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Capítulo 101: EL RUGIDO DEL DIOS DE LA GUERRA

  El suelo tembló bajo sus pies.

  El peque?o dios de la guerra no emitió palabra. Solo rugió. Un rugido que no venía de su garganta, sino de su alma. Sus ojos dorados brillaban con una furia vacía, y su cuerpo —aunque infantil en apariencia— se tensó como el de una bestia lista para matar.

  Jhon apenas tuvo tiempo de activar su Escudo de Estrellas. El dios ya estaba sobre él.

  El primer golpe fue un pu?o directo al rostro, envuelto en una energía dorada que rompía el aire a su paso. Jhon giró el cuello en el último instante, y el pu?o pasó rozando su mejilla, dejando una línea de sangre y una onda de choque que partió un árbol a veinte metros de distancia.

  Jhon retrocedió, pero el dios no le dio respiro. Un segundo golpe, esta vez al estómago. Jhon bajó el codo y bloqueó, pero la fuerza fue tal que lo lanzó hacia atrás como una bala. Su cuerpo atravesó dos árboles antes de estrellarse contra una roca, que se agrietó con el impacto.

  Antonio no esperó. Su sombra se alzó como una lanza y se disparó hacia el dios. Pero el dios giró sobre sí mismo, atrapó la sombra con una mano y la arrancó del aire como si fuera una cuerda. Luego la usó como látigo y la devolvió contra Antonio.

  El golpe lo lanzó al suelo, y su espalda se arrastró por la tierra, dejando un surco de diez metros. Tosió sangre. Se levantó. Sonrió.

  “Esto es real”, murmuró.

  El dios de la guerra se lanzó de nuevo, esta vez con ambos pu?os envueltos en fuego. Jhon apareció frente a él con sus alas de luz desplegadas, y lanzó una ráfaga de rayos solares. El dios los atravesó sin frenar, recibiendo las quemaduras sin inmutarse.

  Jhon bajó en picada, girando en el aire, y lanzó una patada descendente. El dios la bloqueó con el antebrazo, pero el impacto creó un cráter bajo sus pies. Antonio aprovechó: emergió desde la sombra del dios y le clavó una daga de oscuridad en el costado.

  El dios gritó. No de dolor, sino de furia.

  Giró sobre sí mismo, y con un solo giro de su brazo, lanzó a Antonio por los aires. Luego atrapó a Jhon por el cuello y lo estrelló contra el suelo con tanta fuerza que el suelo se partió en líneas radiales.

  Jhon escupió sangre. Su escudo se rompió.

  Antonio cayó de pie, rodó, y volvió a la carga. Su cuerpo se cubrió de un manto oscuro, y sus ojos brillaron con un resplandor violeta. Usó “Refugio Sombrío” para envolver a Jhon en una cúpula protectora, y luego se lanzó contra el dios con una velocidad que rompía el sonido.

  El primer golpe fue un pu?etazo al pecho. El segundo, una rodilla al mentón. El tercero, una ráfaga de sombras que lo envolvió como una tormenta.

  Pero el dios resistió. Sonrió. Y luego, con un grito, liberó una onda de choque que desintegró la cúpula y lanzó a ambos hacia atrás.

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  Jhon se levantó con dificultad. Su brazo izquierdo colgaba dislocado. Antonio tenía una costilla rota. Pero sus ojos no mostraban miedo. Solo determinación.

  “Plan B”, dijo Jhon.

  Antonio asintió. “Fusión táctica.”

  Jhon extendió su mano. Antonio la tomó. En ese instante, la luz y la oscuridad se entrelazaron. El cuerpo de Jhon se cubrió de líneas negras, y el de Antonio se iluminó con runas doradas. Sus auras se mezclaron, creando un vórtice de energía que hizo temblar el bosque.

  El dios de la guerra se detuvo. Por primera vez, dudó.

  Jhon y Antonio se movieron como uno solo. Jhon voló en espiral, lanzando ráfagas de luz que cegaban. Antonio se deslizaba por las sombras, apareciendo detrás del dios con cuchillas de oscuridad en ambas manos.

  El dios bloqueó una, pero no la otra. La cuchilla le cortó el hombro. Sangre dorada brotó.

  El dios rugió. Su cuerpo creció. Ya no era un ni?o. Ahora era un adulto, más alto, más musculoso, más rápido.

  “?Ahora empieza la verdadera pelea!”, gritó Jhon.

  Y el dios sonrió.

  El dios de la guerra ya no era un ni?o.

  Su cuerpo había crecido en segundos, como si cada herida lo alimentara. Ahora medía casi dos metros, con músculos tensos como acero y una mirada que ardía con una furia sin nombre. Su cabello rojo flotaba como llamas, y su piel brillaba con runas doradas que latían al ritmo de su corazón.

