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CAPÍTULO 86: DÍAS DE CALMA Y RECUERDOS

  DíA 1

  El sol salió con fuerza sobre la aldea, y Jhon despertó con Alan saltando sobre la cama: “?Papá! ?Papá! Te quiero mostrar algo!”

  Jhon se sentó, frotándose los ojos, y le siguió hasta el patio de la fortaleza. Alan se detuvo frente a un rincón donde había una peque?a mata con flores amarillas que Jhon no conocía. “La encontré ayer con mamá”, dijo el ni?o, cogiendo una con cuidado. “Se llama ‘solcito’ — mamá dice que brilla igual que tú cuando vuelves a casa”.

  Jhon se agachó y le dio un abrazo: “Es la flor más bonita que he visto, mi amor”. Mientras tanto, Sofía apareció por la puerta con una bandeja con pan recién horneado y café: “Para los hombres más valientes de la aldea”, dijo sonriendo. Antonio llegaron poco después, oliendo el pan desde la otra habitación: “No me avisan cuando hay comida rica?”

  DíA 2

  Por la tarde, Jhon y Antonio se sentaron en el parque central de la aldea, alrededor de un grupo de ancianos que les pedían que contaran sobre sus pruebas. “Cuéntanos del elemento fuego”, dijo uno de ellos, con los ojos brillantes de curiosidad.

  Antonio se rió un poco: “Fue caliente, muy caliente — tanto que pensé que me quemaba todo. Pero Jhon me ayudó a recordar que el fuego no es solo destrucción, sino también protección”. Jhon agregó: “Y en el centro, había una flor de fuego que nunca se apaga… era como ver la esperanza en medio del caos”. Los aldeanos escuchaban con atención, y algunos tomaban notas para contarle a los ni?os más peque?os.

  El sol estaba en el centro del cielo cuando se escuchó un golpe suave en la puerta de la fortaleza. Jhon fue a abrir y se encontró con un joven de unos 20 a?os, de cabello oscuro y ojos azules que le resultaban extra?amente familiares.

  “Papá”, dijo el joven con una sonrisa.

  Jhon se quedó petrificado, con la boca abierta: “?Disculpa? Yo… no te conozco”.

  En ese momento, Sofía llegaba con una taza de café caliente para Jhon — y cuando vio al joven, la taza se le cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. “?QUé?”, gritó, mirando a Jhon con los ojos llenos de confusión y rabia. “?Por qué no me dijiste que tenías otro hijo?”

  “Yo no lo tengo, Sofi, te lo juro”, respondió Jhon, aún asombrado. “Espera… ?dónde está Alan?”

  El joven voltea hacia Sofía y sonríe: “Hola, mamá”.

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  “Soy yo, Alan”, repitió el joven, y Sofía se quedó boquiabierta: “?Alan? Pero… cómo?”

  En ese instante, Antonio entró canturreando, sin mirar al joven: “Hola Jhon, hola Sofi, hola Alan”. Luego se dio la vuelta, se paró de golpe y miró al joven con los ojos como platos: “Pero… ?qué te pasó, Alan? ?Te hiciste grande de la noche a la ma?ana!”

  “?Cómo sabes que es él?”, preguntó Jhon, perplejo.

  “Por su mana”, respondió Antonio, tocando su propio pecho. “Cada persona tiene un mana único, como una huella digital — el suyo es igual que siempre, solo más fuerte”.

  Jhon cerró los ojos y activó su visión de datos: una luz azul brilló alrededor del joven, y aparecieron palabras en su mente: “Hechizo de cambio de edad — tipo viento y luz. Activado por maná descontrolado”.

  “Alan, ?cómo hiciste esto?”, preguntó Jhon, abriendo los ojos.

  “Yo no lo sé, papá”, respondió el joven con cara de culpa. “Estaba en el patio, imaginándome estando a tu altura para caminar contigo, y de repente… estaba así”.

  Jhon se soba los ojos y suspira: “Hay Dios… tienes un descontrol total de maná. Tienes tanto poder que busca salir de cualquier forma, activando hechizos sin que lo intentes. Bueno, entonces hoy será un día de entrenamiento — voy a ense?arte a manejarlo y moldearlo”.

