El segundo asalto no comenzó con hechizos. No hubo explosiones. Solo un instante de tensión, como si el universo, en su sabiduría silenciosa, entendiera que algunas verdades no necesitan adornos elementales: basta el cuerpo, el instinto… y una voluntad inquebrantable.
Jhon aterrizó sobre el suelo resquebrajado con los pies firmes, el torso levemente inclinado hacia adelante. El sudor le goteaba por la ceja, y un corte del combate anterior sangraba por el costado. Pero en sus ojos, había algo nuevo. Una decisión sin palabras. Ya no estaba intentando sobrevivir. Estaba listo para responder.
Shadow flotaba a unos metros. La negrura en torno a su cuerpo fluctuaba, agitada. Sus ojos, siempre distantes, ahora lo observaban con algo cercano a la curiosidad... o al respeto.
Jhon alzó su mano derecha al cielo y cerró el pu?o. El viento respondió al instante.
Pero no con vendavales ni ráfagas.
Lo obedeció.
Una corriente ascendente giró desde sus pies, envolviendo su brazo como un espiral afilado. Se condensó, tomó forma. Y allí, frente a la tormenta contenida, nació una espada.
No era de metal. Ni de fuego puro. Era filo hecho de corriente viva, vibrante, canalizada en energía visible. El aire alrededor del arma se curvaba, como si la hoja cortara la realidad con solo existir. En su núcleo brillaba un tono carmesí: restos de una llama contenida. Una espada de viento y fuego. Viva. Respirando con él.
—Bonito truco —murmuró Shadow, aún sin moverse.
Jhon flexionó las piernas. Su silueta tembló por un segundo. Y entonces, se lanzó.
Avanzó como un relámpago, deslizándose sobre el viento. Cada zancada era impulsada por corrientes invisibles, y la hoja de su arma silbaba como una criatura recién nacida que deseaba cortar el mundo para entenderlo.
Shadow levantó una mano, y una pared de oscuridad emergió del suelo. Pero Jhon no frenó.
Con un giro que parecía imposible en el aire, canalizó energía térmica sobre el borde de su espada. El filo ardió brevemente, y entonces cortó la sombra en diagonal, atravesándola como quien corta papel mojado.
A escasos centímetros de Shadow, Jhon giró el torso, y con una precisión perfecta, lanzó un tajo ascendente directo al pecho.
La espada impactó.
La oscuridad alrededor del cuerpo de Shadow vibró con un rugido sin sonido. Un brillo rojo surcó su manto. Por primera vez... sangró. O algo parecido a sangre: un líquido oscuro, denso, casi etéreo, goteó desde el corte. Shadow retrocedió tres pasos, deslizándose en el aire con la gracia de un espectro. Se tocó el pecho. Miró la mancha.
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Y levantó la vista.
Sus ojos, por un instante, no fueron nada. Solo un reflejo... De miedo. De reconocimiento. De algo antiguo.
—Ese corte... —susurró—. Esa sensación...
Jhon lo observaba de pie, respirando con fuerza.
—?La recuerdas, verdad? —dijo—. Aunque hayas enterrado todo, aunque ya no quieras ser tú... tu cuerpo recuerda lo que era tener límites. Y sentir dolor.
Shadow no respondió.
Pero su sombra... Rugió.
Y el cielo, en respuesta, empezó a quebrarse.
Las armas desaparecieron. El viento calló. La tierra tembló… y luego esperó.
Jhon lanzó la espada de viento y fuego al suelo. Esta se deshizo como un suspiro en el aire. Shadow dejó que su manto se deslizara de su espalda, como si arrojara una piel vieja. Lo que venía no requería formas. Solo contacto. Instinto.
Los dos dieron un paso al frente al mismo tiempo.
Y entonces, colisionaron.
El primer golpe vino de Jhon, un pu?etazo recto al mentón, impulsado por una ráfaga corta de fuego que le estalló desde el codo. Shadow bloqueó con un antebrazo envuelto en oscuridad sólida, pero sintió el ardor rozarle la mandíbula. Retrocedió medio paso.
Respondió con un giro bajo, su pierna girando como un látigo oscuro. Jhon saltó con precisión, y al caer, plantó el talón en el pecho de Shadow. El impacto fue seco, como roca contra armadura hueca.
Shadow reaccionó como un animal. Se inclinó hacia adelante y lanzó un gancho izquierdo. Jhon lo desvió con su antebrazo y contraatacó con un codazo directo a las costillas. Una peque?a onda de calor se liberó al contacto. El fuego estallaba con cada golpe, como si acompa?ara el ritmo de su corazón.
Ambos se movían como ecos: rápidos, precisos, brutales. No había espacio para oraciones. Solo para respiraciones rotas.
Shadow encadenó una serie de golpes secos al torso. Uno. Dos. Tres. Jhon bloqueó el primero, sintió el segundo, y el tercero le arrancó el aire. Pero respondió. Agachó la cabeza, embistió como un coloso, y le plantó una rodilla encendida en el abdomen. Shadow gru?ó. Sus ojos chispearon un momento con rabia. Se separaron.
Ambos sangraban ahora.
Sutil. Pero real.
Jhon flexionó los dedos. Su pu?o derecho estaba encendido. Cada nudillo parecía una brasa. Avanzó de nuevo. Shadow esperaba, ahora en guardia más baja. Se observaron un segundo. Luego, otra vez. Golpe. Defensa. Golpe. Golpe. Defensa. Rodillazo. Codazo. Palma.
La danza no era elegante. Era visceral.
Hasta que Shadow cambió el juego.
Retrocedió dos pasos. Bajó ambos brazos. Y cuando Jhon avanzó de nuevo, las sombras en el suelo se alzaron como lanzas. Veloces. Filosas. Absolutas.
Tres impactaron al instante.
Una en el abdomen. Otra en el muslo derecho. La tercera, entre la clavícula y el pecho.
Jhon se detuvo. El tiempo también.
La sangre emergió de su boca como una flor maldita. Tosió. Cayó de rodillas. El aire tembló.
—Ya no tienes cómo— murmuró Shadow, la voz cansada, no por esfuerzo... sino por certeza.
Pero al instante siguiente, algo detuvo la corrupción.
Las lanzas seguían clavadas. Pero no absorbían. No drenaban su alma. Solo su carne... dolía.
Jhon tembló. Su cuerpo sangraba. Sí. Las heridas eran profundas. órganos comprometidos. El sabor del metal en su lengua era familiar.
Pero la oscuridad no podía llevárselo. Porque en su pecho... Aún latía aquella chispa. La que no completó. La que no perfeccionó. La que la Luz le había dado... por lástima.
Una brasa peque?a. Insuficiente para iluminar un mundo. Pero suficiente para proteger su alma.
Su mano temblorosa se alzó. Tocó la lanza clavada en su abdomen. Y entonces... su piel comenzó a cerrarse.
Lenta. Dolorosa. Pero real.
El cuerpo de Jhon, aún con sombras incrustadas, empezaba a sanar.
“Cuando Te Miro Dormir”