  Jhon y Antonio, fusionados en sincronía, no retrocedieron.

  Jhon se elevó, sus alas de luz extendidas como cuchillas. Antonio se deslizó por la sombra de su compa?ero, emergiendo detrás del dios con una lanza de oscuridad en cada mano.

  El dios giró sobre sí mismo, bloqueando la lanza de Antonio con un antebrazo, mientras lanzaba una patada ascendente hacia Jhon. Jhon cruzó sus brazos para bloquear, pero el impacto lo lanzó hacia el cielo como un cometa.

  Antonio aprovechó el momento. Usó “Abrazo del Vacío” para absorber la energía del impacto y redirigirla. Su sombra se extendió por el suelo, envolviendo los pies del dios como raíces vivas. El dios intentó moverse, pero por un instante, estuvo atrapado.

  Jhon descendió como un rayo, su pu?o envuelto en luz pura. Golpeó al dios en el pecho con una fuerza que hizo temblar la monta?a. El impacto creó una explosión de energía que barrió el bosque, arrancando árboles de raíz y levantando una nube de polvo que oscureció el cielo.

  Pero cuando el humo se disipó… el dios seguía de pie.

  Sangraba por la boca. Su brazo derecho colgaba dislocado. Pero sonreía.

  “?Eso es!”, gritó. “?Eso es lo que quería sentir!”

  Y entonces, su cuerpo cambió otra vez.

  Su piel se volvió más oscura, como hierro fundido. Sus ojos se volvieron completamente rojos. De su espalda brotaron dos espadas curvas, hechas de energía pura, una dorada y otra negra. Su voz ya no era la de un ni?o ni de un joven. Era la voz de un guerrero eterno.

  “Ahora… ?luchen en serio!”

  Se lanzó hacia Antonio primero. Las espadas giraban como hélices, cortando el aire con un silbido mortal. Antonio apenas logró esquivar el primer tajo, pero el segundo le rozó el pecho, abriéndole una herida profunda que sangró de inmediato.

  Jhon gritó su nombre y se lanzó en picada, pero el dios giró y lo recibió con una patada giratoria que lo estrelló contra el suelo. Jhon se levantó con dificultad, su brazo derecho fracturado.

  Antonio, jadeando, activó “Refugio Sombrío” para cubrirlos a ambos. La cúpula de oscuridad se cerró justo a tiempo para detener una lluvia de espadas de energía que el dios lanzó desde el cielo.

  Dentro de la cúpula, Jhon y Antonio se miraron. Estaban cubiertos de sangre, sudor y tierra. Pero sus ojos no temblaban.

  “?Tienes algo más?”, preguntó Jhon, escupiendo sangre.

  Antonio asintió. “Una última carta.”

  “?Estás pensando en…?”

  “Sí. La fusión total.”

  Jhon dudó. “Eso podría… rompernos.”

  “?Y si no lo intentamos?”, dijo Antonio. “Nos mata.”

  Jhon asintió. “Entonces hagámoslo.”

  Se tomaron de las manos. La luz de Jhon se volvió incandescente. La oscuridad de Antonio se volvió líquida. Ambas energías se entrelazaron, no como opuestos, sino como una espiral perfecta. El suelo tembló. El cielo se abrió. El dios de la guerra se detuvo, por primera vez, con una expresión de asombro.

  Del centro de la cúpula emergió una figura nueva.

  Un solo cuerpo. Dos almas.

  Una armadura de luz y sombra. Alas negras con bordes dorados. Ojos que brillaban con el equilibrio de ambos elementos. Era Jhon y Antonio… y al mismo tiempo, algo más.

  El dios de la guerra sonrió. “?Eso es! ?Eso es lo que quería!”

  Y se lanzó.

  La figura fusionada lo recibió con una explosión de energía que partió el suelo en dos. El choque fue tan brutal que el bosque entero se iluminó como si fuera de día. El combate ya no era entre tres seres. Era entre dos fuerzas primordiales.

  Luz y oscuridad… contra guerra pura.

  Y en el fondo del cielo, una carcajada resonó. Una voz burlona, conocida.

  “?Qué espectáculo! ?Qué hermoso experimento!”

  Era el dios de la reencarnación.

  “?No os encanta? Yo lo llamo: ‘El regalo de la desesperación’. ?Disfrutadlo! Yo solo quería ver qué pasaba si soltaba un poco de caos.”

  Y con una risa que se desvaneció como humo, desapareció.

  La figura fusionada miró al dios de la guerra, que ya se preparaba para el siguiente asalto.

  “Entonces… vamos a terminar esto.”

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