Jhon se incorporó lentamente, la respiración aún agitada, los dedos tensos alrededor del último fragmento de sombra clavado en su carne. Pero la oscuridad ya no drenaba. Solo latía alrededor como un parásito sin huésped. Con un gesto firme, lo arrancó y lo arrojó al suelo, donde chispeó y se extinguió como una vela bajo tormenta.
Una línea de sangre se deslizaba por su costado, pero no era el final. Era el umbral.
Jhon sonrió, apenas. Un gesto peque?o. Serio. Casi íntimo.
—Bueno, Shadow... se acabó el calentamiento. Vamos ahora con todo.
Y entonces, el aire cambió.
Sus brazos se envolvieron en fuego denso, como guanteletes volcánicos que respiraban con él. Las piernas comenzaron a vibrar con corrientes visibles, haciéndolo parecer casi borroso al ojo humano. Su torso se cubrió con placas de roca nacidas directamente de la tierra, encajando sobre sus músculos como una armadura viviente, flexible y sólida al mismo tiempo.
Su cuerpo no brillaba. No ardía con gloria celestial. Simplemente… imponía.
Shadow retrocedió un solo paso. Apenas uno. Pero fue suficiente para que el mundo lo notara.
Y ese fue el último error que le concedieron.
En el instante siguiente, Jhon desapareció.
No corrió. No saltó. Se desvaneció, como si el viento se lo hubiera tragado.
Y cuando Shadow giró para reaccionar, fue demasiado tarde.
La patada impactó en su espalda como el golpe de un coloso. El sonido fue profundo, sordo, y el cuerpo de Shadow salió disparado como un cometa oscuro hacia la monta?a más próxima. La piedra crujió al recibirlo, agrietándose en líneas verticales que sangraban polvo.
Antes de que terminara de caer, Jhon ya estaba ahí.
Emergió como un rayo contenido, con el pu?o derecho envuelto en fuego.
El impacto fue limpio. Directo en la mejilla de Shadow.
La cabeza del enemigo giró con el golpe, y su cuerpo fue proyectado en espiral como un juguete sin equilibrio. Una sombra que por fin se torcía.
Shadow golpeó el suelo, se arrastró varios metros, y quedó de rodillas, jadeando.
Por primera vez, su pecho subía y bajaba con esfuerzo.
No comprendía. No lo aceptaba.
—No... —susurró entre dientes—. No deberías... tener... ese poder. Nadie... debería. ?No más que yo!
Su voz era una mezcla de rabia y miedo. De incredulidad. De algo demasiado humano para que él mismo lo reconociera.
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Y frente a él, Jhon avanzaba paso a paso, envuelto en fuego, viento y piedra. Sin triunfalismo. Sin amenaza.
Solo como quien ha recordado por qué lucha.
Shadow seguía de rodillas, la mirada clavada en el suelo roto, sus manos temblando ligeramente al cerrarse en pu?os. Por primera vez, su manto no flotaba… caía. Como si el peso de lo que acababa de presenciar lo obligara a anclarse al mundo que despreciaba.
El eco del último golpe de Jhon aún flotaba en el aire. El viento no se atrevía a arrastrarlo.
Jhon se detuvo a unos pasos, su cuerpo ardiendo en capas de fuego, piedra y viento. Su respiración era densa, pero su postura se mantenía firme. Una llama en equilibrio. Una tormenta con centro.
—?Qué te pasa? —dijo con calma tensa—. ?Te sorprende que siga en pie? ?O que te haya hecho caer?
Shadow alzó los ojos lentamente. No había rabia pura. Había algo peor: negación.
—No lo entiendo… —murmuró—. No tienes el entrenamiento. No el linaje. Ni siquiera… la voluntad suficiente para…
Se interrumpió.
Porque algo en su pecho dolía. Un eco. Un nombre que no quería recordar.
—Nadie debería tener más poder que yo... —repitió, más para sí que para el otro.
Jhon dio un paso más. Su voz, serena y cortante.
—Y sin embargo, lo tengo.
Shadow se puso de pie lentamente, aún tambaleante. Pero su sombra detrás de él crecía. No por el poder... sino por la fractura. Algo dentro se agitaba. Se retorcía. No por la herida externa. Sino porque el mundo había dejado de obedecer su orden implícita.
Jhon lo sintió.
No vio miedo.
Vio duda.
Y en el fondo de esa grieta, tal vez... aún quedaba un rostro olvidado.
Shadow cayó de rodillas, los hombros tensos, la mirada clavada en la tierra como si intentara escarbar dentro de sí mismo. La monta?a detrás de él aún vibraba por el impacto, las rocas crujían en un silencio espeso, expectante.
Jhon lo observaba con cautela, pero también con algo parecido a compasión. Su cuerpo aún irradiaba la energía elemental, pero en su interior... algo no cuadraba. Ese no era el enemigo que lo había aplastado hacía semanas. Ese no era el ser invulnerable que los rumores pintaban como una sombra sin grietas.
Shadow levantó la cabeza lentamente. Su rostro estaba manchado por la sangre negra que había brotado de su boca. Pero no lo miraba a él. Miraba al cielo.
Y entonces, el mundo dejó de moverse.
Allí, inmóvil, las pupilas dilatadas, vio algo que Jhon no podía ver.
Un recuerdo.
Un velo cálido lo cruzó por dentro. Una brisa que no había sentido en a?os: el roce de una mano entrelazada con la suya al pie de un río. El sonido de una risa joven. El rostro de una mujer que le decía su nombre con amor. Luego, una habitación ba?ada por la luz de la tarde, donde un bebé acababa de nacer y lo sostenían por primera vez. Luego, un ni?o alzando a su hermana menor, asombrado de lo peque?a que era. La música leve de una tarde tranquila. La vida. La vida que había tenido.
La vida que perdió.
Y entonces…
gritó.
El sonido no fue humano. No fue mágico. Fue desesperación absoluta, expandida en ondas que quebraron rocas, que apagaron el fuego de Jhon por un segundo, que hizo que los pájaros en el cielo cayeran muertos por la vibración.
Era el grito de un hombre que recordaba demasiado tarde. El grito de alguien que no se perdonaba haber olvidado.
Jhon se paralizó. No por miedo. Por respeto. Por desconcierto. Porque ese sonido… no venía del monstruo. Venía de alguien que alguna vez amó.
La oscuridad reaccionó como una herida abierta.
Surgió desde los pies de Shadow, envolviéndolo como un líquido espeso, tragando su forma, su rostro, su pasado. Como si ese dolor no pudiera permanecer contenido. Como si el vacío por fin hubiera ganado dentro de él.
Y al momento siguiente, ya no quedaba nada de humano.
Solo una silueta negra envuelta en un aura silenciosa, rota, y totalmente viva en su muerte.
Jhon se lanzó sin dudar, impulsado por el viento y la rabia, fuego en los pu?os. El golpe se dirigió a la sien de Shadow. Rápido. Limpio. Preciso.
Pero no impactó.
Una mano lo detuvo. Con facilidad.
Jhon abrió los ojos, sorprendido.
Shadow había detenido el ataque como si fuera viento leve, sin cambiar su expresión.
—?Qué demonios... te pasa ahora? —dijo Jhon en tono burlón, respirando con dificultad.
Shadow no respondió.
Sus ojos no brillaban. No parpadeaban. Estaban muertos. Pero él aún estaba de pie.
Y eso, en ese momento, fue más aterrador que cualquier ataque.
"Aún me duele lo que ya no recuerdo"

