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Capitulo 69 Lo Que El Vacío Desata

  La sombra ya no era forma. Era impulso. Era reflejo de un grito que el alma no quiso contener.

  Shadow, completamente cubierto por la oscuridad que brotó de su desesperación, parecía más un concepto que un cuerpo. Un espectro de rabia comprimida. Sus pies no tocaban el suelo. Su silueta apenas tenía contornos. Pero sus ojos… Ya no estaban.

  Y eso fue lo más aterrador.

  Jhon, aún jadeante, comprendió demasiado tarde que lo que se alzaba frente a él no pensaba. No buscaba victoria. Solo quería borrar.

  Shadow se disolvió, un borrón negro entre el temblor del aire.

  ?BOOM!

  Una patada rotatoria impactó directamente en el costado de Jhon, haciéndolo volar en horizontal por más de veinte metros. Su cuerpo rompió una hilera de rocas como si fueran cristal. La sangre formó un arco en el aire. Antes de tocar el suelo, ya sentía otro impacto.

  Shadow apareció sobre él.

  ?PU?ETAZO DIRECTO AL ESTóMAGO! El cráter se amplió. Jhon quedó incrustado. No tenía aire. No tenía tiempo.

  Shadow lo tomó de los hombros, lo levantó en el aire y le estampó una rodilla en el pecho. La piedra que lo cubría se resquebrajó. ?CRACK!

  Con un giro fluido, Shadow lo arrojó hacia el cielo. Como una bala invertida, Jhon subió. Tosía sangre. La visión le temblaba. Aún así, estiró su mano en el aire, buscando impulso.

  Pero Shadow ya estaba allí arriba.

  Una secuencia imposible:

  


      


  •   Codo descendente al rostro.

      


  •   


  •   Pu?o giratorio al mentón.

      


  •   


  •   Una patada descendente con la planta envuelta en sombra candente.

      


  •   


  Jhon cayó con velocidad terminal. El suelo tembló antes de que llegara. ?KRAKAAAA!

  El impacto formó una grieta radial de decenas de metros. El cuerpo de Jhon rebotó una vez. Y quedó… inmóvil.

  El mundo guardó silencio.

  La tierra no supo si cantar victoria o preparar una tumba.

  Y aún así...

  En medio de ese silencio espeso... el polvo se movió.

  Una mano temblorosa se alzó entre los escombros.

  Jhon... seguía vivo.

  Sangraba por la boca, por la frente, por el costado. Tenía el ojo izquierdo cerrado. El brazo derecho colgaba sin fuerza. Pero su mirada... aún estaba ahí.

  —Así que... ahora eres fuerza sin alma... —escupió sangre, sonrió torcido—. Te volviste el eco... de lo que más temías.

  Shadow no respondió. No pesta?eó. Solo se alzó sobre él, en silencio, como si el juicio todavía estuviera por caer.

  Y Jhon, dolorido... empezó a levantarse.

  Una pierna. Luego la otra. Luego el temblor.

  —Pues si esta es tu forma final... —... entonces es hora de mostrarte... por qué estoy de pie.

  Jhon se mantenía en pie solo por memoria. Las piernas temblaban. Los brazos, entumecidos. Su espalda le gritaba. El pecho ardía con cada respiración.

  Frente a él, Shadow era una figura inmóvil pero latente, como el filo de una guillotina suspendida, esperando caer.

  Jhon bajó la vista. La sangre goteaba lenta desde su ceja. Su visión se nublaba por momentos.

  "No puedo sanarme por completo...", pensó con la voz interna hecha cenizas. "No me queda casi nada... el maná se va como agua entre los dedos..."

  Miró su mano izquierda, la que aún podía levantar. Canalizó una fracción mínima de energía. Una gota de su interior respondió, trazando una línea de agua clara sobre su piel. Era tibia. Instintiva.

  Concentró esa esencia líquida en las heridas más graves: cerró el corte de la costilla abierta, estabilizó la dislocación del hombro, selló una fisura interna en el muslo.

  Unauthorized duplication: this narrative has been taken without consent. Report sightings.

  Nada más.

  No podía más.

  El dolor seguía. La fatiga no se iba. Pero al menos... aún podía sostenerse.

  —Tsk... —escupió a un lado—. No te emociones, bastardo. Todavía me queda un paso más.

  Una promesa. O una mentira. Pero su voz no temblaba.

  En otro punto del mundo… el mundo observaba.

  En la cima de la torre de comunicaciones del Reino del Norte, la energía de cristal proyectaba el campo de batalla sobre un plano elevado, como una visión flotante. Los sabios mantenían el canal de observación estable, sudando por el esfuerzo de contener la inestabilidad mágica que venía del lugar donde Jhon y Shadow peleaban.

  Un grupo reducido veía en silencio. Entre ellos, el rey Julius.

  No llevaba corona, ni capa, ni cetro. Solo sus ropas de campo y las manos apretadas tras la espalda. Su mandíbula tensa. Su mirada clavada en la imagen. Cada golpe que recibía Jhon... lo sentía él también.

  —?Está solo? —murmuró uno de los sabios a su lado.

  —Sí —respondió Julius—. Solo... como todos los que cargan al mundo en los hombros.

  Cerca de él, Sofía observaba de pie. Su rostro era de piedra, pero sus ojos no. Cada vez que la silueta de Jhon era golpeada, su respiración se cortaba.

  —No lo mires caer —dijo Julius en voz baja, sin apartar la vista—. Míralo ponerse de pie.

  Sofía no contestó. Solo murmuró, apenas audible:

  —Tú dijiste que estaba listo. Dijiste... que el equilibrio estaba en él. Por favor... no me digas que lo mandamos a morir.

  Una lágrima cayó. No mucho. Solo una. Pero suficiente para ser eco en el plano flotante.

