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Capitulo 97 PRUEBA 3: EL CAMINO DEL EQUILIBRIO

  Después de salir del laberinto, Jhon y Antonio se quedaron un rato descansando en el espacio con flores blancas y amarillas. El sol que brillaba por el cielo a lo lejos les dio un poco de calidez, y el respiro les ayudó a calmarse del dolor del recuerdo.

  "Preparaos", dijo la voz de óscar de nuevo, resonando por todo el lugar. "La tercera prueba es el Camino del Equilibrio. Aquí descubriréis que la fuerza no está en la luz ni en la oscuridad — está en el punto medio entre ambas."

  En ese instante, el suelo a sus pies empezó a abrirse, y un puente apareció frente a ellos. Era un puente muy estrecho — tan estrecho que solo cabía uno a la vez, con bordes tan finos que parecían cortar el aire. Se extendía sobre un abismo profundo, tan profundo que no se veía el fondo. De un lado del puente, salía un fuego de luz brillante y cegador que quemaba con un calor insoportable; de la otra, un humo de oscuridad denso y negro que aturdía y distraía.

  "Tenéis que cruzarlo sin tocar ni el fuego de luz ni el humo de oscuridad", dijo óscar. "Si tocáis uno de los dos, el puente se romperá. Y solo se mantendrá estable si camináis al mismo ritmo, con la misma energía — el equilibrio entre vosotros es el que lo sostendrá."

  Jhon miró el puente y luego al abismo, y sintió cómo su miedo volvía. El fuego de luz le recordó al resplandor que había visto en la ilusión de Sofía herida — un resplandor de culpa y pérdida. Meneó la cabeza para sacar el pensamiento y se volvió a Antonio:

  "Vamos juntos", dijo. "Yo te guío con mi Equilibrio Luz-Oscuridad para encontrar el centro. Tu solo tienes que seguir el ritmo de mi respiración."

  Antonio asintió y se colocó justo al lado de Jhon — a pesar de que el puente era estrecho, los dos cabían si se pegaban bien. Se agarraron de la mano con fuerza, y Jhon cerró los ojos para activar su habilidad.

  En el momento en que lo hizo, sintió cómo su mente se llenaba de sensaciones: el calor del fuego a su izquierda, el frío del humo a su derecha, y en el centro, un punto de calma donde ambas fuerzas se encontraban. Ese era el camino que tenían que seguir.

  "Listo", dijo Jhon, abriendo los ojos. "Sigue mi respiración. Inhalamos juntos, exhalamos juntos. Cada paso al mismo tiempo."

  Empezaron a caminar. El primer paso fue lento y cuidadoso. El puente tembló un poco, pero se mantuvo estable. Jhon miraba el centro del camino, concentrado en sentir el equilibrio, mientras Antonio miraba a Jhon, siguiendo el ritmo de su respiración: inhalar hondo, exhalar lento, paso. Inhalar, exhalar, paso.

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  Pero cuando habían dado unos diez pasos, el fuego de luz se hizo más fuerte. El calor era tan intenso que le quemaba la piel a Jhon, y el resplandor le cegaba los ojos. De repente, vio una imagen al lado del fuego — la ilusión de Sofía de nuevo, herida en el suelo, con la voz de reproche en sus oídos: "?Por qué te vas? ?Por qué me dejas sola?"

  Jhon se distrajo. Su pie se desvió un poco hacia la izquierda, hacia el fuego. El momento en que su zapato tocó el borde del fuego, el puente tembló con fuerza, y un trozo de piedra se desprendió y cayó al abismo, haciendo un ruido que se perdió en la profundidad.

  "Jhon!" — gritó Antonio, agarrándolo con más fuerza para no dejarlo caer. "Concentrate! Esa es solo la ilusión. El centro, el centro!"

  Antonio le dio un apretón en la mano que le hizo volver a la realidad. Jhon cerró los ojos por un instante, respiró hondo y volvió a sentir el punto de equilibrio. Su pie volvió al centro del puente, y el temblor disminuyó.

  "Gracias", dijo Jhon, con la voz un poco temblorosa. "Es difícil... el fuego me recuerda a ella."

  "Yo sé", respondió Antonio, con voz calmada. "Pero estoy aquí. Juntos. Sigue mi respiración — mi respiración es tu respiración."

  Volvieron a caminar. Esta vez, Antonio se hizo el centro de la concentración de Jhon — cada inhalación y exhalación de su amigo era un punto de anclaje que le ayudaba a no distraerse. Caminaron diez pasos más, y el puente se mantuvo estable.

  Pero entonces, el humo de oscuridad se hizo más denso. Empezó a entrar en los pulmones de Antonio, aturdiéndolo, y le hizo ver imágenes de su propia aldea ardiendo, de María y sus hijos desvaneciéndose en el fuego de Dios. Su cabeza empezó a dar vueltas, y su paso se volvió torpe.

  "Antón", dijo Jhon, notando el cambio. "No te dejes llevar. El humo es mentira."

  Antonio intentó responder, pero el aturdimiento era demasiado fuerte. Su pie se desvió hacia la derecha, hacia el humo. El puente tembló de nuevo, y otro trozo de piedra cayó al abismo. Jhon agarró a Antonio por el hombro y lo tiró hacia el centro, mientras usaba su luz para envolverlos a ambos y alejar el humo.

  "Respira conmigo", dijo Jhon, en su oído. "Inhalar. Exhalar. Mira a mí, no a las imágenes. Tú no estás solo — yo estoy aquí, y tenemos una nueva familia que proteger."

  Antonio miró a Jhon, y la luz de su amigo le ayudó a despejar la cabeza. Respiró con él, lento y profundo, y su paso volvió a ser firme. Juntos, se colocaron de nuevo en el centro del puente.

  Los últimos pasos fueron los más difíciles. El fuego y el humo se hicieron tan fuertes que casi no se veían el uno al otro. Pero Jhon y Antonio se agarraron de la mano con todas sus fuerzas, siguiendo el mismo ritmo de respiración, confiando el uno en el otro. Cada paso era un peque?o triunfo, cada instante de equilibrio un milagro.

  Cuando finalmente llegaron al otro lado, el puente se desvaneció en el aire, y el abismo se cerró. El fuego y el humo desaparecieron, y se encontraron en un espacio con un lago azul claro, donde el agua reflejaba el cielo y los árboles que lo rodeaban.

  "Han pasado la tercera prueba", dijo la voz de óscar, con más admiración que nunca. "Habéis aprendido lo más importante del equilibrio: no se logra solo con la mente, sino con la confianza en el otro. El uno complementa al otro — la luz aleja la oscuridad, y la oscuridad calma la luz. Ahora, preparaos para la prueba del ego — la más difícil hasta ahora."

  Jhon y Antonio se abrazaron, exhaustos pero felices. Habían cruzado el camino juntos, y su vínculo se había hecho aún más fuerte.

  "Gracias", dijo Antonio, con voz cansada. "Sin ti, me hubiera perdido en el humo."

  "Y sin ti, me hubiera quemado en el fuego", respondió Jhon, sonriendo. "Juntos, podemos con todo."

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