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Capitulo 96 ÓSCAR, OSCURIDAD Y LAS PRUEBAS

  Jhon ayudó a Antonio a levantarse — su amigo todavía caminaba con un poco de torpeza, como si estuviera recuperándose del golpe del viento. "Vamos", dijo Jhon, con la mano sobre su hombro. "Si ya estamos aquí, mejor llegar hasta el fondo. No hay vuelta atrás ahora."

  Antonio asintió, aunque su respiración estaba un poco acelerada. Caminaron juntos por el pasillo de la cueva — el suelo ya no era de rocas resbaladizas, sino de tierra suave, y el aire se había vuelto más cálido, menos amargo. Al final del pasillo, se encontraron con un espacio que les dejó boquiabiertos: era un sitio hasta agradable, con paredes cubiertas de musgo brillante, un techo alto donde se veían peque?as aperturas que dejaban entrar luz de la luna, y en el centro, una mesa de madera con sillas y un fogón que quemaba con un fuego azulado y sin humo.

  Y ahí, sentado en una silla, estaba el ser que Antonio había visto en su mente. Cuando los vio, se levantó de un salto, con una sonrisa amplia que iluminó su rostro. Había tomado forma humana: cabello largo y negro como la noche, piel pálida como la nieve, y ojos negros — tan negros que al mirarlos era como ver un foso sin fondo, sin nada que reflejara. Era delgado, con una altura de casi 1.90 metros, y vestía ropa de gala de color negro intenso, con botones de plata que brillaban con el fuego azulado.

  "Hola, Antonio!", dijo con una voz clara y melodiosa. Luego miró a Jhon y sonrió aún más: "Oh, hola Jhon! Nos vemos otra vez. Déjame decirte que qué buena pelea tuvimos, eh?"

  Antonio se quedó petrificado, su boca abierta, y preguntó con voz apenas audible: "?Qué... qué pelea?"

  Jhon, en cambio, frunció el ce?o por un instante, luego sus ojos se abrieron de par en par — todas las piezas encajaron de golpe. Levantó la mano, se?alando al ser, y dijo en voz alta, con una nota de sorpresa y confirmación: "Mmm... déjame adivinar. Eres el elemento de oscuridad, verdad?"

  Antonio quedó atónito. Su rostro se puso tan pálido como la piel de ese ser, y sus piernas temblaron tanto que tuvo que agarrarse de la mesa para no caerse. En su mente, solo resonaba una frase: "Tenía que lo poseyera otra vez... no, por favor, no."

  El ser rio suavemente, moviendo su cabello negro con un movimiento de la cabeza. "Sí, así es", respondió. "Soy el elemento de oscuridad. Pueden llamarme óscar si quieren — son letras de 'oscuridad' combinadas para crear un nombre. Hay, en fin... qué gusto verlos, muchachos!"

  Pausó, mirando a los dos con sus ojos negros profundos, y preguntó: "Bien... los dos van a hacer las pruebas, o solo uno?"

  Antonio no pudo responder — el miedo le había atragantado la voz. Jhon se acercó a él, colocando su mano sobre la suya, y respondió con firmeza: "Los dos las haremos."

  óscar asintió, y su mirada se volvió más suave al ver el estado de Antonio. "Bueno", dijo. "Pues calma a Antonio y podemos empezar. Me avisan cuando estén listos, muchachos." Luego, con una sonrisa descontracturada, a?adió: "Mientras tanto... desean café? Té? Comida? Algo más?"

  Jhon miró a óscar con preocupación — esa actitud amable y acogedora no cuadraba con la imagen de un poder oscuro tan grande como el de la luz. "No, gracias", respondió brevemente.

  óscar rio de nuevo, moviendo los hombros. "Tranquilo, Jhon", dijo. "Yo los aprecio mucho. Porque Antonio fue una vez mi recipiente — y tú... tú fuiste mi rival. Fue emocionante, me calmaste el aburrimiento... fue increíble. Así que mi casa es su casa. Pónganse cómodos!"

  Jhon lo ignoró y se volvió completamente hacia Antonio, cogiendo su cara entre sus manos para que le mirara a los ojos. Su mirada era cálida y segura, y su voz era suave pero firme: "Antón, mírame. Respira, por favor. Ese miedo que sientes... lo entiendo. Pero tú no estás solo. Recuerda lo que dijiste : vamos a proteger este mundo juntos. Y los dos juntos, con la luz y la oscuridad, podemos ganar. Te lo prometo. Yo nunca te dejaré solo."