  El joven Alan miró a Sofía, luego a Antonio, y sonrió: “?Mamá, te animás a entrenar con nosotros? Y tío Antonio, vení, entrená con nosotros — será más divertido”.

  Sofía asintió, aún con la cabeza dando vueltas, y Antonio rió: “Claro que sí, peque?o — aunque ya no tan peque?o, eh?”

  EL ENTRENAMIENTO DE MANá

  Se dirigieron al patio trasero de la fortaleza, un lugar tranquilo con árboles y una peque?a fuente. Jhon empezó con la meditación:

  “Todos sentados en el suelo, ojos cerrados”, dijo Jhon, sentándose en el centro. “Tienen que sentir el mana a su alrededor — está en el aire, en el agua de la fuente, en las hojas de los árboles. Hay que atraerlo hacia el pecho, como si respiraran él mismo”.

  Sofía respiró hondo y sonrió: “Lo siento, pero no sé si lo siento”.

  “Trata de imaginar una luz caliente en tu pecho”, dijo Alan (el joven) a su mamá, y Sofía siguió su consejo — pronto sintió una peque?a vibración en el pecho.

  Luego vinieron los ejercicios prácticos. Jhon pidió que intentaran hacer que una hoja volara con el mana de viento:

  “Imagina que soplas con tu mente hacia la hoja”, dijo. Antonio fue el primero: una hoja se movió un poco, luego otra. Sofía intentó y, con esfuerzo, logró que una hoja girara en el aire — todos la felicitaron.

  Alan (joven) cerró los ojos y concentróse — y de repente, varias hojas volaron hasta él, iluminadas por un brillo de luz suave. “?Lo hice!”, gritó con alegría.

  Mientras practicaban, Jhon le ense?ó a Alan a “encerrar” su mana en su cuerpo, como si fuera un recipiente que se cierra con una tapa. “Cada vez que sientas que el mana se sale de control, imagina esa tapa cerrándose”, le dijo.

  Después de horas de entrenamiento, todos estaban cansados pero contentos. Alan se sentó en el suelo, respiró hondo y cerró los ojos — cuando los abrió, el brillo de luz alrededor suyo se desvaneció, y ahí estaba: su peque?o Alan de siempre, con su sonrisa juguetona.

  “?Papá! ?Volví a ser yo!”, gritó, corriendo a abrazarlo. Sofía se arrodilló y lo abrazó junto a Jhon, mientras Antonio le golpeaba el hombro a Jhon: “Buen trabajo, amigo — ese ni?o tiene un poder increíble”.

  Después de que Alan volviera a ser peque?o y todos se hubieran abrazado, Jhon miró a Sofía, que estaba jugando con su hijo en el suelo, y se alejó un poco hacia el árbol del patio, con Antonio siguiéndole.

  “Antón”, empezó Jhon, con voz baja y seria. “Alan tiene afinidad con todos los elementos, pero… en ese hechizo usó luz sin darse cuenta. Sabes lo difícil que es dominar el elemento luz — incluso yo no lo logré en mi reencarnación pasada. Es tan raro y poderoso lo que tiene él… me preocupa que se desvíe por el camino que no debe”.

  Antonio se apoyó en el tronco del árbol y miró a Jhon con ojos comprensivos. “Jhon”, dijo, poniéndole una mano en el hombro. “Yo fui ese hombre que se fue por el camino incorrecto — y te lo digo con toda la verdad: Alan estará bien. El te admira más que a nadie, tiene a Sofía que lo cuida con todo su corazón. Será un gran mago, incluso puede convertirse en un héroe… pero tenemos que dejarlo que consiga su propio camino. No te preocupes tanto — si algo pasa, para eso está el tío Antonio. Y tú, su padre, que lo quieres más que nada”.

  Jhon suspiró y miró a Alan, que estaba riendo mientras Sofía le hacía cosquillas. “Tienes razón”, dijo, con una peque?a sonrisa. “Quizás solo necesito confiar en él”.

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