  Y del otro lado del cristal, Shadow alzaba el pu?o.

  Hon apretó los dientes. Miró a la sombra.

  "No tengo más maná para curarme. Tampoco para resistir mucho. Pero si esta va a ser mi última danza... entonces cada movimiento va a dolerle."

  Se incorporó por completo. El viento crujió a su alrededor, débil. Pero leal.

  Y desde muy, muy lejos... sin saberlo... las voces que lo amaban comenzaban a hablar en silencio.

  "Levántate". "Uno más." "Sólo uno más."

  Y él... obedeció.

  El valle ardía en silencio.

  Ceniza suspendida en el aire. Piedras humeantes. Grietas que parecían heridas en el rostro del mundo. El viento se había escondido. Incluso la sombra se acurrucaba temerosa tras las rocas.

  Y allí, en el centro del campo roto, dos hombres.

  O algo así.

  Jhon, en pie a medias, con un brazo colgando, las piernas tambaleantes, y la sangre marcándole el pecho como una firma de dolor. Su respiración era una sierra oxidada. Cada latido una piedra subiendo por una colina empinada.

  Shadow flotaba a pocos metros. Su figura se había vuelto más inestable, más líquida. Como si el vacío que lo dominaba comenzara a devorarlo desde dentro. Pero aún era una amenaza que no tenía peso. Su presencia era lo que aplastaba.

  Desde los altos salones del Reino del Norte, Julius observaba con los nudillos blancos por la tensión, los labios apretados, sin emitir una sola orden. A su lado, Sofia no miraba la imagen flotante como si fuera magia. La miraba como si pudiera tocarlo a través de ella. Como si pudiera gritar y que él la escuchara entre el polvo.

  En la imagen, Jhon dio un paso.

  Y casi cayó.

  Los sabios presentes hicieron un gesto, preocupados, pero Julius levantó una mano. No para silenciar. Para… esperar. Porque había algo en Jhon que no se había apagado.

  Sangrando, jadeando, solo, aún caminaba hacia la oscuridad.

  Y entonces, entre jadeos, Jhon habló para sí mismo:

  —No puedo curarme más… el maná se acabó. Tal vez… puedo arrastrar un poco de agua... pero ya no servirá. Esto no se trata de sanar.

  Tragó saliva. Se llevó la mano al pecho. No buscaba heridas. Buscaba algo más adentro.

  —Esto se trata de mostrarle… que aún hay luz aquí. En mí. Aunque sea peque?a. Aunque no sepa usarla.

  Shadow descendió un poco, como si percibiera algo en él que no encajaba.

  Jhon cerró los ojos un segundo.

  Y pensó. No en el fuego. No en la piedra. No en los entrenamientos. Pensó en la cinta blanca que le dejó a Alan. En la mirada firme de Julius. En las lágrimas contenidas de Sofia.

  Pensó… en la esperanza.

  Una chispa que no ardía. Pero tampoco se iba.

  Sintió un latido distinto. No de su corazón. De algo que estaba dormido desde siempre. La luz.

  No la luz que destruye. La luz que resiste.

  La luz que recuerda.

  Levantó su mano izquierda, temblorosa, y canalizó lo poco que quedaba. No como hechizo. No como ataque.

  Como una verdad.

  Y la luz respondió.

  No fue un estallido. No fue una explosión divina.

  Fue un brillo suave, que nació en su palma, y subió por su brazo. Dorado. Claro. Cálido. Como la sonrisa de un hijo. Como el beso que se guarda para después. Como el susurro de una promesa que aún no se ha roto.

  Shadow se tensó.

  Su cuerpo, hecho de sombra viva, retrocedió sin querer.

  La figura de Jhon se cubrió en esa luz suave, como si todo el polvo que lo cubría estuviera comenzando a caer. Sus heridas seguían allí. Su cansancio también. Pero había algo en él que se alzaba, como un tronco torcido que aún echa brotes.

  Y entonces corrió.

  Rápido.

  Más rápido de lo que su cuerpo debía permitir.

  Las rocas estallaban bajo sus pasos.

  Shadow levantó ambos brazos, formando una barrera oscura como brea.

  Pero esta vez…

  la luz no chocó. La luz atravesó.

  Como si la oscuridad no supiera cómo defenderse de algo que no era violencia.

  Jhon cruzó la barrera como una flecha.

  Y con un grito seco y contenido…

  lanzó un pu?etazo directo al centro del pecho de Shadow.

  El golpe lo atravesó.

  No físicamente. Espiritualmente.

  Shadow tembló. Sus ojos —esos pozos vacíos— parpadearon por primera vez.

  Y su rostro…

  cambió.

  Un segundo. Dos.

  Expresión. Dolor. No físico. Memoria.

  El vacío gritó.

  Pero no sonó fuerte.

  Sonó… roto.

  Shadow fue lanzado hacia atrás por la onda del impacto. Su cuerpo trazó una línea recta en el aire y se estrelló con violencia contra una loma, desmoronando parte de su estructura.

  Y se quedó allí.

  Inmóvil.

  En la sala del Reino del Norte, Julius apretó la mandíbula. Sofia llevó ambas manos a la boca.

  Y aunque nadie celebró... Aunque todos callaron...

  sabían que en ese instante, algo en la sombra... había gritado un nombre que no recordaba.

  Y Jhon, tambaleante, con la luz aún brillando tenue en su mano...

  sabía que lo había alcanzado.

  No para matarlo.

  Sino para recordarle quién fue.

  —Te vi... —murmuró Jhon—. Por un momento... eras tú.

  Y se mantuvo de pie.

  Sangrante. Solo.

  Pero no apagado.

  La luz, aunque peque?a... había vencido al olvido.

  "La casa donde aún me nombran"

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