  Antonio miró a Jhon, y vio la verdad en sus ojos. Lentamente, su respiración empezó a calmarse, y el temblor en sus piernas disminuyó. Tomó la mano de Jhon con fuerza, y asintió: "Sí... tienes razón. Juntos."

  Después de que óscar les confirmara que empezarían con la segunda prueba, la puerta de la sala acogedora se abrió hacia un pasillo oscuro que parecía llevar a ninguna parte. Jhon cogió la mano de Antonio — que aún temblaba un poco por el miedo al pasado — y dijo: "Vamos. Juntos, como siempre".

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  Caminaron por el pasillo durante unos minutos, con solo el resplandor suave de Jhon para iluminar el camino. El aire se hizo más frío, y el sonido de sus pasos se ecoaba con un eco profundo, como si estuvieran en un pozo. Cuando llegaron al final, se encontraron con una entrada gigante de piedra negra, tallada con figuras de sombras que parecían moverse cuando la luz pasaba por ellas.

  "Esta es la Prueba del Laberinto de los Recuerdos Sombríos", dijo una voz de óscar que resonó por todo el espacio. "Cada pared mostrará lo que más te duele. Encuentren la salida sin dejarse consumir — y recuerden: ninguno lo hará solo".

  En el instante en que terminó de hablar, la entrada se abrió y los arrastró hacia adentro con una fuerza suave pero irresistible. Cuando se recuperaron, estaban en el centro de un laberinto de paredes de piedra negra, tan altas que no se veía el techo. La luz de Jhon se hizo más débil, como si el laberinto la estuviera absorbiendo.

  "Vamos por ese lado", dijo Jhon, se?alando un pasillo a la izquierda. Pero cuando empezaron a caminar, las paredes empezaron a brillar con un resplandor grisáceo — y en ellas, apareció su recuerdo más doloroso.

  Jhon se detuvo de golpe. Su corazón se paró por un instante, y su respiración se quedó atragantada en la garganta. En la pared, veía una ilusión que se repetía una y otra vez: él saliendo de la aldea, prometiéndole a Sofía que volvería pronto, y luego volviendo para encontrarla herida — con moretones, con sangre, con la mirada triste.

  Esta vez, la ilusión se hizo más clara: Sofía estaba tirada en el suelo del patio, con la ropa rasgada y lágrimas en los ojos. Cuando vio a Jhon llegar, levantó la cabeza y su voz estaba llena de reproche — un reproche que Jhon había escuchado mil veces en sus sue?os:

  "Jhon... siempre pasa lo mismo. Siempre que te vas, me dejas sola... y siempre termino herida. ?Por qué no me puedes proteger? ?Por qué me abandonas siempre cuando más lo necesito?"

  En ese momento, el reproche se hizo tan real que Jhon sintió el peso de él en su pecho, como una piedra. Se quedó paralizado, con los ojos fijos en la pared, y su cuerpo empezó a temblar. Olvidó dónde estaba, olvidó que Antonio estaba a su lado — solo existía ese miedo abrumador: el miedo a dejar sola a Sofía, el miedo a que vuelva a pasarle algo, el miedo a que ella le reproche siempre su ausencia.

  Antonio se dio cuenta de lo que pasaba y se acercó lentamente. Vió la ilusión de Sofía herida, escuchó su voz de reproche, y entendió de inmediato — ese es el miedo que Jhon lleva con él todos los días, el que le hace nunca querer separarse de ella. Antonio le puso una mano suave en el hombro de Jhon, y su voz era calma pero firme:

  "Jhon. Mirame. Por favor. Esta es solo una ilusión."

  Jhon no respondió — seguía mirando la pared, viéndose a sí mismo sin poder ayudar a Sofía. Antonio le agarró el hombro con más fuerza y repitió: "Jhon, ella no te reprocha. Ese es tu miedo hablando. Tú nunca la abandonas a propósito — lo haces para protegerla, para proteger la aldea."

  "Pero siempre termina igual...", dijo Jhon con voz rota, sin desviar la mirada. "Si me quedara con ella, nunca le pasaría nada. Ese es el único modo de protegerla."

  "Y si te quedaras, ?quién protegería la aldea? ?Quién cuidaría de todos para que ella tenga un lugar seguro donde vivir?" — Antonio se colocó al lado de él para mirar la ilusión juntos. "Lo que importa no es que te vayas, sino que siempre vuelvas. Y ella te espera, Jhon. Te ama, y sabe que lo que haces lo haces por ella. Ese reproche no es de ella — es de tu propia culpa."

