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Capitulo 65 Donde las Palabras Cortan Más que el Filo

  El crujido del aire no venía de ningún elemento. Era el mundo, que por fin parecía aceptar que dos fuerzas opuestas iban a colisionar sin retorno. Jhon dio un paso más, y las piedras bajo sus pies se agrietaron con la misma cadencia que su respiración.

  Shadow, inmóvil, parecía una figura modelada en vacío. Su manto flotaba, vivo, como si protegiera una herida que nadie más podía ver.

  Jhon se detuvo a poca distancia. Lo observó en silencio. Y luego, habló.

  —Te cambiaste el nombre —dijo con una sonrisa apenas torcida—. Shadow. Qué bien.

  Shadow no respondió. Apenas giró el rostro con un aire de expectación... o de desprecio. Jhon continuó:

  —Pero dime algo… ?sabías que significa exactamente lo mismo? Solo que en otro idioma. Uno que ni siquiera es de este mundo.

  Dejó caer esa frase con la lentitud de un cuchillo que no necesita fuerza para hundirse.

  —Al final del día... sigues llamándote sombra, ?verdad?

  El silencio se volvió espeso. No fue una ofensa. Fue una grieta. Una grieta muy, muy fina... pero presente.

  Por un instante, Shadow pareció no tener respuesta. Como si una memoria muy vieja —una voz, un eco, un momento donde el nombre sombra le provocaba algo— palpitara debajo de las ruinas de lo que alguna vez fue Antonio.

  —Qué irónico —a?adió Jhon, dando un paso más—. Cambias el idioma, pero no el destino. Sigues ocultándote de la luz. Sigues huyendo.

  Shadow levantó la mano, y el suelo se abrió en círculos negros. El cielo pareció arrugarse sobre sí mismo.

  —Tú hablas como los que aún creen que las palabras tienen valor —susurró con voz profunda, como de piedra arrastrada—. Pero yo soy el fin del idioma. De las plegarías. De los nombres.

  Y sin previo aviso, desató el primer ataque.

  El primer impacto no vino del suelo, ni del cielo, ni de algún rincón conocido del mundo físico. Fue como si la existencia misma se estirara entre los dos cuerpos que se enfrentaban: Jhon, anclado en los elementos; y Shadow, flotando en una negación viva de lo que significa ser.

  La oscuridad fue la primera en moverse.

  Shadow levantó su mano con la gracia de un verdugo que no necesita fuerza para matar. De su palma brotaron líneas negras como grietas de tinta, extendiéndose por el aire como raíces que buscaban alimento… o víctimas. Las sombras se alargaron en todas direcciones, envolviendo el entorno en un velo que devoraba el color y deformaba la distancia.

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  Jhon respondió sin titubeos. Con un giro ágil del brazo, invocó el viento. No un simple vendaval, sino una corriente concéntrica y afilada, como la respiración controlada de un dios guerrero. Las hojas muertas, escondidas entre las piedras rotas, se alzaron y giraron como cuchillas guiadas por intención. El aire cortó la primera ola de sombra, dispersándola en una lluvia de oscuridad líquida que salpicó el suelo… y lo marchitó al contacto.

  Pero el viento no fue suficiente.

  De la sombra rasgada, surgieron cuerpos: figuras humanoides hechas de oscuridad solidificada. Caminaban como hombres arrastrando a?os de silencio. No gritaban. No se defendían. Solo avanzaban, extendiendo los dedos al frente, buscando devorar el calor.

  Jhon los recibió con una explosión de fuego.

  Desde su espalda, una llama en espiral descendió como una serpiente viva. Tocó el suelo, lo marcó con un círculo incandescente y ascendió con furia en una columna ígnea que partió a los espectros por la mitad. Sus cuerpos se quemaron en silencio. Pero no desaparecieron. Se reintegraron a la sombra de la que habían nacido.

  El enemigo no tenía carne que destruir.

  —?Lo ves ahora? —susurró Shadow, su voz flotando en el aire distorsionado—. Los elementos que te alzaron son herramientas. Yo soy ausencia. Y contra la ausencia, no hay filo que cortar.

  Jhon apretó los dientes. Extendió su brazo hacia el cielo y golpeó el aire con un gesto firme. La tierra, desde el fondo del valle, respondió.

  Pilares de piedra emergieron bajo sus pies, elevándolo en una plataforma flotante. Alrededor, fragmentos de roca empezaron a orbitarlo como planetas protectores. No eran proyectiles… eran escudos. Cada uno grabado con una emoción que él había vencido.

  Uno se llamó “culpa”. Otro, “miedo”. Uno más, “abandono”. Y el más brillante de todos: “esperanza”.

  Con un suspiro contenido, Jhon lanzó uno de los fragmentos hacia Shadow. El proyectil cruzó el campo, vibrando con una pulsación mística, pero justo antes de impactar, se deshizo… como si hubiera atravesado un reflejo.

  Shadow no se había movido. Ni un paso. Ni un gesto.

  —Imitar la fuerza… —dijo—. Eso hacen los vivos. Pero no pueden imitar la ausencia.

  Y entonces atacó en serio.

  Desde su espalda surgieron alas hechas de sombra pura, no emplumadas ni etéreas… sino fractales. Cada vez que se abrían, distorsionaban la realidad. Cada vez que se batían, el sonido se quebraba. Avanzó a una velocidad imposible. El suelo bajo sus pies no crujía: se moría.

  Jhon solo tuvo segundos. La roca lo impulsó hacia arriba. Saltó. A la mitad del aire, giró su cuerpo, invocó el agua de su interior y creó un anillo líquido que amortiguó la embestida. El impacto entre ambos liberó una onda expansiva que revirtió el viento. árboles a kilómetros se inclinaron.

  Jhon cayó. Rodó. Se detuvo con la mano clavada en la tierra. Sangraba. Poco. Pero suficiente para entender algo:

  Esto no era un enemigo con forma. Era un vacío con voluntad.

  Shadow descendió con lentitud, flotando como una sentencia. Sus ojos no mostraban placer ni rabia. Solo la decisión de alguien que cree que ya ganó, y que solo está esperando que el mundo se dé cuenta.

  —?Es eso todo, Jhon?

  Jhon escupió a un lado. Se puso de pie. Su brazo temblaba.

  Y entonces... sonrió.

  No con superioridad. No con burla.

  Con reconocimiento.

  —Estás fuerte —dijo—. Pero sigues sin darte cuenta de una cosa.

  Shadow inclinó la cabeza.

  —?Y cuál sería?

  Jhon levantó el pu?o envuelto en fuego.

  —Que incluso un vacío... tiene forma cuando se resiste.

  Y lanzó el siguiente ataque.

  "A veces soy luz, a veces sombra"

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