El sol se alzaba sobre la fortaleza con un brillo más claro que en semanas. Jon estaba sentado al borde de la ventana de su habitación, mirando cómo los aldeanos reconstruían las casas da?adas por la oscuridad. Su cuerpo aún estaba débil — cada movimiento le costaba esfuerzo, y el dolor de las pruebas con los espíritus aún latía en sus huesos — pero su mente estaba más alerta que nunca.
Recuérdalo: la luz del amanecer que lo había llamado, el abrazo de Sofía, las palabras sobre los dioses encerrado y el templo de los elementos que esperaba dentro de un mes. “Primero debemos recuperar bien las fuerzas”, se repitió en silencio, como si la frase fuera un mantra.
La puerta se abrió con suavidad y entró Antonio. Llevaba una bandeja con pan fresco, queso y una taza de té de hierbas. Se sentó en la silla al lado de la cama, sin hablar al principio — ambos sabían que el peso de lo revelado aún flotaba en el aire.
“?Has dormido algo?” preguntó Antonio finalmente, su voz baja.
Jon negó con la cabeza. “No puedo. Cada vez que cierro los ojos, veo el plano entre la vida y la muerte. Veo al semidiós de la guerra, olvidado en su prisión. Veo a ti… manipulado por el dios de la reencarnación”.
Antonio frunció el ce?o, pero no se defendió. “Tú dijiste que tengo oportunidad de redimirme. Esa es la única cosa que me importa ahora”.
“Y la tendrás”, respondió Jon, girándose para mirarlo. “Pero para eso, necesitamos más que solo entrenamiento con los espíritus. Necesitamos saber si hay otros que se opongan al dios. Necesitamos aliados. Y hay un lugar donde podemos encontrar respuestas”.
“?Dónde?”
“La capital. En la Academia de Magia — ellos han estudiado los antiguos textos sobre los dioses durante siglos. Tal vez tienen información sobre cómo encontrar el templo de los elementos, o sobre las debilidades del dios de la reencarnación”.
Antonio se levantó, cruzando los brazos. “Pero tu cuerpo no está listo para un viaje. La capital está a tres días de camino”.
“Tengo un mes”, dijo Jon, tocando la ventana de madera. “En tres días estaré mejor. Y Sofía puede acompa?arnos — su magia de curación me ayudará a recuperar fuerzas durante el viaje”.
En ese momento, Sofía entró en la habitación, con una pila de libros en los brazos. “Hablando de mí”, dijo, con una sonrisa tímida. “He estado revisando los textos antiguos de la fortaleza. Encontré esto”.
Depositó los libros en la mesa y abrió uno de ellos — sus páginas estaban amarillas por el tiempo, y las letras estaban escritas en un idioma antiguo que Jon reconoció gracias a su Visión de Datos
“‘El templo de los elementos no acepta a quienes vienen sin la bendición de la fuente de magia principal’”, leyó Sofía, descifrando las palabras con ayuda de sus propios conocimientos. “‘La fuente está en la monta?a del Dragón, cerca de la capital. Y solo aquellos que sean reconocidos por la Academia de Magia pueden acceder a ella’”.
Jon sonrió por primera vez en horas. “Es como si el universo nos estuviera guiando. Tenemos que ir a la capital — no solo para buscar aliados, sino para obtener la bendición que necesitamos para el templo”.
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(Mediodía del mismo día)
Los tres se reunieron en la sala de la chimenea, donde las llamas seguían danzando como las figuras antiguas del día anterior. Jon explicó su plan: partir al día siguiente, viajar a paso lento para que su cuerpo se recupere, visitar la Academia de Magia y luego hablar con el rey para pedir su apoyo en la misión de liberar a los dioses.
“El rey no va a creer en historias de dioses tiranos”, dijo Antonio, con escepticismo.
“Tal vez no”, respondió Jon. “Pero él sabe que la oscuridad se desvaneció cuando yo desperté. él necesita explicaciones. Y nosotros necesitamos su ejército para cuando llegue el momento de enfrentar al dios”.
Sofía se acercó a Jon y le colocó una mano en la frente. Su magia de curación fluyó hacia él, calentando su piel y aliviando el dolor en sus músculos. “Tu cuerpo está mejorando, pero debes descansar hoy. Ma?ana empezamos el viaje”.
Jon asintió y se sentó en el sillón de cuero desgastado. Mientras Sofía preparaba pociones de curación para el camino, Jon cerró los ojos y activó su Visión de Datos. Esta vez, no vio niveles ni habilidades — vio imágenes: la monta?a del Dragón con una luz azul brillando en su cima, la Academia de Magia con torres que alzaban hacia el cielo, y un joven con ojos de color verde oscuro que le miraba desde la sombra.