  Antonio le cogió la mano y apretó con fuerza. Jhon miró a su amigo, y vio la verdad en sus ojos negros. Lentamente, la ilusión en la pared empezó a desvanecerse, y el peso en el pecho de Jhon disminuyó. Respiró hondo, y su luz se hizo más brillante de nuevo.

  "Gracias, Antón", dijo Jhon, con lágrimas en los ojos. "Nunca te lo agradeceré lo suficiente."

  "No hace falta", respondió Antonio con una sonrisa débil. "Ahora, ayúdame a mi. Porque aquí viene el mío."

  En ese momento, las paredes del pasillo siguiente empezaron a brillar. Antonio se quedó quieto, y su rostro se puso tan pálido como la piel de óscar. En el reflejo, veía su antigua aldea — un lugar peque?o pero feliz, con chozas de madera, campos de trigo y un río que corría por el centro. Veía a su esposa, María, con su sonrisa bonita, cuidando de sus dos hijos peque?os — Carlos y Lucía — que jugaban con un peluche de conejo en el umbral de su casa.

  De repente, el cielo se volvió de un rojo sangriento. Un trueno ensordecedor resonó por todo el lugar, y luego, una voz grave y poderosa se escuchó en todo el cielo: "Esta aldea ha pecado contra mí. Será destruida."

  Era la voz de Dios.

  Una luz amarilla y cegadora bajó del cielo y tocó la aldea. De inmediato, todo empezó a arder — las chozas, los campos, los árboles. Los aldeanos empezaron a gritar, corriendo para salvarse, pero el fuego era demasiado rápido y demasiado fuerte. María cogió a los ni?os y se los metió en los brazos, tratando de escapar hacia el bosque, pero el fuego le bloqueó el camino. Antonio vio su propio reflejo corriendo hacia ellos, con el corazón desbocado: "María! Carlos! Lucía! Venid conmigo! Yo os protejo!"

  Pero llegó demasiado tarde. La luz de Dios tocó a María y a los ni?os, y ellos se desvanecieron en el fuego, sin dejar rastro más que el olor a ceniza y la sonrisa de María que se desvanecía. El resto de la aldea se quemó en cuestión de minutos, convirtiéndose en un montón de escombros y cenizas.

  Antonio sintió cómo el dolor le recorría todo el cuerpo — el mismo dolor que había sentido en ese día, el mismo odio contra el Dios que había destruido todo lo que amaba sin razón. Se agachó, agarrándose la cabeza con las manos, y empezó a gritar: "No! No, por favor! Volvérmelos a dar! Por qué lo hiciste, Dios? Por qué?"

  Jhon se agachó junto a él y lo abrazó con fuerza, envolviéndolo en su luz cálida y suave. "Antón, escúchame", dijo en su oído, con voz suave pero firme. "él lo hizo por maldad, por demostrar su poder. Pero tú no tienes que llevar este dolor solo. Tienes a Sofía, a Alan, a la aldea que reconstruimos... a mí. Yo soy tu hermano ahora, y juntos vamos a derrotarlo. Esa es la manera de honrar a María y a tus hijos — no con rabia, sino con el amor que él nunca podrá tener, protegiendo a los que quedan. Ellos estarían orgullosos de ti."

  Jhon siguió abrazándolo, y su luz se hizo más fuerte, envolviendo a Antonio completamente y alejando el frío del laberinto. Lentamente, el reflejo en la pared se desvaneció, y el grito de Antonio se convirtió en un suspiro profundo. Antonio miró a Jhon, con lágrimas en sus ojos, y le cogió la mano con fuerza.

  "Gracias", dijo Antonio, con voz clara y decidida. "Tienes razón. Ellos descansan en paz, y yo voy a proteger lo que tengo ahora. Para ellos, y para todos."

  En el momento en que terminó de hablar, el laberinto empezó a temblar con fuerza. Las paredes de piedra negra se movieron, deslizándose unas sobre otras y abriendo un camino directo hacia una puerta de luz suave y cálida. Jhon y Antonio se levantaron, agarrados de la mano para no separarse, y caminaron hacia ella con paso firme. Cuando salieron, estaban en un nuevo espacio — más cálido, con flores blancas y amarillas en el suelo y un cielo azul claro a lo lejos — y escucharon la voz de óscar, con un toque de admiración:

  "Han pasado la segunda prueba. Han aprendido lo que muy pocos alcanzan a entender: el dolor no se borra, pero se convierte en fuerza cuando lo compartes con alguien que te ama. Ahora, preparaos — la tercera prueba será aún más difícil."

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