Después de descansar un rato en el lago azul claro, Jhon y Antonio se prepararon para la próxima prueba. El sol empezaba a bajarse, y el aire se hizo un poco más frío — como si el espacio itself sintiera que lo que venía era grave.
"La cuarta prueba es la más difícil de las que han pasado hasta ahora", dijo la voz de óscar, resonando con un matiz más serio. "Se llama el Juego del Ego. Aquí descubriréis si vuestro deseo de poder es para proteger... o para ser el mejor."
En ese instante, la tierra a sus pies se abrió y apareció una sala grande y circular, con techos altos y paredes de piedra gris. En el centro de la sala, había dos tronos: uno de la izquierda, hecho de cristal brillante que emitía luz suave; el otro de la derecha, hecho de piedra negra que absorbía la luz a su alrededor. Frente a los tronos, en un pedestal de bronce, yacía una espada de doble filo — su hoja brillaba con un resplandor que cambiaba de blanco a negro y viceversa.
En la hoja de la espada, había una inscripción grabada: "Solo el más fuerte puede cogerla. Solo el más fuerte pasará."
óscar apareció en persona en la sala, con su cabello negro y sus ojos profundos. Se acercó al pedestal y miró a Jhon y Antonio con una expresión seria: "La regla es simple. Uno de vosotros coge la espada, se sienta en su trono correspondiente — luz para Jhon, oscuridad para Antonio — y pasa la prueba. El otro... se queda aquí, y no puede seguir. Solo hay un lugar para el más fuerte."
Jhon miró el trono de luz, luego la espada, y sintió cómo un deseo se encendía en su pecho. Ese deseo que siempre había tenido: ser más fuerte. Más fuerte para no dejar sola a Sofía, más fuerte para proteger a Alan, más fuerte para derrotar a Dios y a los nobles que le habían hecho da?o.
"Si soy el más fuerte", pensó Jhon, con la mirada fija en la espada, "nunca más le pasará nada a nadie que amo. No necesitaré depender de nadie — yo seré el que protege a todos."
Antonio miró a Jhon y vio el brillo en sus ojos — el brillo del ego que empezaba a despertar. Se quedó quieto, con la mano apretada, y pensó en su propio deseo: ser a la par de Jhon, sí, pero para proteger juntos, no para ganarle.
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Jhon dio un paso hacia adelante. Sus pies se movían solos, impulsados por ese deseo de fuerza absoluta. Antonio intentó hablar, pero no encontró las palabras — le dolía ver a su hermano ceder a ese ego, pero también entendía el miedo que lo llevaba ahí.
"Jhon", dijo óscar, con voz calmada. "?Estás seguro? Una vez que toques la espada, no hay vuelta atrás."
Jhon no respondió. Se acercó más al pedestal, extendió la mano y se preparó para agarrar el mango de la espada. En ese momento, vio una imagen en la hoja brillante: a Sofía y Alan, seguros y felices, mirándolo con admiración como al héroe más fuerte del mundo. Esa imagen lo hizo cerrar la mano más rápido.
Pero en el instante en que sus dedos tocaron el mango, la sala empezó a temblar con fuerza. Un trueno ensordecedor resonó por todo el lugar, y la luz del trono de cristal se hizo tan fuerte que cegó. Una voz grave y metálica se escuchó desde el techo:
"JHON. HAS FRACASADO."
Jhon se retrocedió de un salto, soltando la espada. El temblor cesó, y la luz se calmó. óscar miró a Jhon con una expresión de pena y comprensión: "Tu deseo no era de proteger — era de ser el más fuerte. El ego te ha cegado. No puedes pasar esta prueba."
Jhon se quedó petrificado. Su rostro se puso pálido, y se sentó en el suelo con las manos en la cabeza. El dolor de la derrota le golpeó con fuerza — más que cualquier herida física. "Yo quería protegerlos", pensó, con lágrimas en los ojos. "?Por qué me consideran un fracaso?"
Antonio se acercó a Jhon y se sentó junto a él. Le puso una mano en el hombro y dijo, con voz suave: "No eres un fracaso, Jhon. Solo te has dejado llevar por el miedo. El poder no está en ser el único fuerte — está en ser fuerte juntos."
óscar se acercó a los dos y dijo: "La prueba no se acaba aquí. Antonio, tú puedes seguir. Jhon no puede pasar, pero puede quedarse para apoyarte. Ese es el último giro del juego del ego: saber aceptar la derrota y ayudar al otro a ganar."
Antonio miró a Jhon, luego a la espada, y negó con la cabeza: "No. Si Jhon no pasa, yo tampoco. No quiero el poder si no está con él."
Jhon levantó la cabeza y miró a Antonio. Sus ojos estaban llenos de sorpresa y gratitud. "Antón... no tienes que hacer eso. Esta es tu oportunidad de obtener el poder de la oscuridad. Toma la espada."
"Yo no quiero el poder solo", respondió Antonio, con firmeza. "Quiero el poder para estar a tu lado. Para proteger juntos. Ese es el único poder que vale la pena tener."
En el momento en que terminó de hablar, la espada en el pedestal empezó a brillar con un resplandor nuevo — un resplandor que mixteaba luz y oscuridad en igual medida. La inscripción se desvaneció, y apareció una nueva: "El verdadero fuerte es el que sabe aceptar al otro como igual."
óscar sonrió por primera vez con verdadera alegría: "Así es. Antonio, has pasado la prueba. No porque hayas cogido la espada, sino porque has rechazado el juego del ego. Jhon, tu fracaso fue clave — al aceptar que no eres el único fuerte, has ayudado a Antonio a ganar."
El trono de piedra negra se acercó a Antonio, y un resplandor negro cálido envolvió su cuerpo. Jhon se levantó y le dio un apretón en la mano: "Te lo mereces, Antón. Estoy orgulloso de ti."
"Y yo de ti", respondió Antonio. "Sin tu fracaso, yo no hubiera entendido lo que realmente importa."
óscar miró a los dos con admiración: "Ahora, preparaos para la quinta prueba — la del sacrificio voluntario. Es la más dolorosa de todas, pero tenéis el vínculo necesario para pasarla."