?Quién eres? se preguntó.
(Ma?ana del Día 1 del viaje — inicio del mes de recuperación)
El carruaje estaba listo a la puerta de la fortaleza. Jon se sentó en el asiento del centro, con Sofía a su lado y Antonio al mando de los caballos. Los aldeanos salieron a verlos partir, saludándolos con la mano — para ellos, Jon era el que había hecho desaparecer la oscuridad, el héroe que les había dado la esperanza.
“Listo?” preguntó Antonio, mirando hacia atrás.
“Listo”, respondió Jon, agarrando con fuerza el brazo del asiento. Su cuerpo aún temblaba un poco, pero su propósito era firme.
El carruaje comenzó a rodar por el camino de tierra. Durante las primeras horas, el silencio reinó, pero no era un silencio de tristeza — era un silencio de preparación, de personas que saben lo que les espera y están dispuestas a enfrentarlo.
Sofía sacó una de las pociones que había preparado y se la dio a Jon. “Tómala. Te ayudará con el cansancio”.
Jon se la bebió de un trago. El sabor era amargo, pero inmediatamente sintió una energía fluyendo por su cuerpo. Miró hacia fuera del carruaje, viendo cómo los campos volvían a florecer — como Sofía había dicho, había dolor, pero también esperanza.
“?Recuerdas cuando te conocí?” preguntó Sofía, rompiendo el silencio. “ , cuando te encontré herido en el bosque. Nunca imaginé que llegaríamos hasta aquí”.
Jon sonrió. “Yo tampoco. En ese momento, solo quería sobrevivir en este mundo. Ahora… tenemos que salvarlo”.
(Tarde del Día 1 — en el camino hacia la monta?a del Dragón)
Pararon en un peque?o posada llamado “La Fuente Oculta” para descansar a los caballos. El posadero, una mujer mayor con cabello blanco y ojos brillantes, reconoció a Jon de inmediato. “Se?or Jon! ?Qué honor tenerlos aquí! He oído hablar de cómo desvaneciste la oscuridad — eres un regalo de los dioses”.
Jon se tensó un poco al escuchar la palabra “dioses”, pero sonrió modestamente. “Solo hice lo que tuve que hacer”.
Mientras comían sopa caliente y pan fresco, escucharon a dos viajeros hablar a voz alta: “?Has oído lo que dicen en la capital? La Academia de Magia ha detectado una perturbación en la fuente de magia. Dicen que es un signo de que los dioses están despertando — y que no es algo bueno”.
Antonio se tensó, y su mano se movió hacia el mango de su espada. Pero Jon le hizo una se?al con la cabeza para que se calmara. “Son solo rumores”, susurró. “Pero tal vez tienen algo de verdad”.
Después de comer, continuaron el viaje. El sol comenzó a ponerse, y el camino se volvió más empinado — se estaban acercando a la monta?a del Dragón. Jon activó su Visión de Datos de nuevo, y esta vez vio la luz azul de la fuente de magia, brillando con más fuerza a medida que se acercaban.
De repente, el carruaje se detuvo de golpe. Antonio bajó del asiento y miró hacia adelante. “Hay alguien en el camino”, dijo, su voz tensa.
Sofía activó su magia de luz, y una luz blanca brilló alrededor del carruaje, iluminando el camino. Allí, de pie en medio del camino, estaba un joven de pelo corto y verde oscuro, con ojos que brillaban como la luz de la fuente. Vestía la túnica azul y dorada de la Academia de Magia, y tenía una varita de madera en la mano.
Jon se levantó del carruaje, reconociéndolo inmediatamente: era el joven de su visión.
“Se?or Jon”, dijo el joven, con una voz clara y firme. “Me llamo Elara. Soy estudiante de la Academia de Magia y miembro del equipo de investigación de la fuente de magia. He venido a buscarte — la perturbación que hemos detectado está ligada a tu aura. Y los antiguos textos dicen que solo tú puedes ayudarnos a evitar que la fuente se agote”.
Jon se quedó en silencio. La puesta de sol iluminaba a Elara, y sus palabras se mezclaban con el viento que soplaba por la monta?a. Pensó en el templo de los elementos, en la bendición que necesitaban, en el dios de la reencarnación… todo estaba conectado. El mes de recuperación no sería un mes de descanso. Sería un mes de descubrimientos, peligros y decisiones que determinarían el futuro de todo el universo.
“Entra”, dijo Jon, haciendo un gesto con la mano. “Si lo que dices es cierto, entonces tenemos mucho que hablar. Y el camino a la capital será el primer paso hacia la verdad que buscamos”.

