

  —Así que el equilibrio ha despertado —susurró—. Por fin.

  Se levantó. Y dijo, al fin el amo ha despertado.

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