Los relámpagos rojos cayeron sobre la cima de la monta?a con un estruendo que hizo temblar la tierra. Jhon se colocó al frente de sus amigos, y su aura azul brilló con una intensidad que iluminó todo el lugar — la luz era tan fuerte que los rayos negros se desvanecían antes de tocarlo.
“?Tu fuerza es insignificante, Portador!” gritó la figura de la nube, lanzando más relámpagos. “El dios de la reencarnación es invencible!”
Jhon sonrió fríamente. La nueva energía de la fuente fluía por sus venas, haciéndolo sentir más fuerte que nunca — su Visión de Datos mostraba que su nivel de magia había aumentado drásticamente desde la bendición. Extendió la mano y un rayo de luz azul salió de su palma, golpeando directamente a la figura. El hombre con cabello blanco gritó de dolor y su túnica negra se quemó por los bordes.
“Invencible? No lo creo”, dijo Jhon, avanzando hacia la nube. Volvió a lanzar un rayo de luz, y esta vez golpeó el centro de la figura. El ruido ensordecedor cesó, la nube negra se desvaneció y el hombre cayó al suelo, sin movimiento.
Antonio se acercó y revisó su pulso. “Está vivo, pero inconsciente. Debe ser un sirviente del dios — igual que los que atacaron la fortaleza en el capítulo 75”.
“Lo llevaremos a la Academia para interrogarlo”, dijo Elara, todavía sorprendida por la facilidad con la que Jhon había ganado. “Nunca he visto una aura tan poderosa — coincide con lo que los textos del Archivo Real dicen del Conde Reencarnado”.
Jhon negó con la cabeza. “No. Lo dejaremos aquí — el viento de la monta?a lo llevará a un lugar seguro. Tenemos cosas más importantes que hacer: ir a la capital a ver a mi amigo Julius”.
Descendieron de la monta?a en silencio, pero esta vez el silencio era de victoria. Cuando llegaron al carruaje, Jhon se detuvo y miró a Sofía — su esposa — y a Elara con una expresión seria.
“Tengo que decirles algo”, dijo. “La bendición de la fuente me ha revelado algo sobre el templo de los elementos. Solo quienes tienen un vínculo con la fuerza física y los espíritus antiguos pueden entrar para ver a los espíritus elementales. Eso significa que solo Antonio y yo podemos ir”.
Sofía se quedó muda por un momento, luego tocó su mano y miró hacia el peque?o pa?al que llevaba en el regazo. “?Y nosotros? ?Qué haremos con Alan?”
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Alan era su hijo, de solo un a?o y medio, todavía aprendiendo a hablar — habían tenido lo justo antes de que la oscuridad llegara a la fortaleza, y Jhon lo había visto poco por las pruebas con los espíritus, pero lo amaba más que nada en el mundo.
“Vamos a la capital, a ver a Rey Julius”, respondió Jhon, acariciando la mejilla de Alan con el dorso de la mano. “él es nuestro amigo cercano desde que llegué a este mundo — se lo contaré todo lo que ha pasado y lo que vendrá, y le dejaré a su cuidado a ti… mi esposa… y a nuestro hijo. Sé que lo protegerá como si fuera suyo”.
Sofía asintió, con una sonrisa tierna, y le dio un beso en la mejilla a Jhon. “Julius siempre ha estado ahí para nosotros. No tengo miedo”.
El viaje a la capital duró un día completo. Cuando llegaron al palacio, no necesitaron ser recibidos por guardias — el rey Julius ya estaba en la puerta, con los brazos abiertos y una sonrisa ancha.
“Jhon! Sofía! ?Cuánto tiempo, amigos!” gritó Julius, abrazándolos a ambos y luego agachándose para mirar a Alan. “Y este es el peque?o Alan — ya es tan grande! ?Cómo va el aprendizaje de las palabras, chiquitín? Ojalá te hables antes de que se vaya tu papá”.
Jhon rió. “Está empezando. Esperamos que sea pronto”.
Llevaron a Julius al salón del trono, pero se sentaron como amigos, sin formalidades ni cortesías reales. Jhon le contó todo: desde la aparición de la oscuridad en la fortaleza, hasta el encuentro con Elara, la bendición de la fuente y el enfrentamiento en la monta?a. También le habló del templo de los elementos y la necesidad de que el ejército estuviera listo para cuando regresaran.
Julius se tocó la barba y asintió con seriedad. “Lo que me dices es grave, amigo. Pero confío en ti — desde el día que te reencarnaste como conde, has demostrado que eres el único capaz de enfrentar estas cosas. Tu familia no solo estará segura en el palacio, sino que vivirán conmigo en mis propias habitaciones. Alan jugará en el patio real, y Sofía tendrá todo lo que necesite. Yo mismo los cuidaré”.
Los últimos días del mes pasaron rápidamente. Jhon pasó todo el tiempo con Sofía, Alan y Julius: se sentaban en el patio del palacio mientras Alan gateaba por el césped, jugaba con peque?os juguetes de madera que el rey le había regalado y trataba de articular palabras cortas.
Una tarde, mientras Jhon llevaba a Alan en sus brazos y Julius le contaba una historia sobre sus primeras aventuras como rey, el ni?o abrió la boca y murmuró: “Pa… pá…”.
Jhon se quedó estupefacto y miró a Sofía, que lloraba de alegría. “Lo escuchaste? Acaba de decir ‘papá’!”
Julius rió y le dio un golpe en el hombro a Jhon. “?Qué momento! Ya es un ni?o inteligente, como su padre. Te lo dije — se hablaría antes de tu partida!”
La noche antes de partir al templo, Jhon se quedó solo con Sofía y Alan en su habitación del palacio. La luna brillaba por la ventana, y Alan dormía tranquilo entre ellos.
“Cuídate a ti mismo”, dijo Sofía, acariciando el pelo de Jhon. “Y a Antonio. Nosotros te esperamos aquí — yo, Alan… y Julius, que es como un hermano para nosotros”.
“Lo haremos”, respondió Jhon, besándola en la frente y luego en la cabeza de Alan. “Por ti, por nuestro hijo, por Julius y por todo el reino. Prometo volver”.
Al día siguiente, al amanecer, Jhon y Antonio se prepararon para partir. Sofía estaba en la puerta del palacio con Alan en sus brazos, junto con Elara y Julius. Jhon miró a su esposa, su hijo y su mejor amigo una última vez, le dio un beso a ambos y estrechó la mano de Julius.
“Cuídalos, amigo”, dijo Jhon.
“Con mi vida”, respondió Julius.
“Vamos”, dijo Jhon a Antonio. “El templo nos espera”.
Los dos se alejaron hacia el camino que llevaba al templo de los elementos, con el sol alzándose a su espalda y la voz de Alan, que murmuró de nuevo “papá”, resonando en sus oídos.

