La luz del amanecer se filtraba por la ventana de madera, dibujando líneas suaves sobre el suelo de piedra. El aire era tibio, cargado de silencio. En ese instante, Jhon abrió los ojos.
No fue abrupto. Fue como si el mundo lo llamara con delicadeza.
Su mirada se posó en el techo de su habitación. Reconocía las vetas de la madera, el leve crujido que hacía con el viento. Pero algo en su pecho se sentía extra?o. Confusión. Como si su cuerpo hubiera regresado antes que su mente.
Poco a poco, los recuerdos comenzaron a encajar. La batalla. Shadow. La alianza. El ni?o en el sue?o. La verdad sobre los dioses.
Jhon se incorporó con lentitud, apoyando los codos sobre sus rodillas. Se sentó al borde de la cama, el cuerpo aún pesado, pero funcional. Respiró hondo. "?Cuánto tiempo ha pasado?"
En ese momento, la puerta se abrió con suavidad. Antonio entró, haciendo su ronda silenciosa. Al ver a Jhon despierto, se detuvo en seco.
—?Jhon! —exclamó, con una mezcla de sorpresa y alivio—. ?Estás despierto!
Sin perder tiempo, giró sobre sus talones y gritó hacia el pasillo:
—?Sofia! ?Jhon despertó!
Los pasos de Sofia resonaron como un latido acelerado. Entró a la habitación con el rostro encendido por emoción. Y al ver a Jhon sentado, con los ojos abiertos, una sonrisa inmensa se dibujó en su rostro.
—?Jhon! —corrió hacia él, lo abrazó con fuerza, como si el contacto pudiera confirmar que no era un sue?o—. Te extra?é tanto… pensé que no volverías. Pensé que te había perdido…
Las lágrimas comenzaron a caer, silenciosas, sinceras.
Jhon la rodeó con los brazos, apoyando su frente contra la de ella.
—Lo siento… —susurró—. No quería preocuparlos. ?Cuánto tiempo estuve inconsciente?
Antonio se acercó, cruzando los brazos con calma.
—Una semana completa. Dormiste como si el mundo te estuviera reconstruyendo desde adentro.
Jhon frunció el ce?o, sorprendido.
—?Y qué ha pasado en estos días?
Antonio se sentó en una silla cercana, su voz tranquila pero firme.
—La oscuridad que estaba consumiendo el mundo… se desvaneció. No volvió a expandirse. No se llevó más vidas.
Jhon asintió lentamente.
—?Y los que murieron?
Sofía bajó la mirada. —No volvieron. Pero el mundo... está respirando otra vez. Los aldeanos están reconstruyendo. Los campos vuelven a florecer. Y aunque hay dolor... hay esperanza.
Jhon cerró los ojos un momento. Sintió el peso de todo lo que había visto. De todo lo que sabía que vendría.
—Entonces... es hora de empezar.
Antonio lo miró con atención.
—?Empezar qué?
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Jhon abrió los ojos. La luz en su mirada era distinta. No era fuego. Era propósito.
—El entrenamiento. Los elementos. La preparación para enfrentar al dios de la reencarnación.
La sala estaba envuelta en una penumbra cálida. Las llamas de la chimenea danzaban con lentitud, proyectando sombras que parecían figuras antiguas sobre las paredes de piedra. El aire olía a madera quemada y a silencio contenido. Jhon caminó con lentitud hacia el centro, aún con el cuerpo débil, pero con una mirada que había visto más allá del velo del mundo.
Sofía lo seguía con pasos suaves, mientras Antonio cerraba la puerta tras ellos. Nadie hablaba. Nadie se atrevía a romper el silencio que parecía sagrado.
Jhon se sentó en el sillón de cuero desgastado. Sofía se acomodó a su lado, y Antonio permaneció de pie, como si su cuerpo no pudiera descansar hasta entender lo que estaba por venir.
Jhon alzó la mirada. Su voz era grave, templada por el peso de lo que había visto.
—Sofía… Antonio… hay algo que debo contarles. Algo que no puede esperar. Durante los días que estuve inconsciente… no estaba dormido. Estaba… en otro plano. Un lugar entre la vida y la muerte. Un espacio donde el tiempo no existe, y los recuerdos se convierten en fuego.
Sofía lo miró con preocupación.
—?Qué viste, Jhon?
Jhon cerró los ojos por un momento, como si las imágenes aún ardieran en su mente.
—Vi el pasado. Vi el origen de todo. Vi… a los dioses.
Antonio frunció el ce?o.
—?Los dioses?
Jhon asintió.
—Sí. Pero no como nos los contaron. No como los libros los describen. El dios que conocemos… el que nos ense?aron a venerar… no es el único. Y tampoco es el más justo.
Sofía se inclinó hacia él, con el rostro tenso.
—?Qué estás diciendo?
Jhon se giró hacia Antonio.
—Todo comienza contigo, Antonio.
Antonio dio un paso atrás, sorprendido.
—?Conmigo?
—Sí. Tu pasado… está ligado al dios de la reencarnación. él te eligió. Te moldeó. Te convirtió en un arma. Y luego… te abandonó.
Sofía se llevó una mano a la boca.
—?Cómo puede ser eso posible?
Jhon se levantó, caminando hacia la chimenea. Las llamas parecían responder a su presencia, elevándose como si escucharan su voz.
—El dios de la reencarnación… no es un guardián. Es un tirano disfrazado de ciclo. Atacó a los otros dioses. Los encerró. Les robó su poder… Todo por aburrimiento.
Antonio apretó los pu?os.
—?Qué otros dioses?
Jhon se giró, su sombra proyectándose como una figura mitológica.
—Cuatro. El dios de la creación, que dio forma al universo. El dios de la destrucción, que mantiene el equilibrio. El dios del tiempo, que teje los hilos del destino. Y un peque?o semidiós de la guerra, olvidado por todos... menos por mí.
Sofía se quedó sin palabras.
—?Y ese semidiós... te habló?
Jhon asintió.
—Sí. Cuando tú y yo, Antonio, chocamos en combate... nuestras energías se entrelazaron. Ese impacto... rompió el sello que lo mantenía prisionero. Y entonces, él me habló. Me mostró lo que ocurrió. Me reveló que el dios de la reencarnación traicionó a sus hermanos, los encerró, y tomó sus poderes para jugar con la vida y la muerte como si fueran piezas de ajedrez.
Antonio bajó la mirada, su voz apenas un susurro.
—?Y yo... fui parte de eso?
—Sí. Pero no por elección. Fuiste manipulado. Y ahora... tienes la oportunidad de redimirte.
Sofía se acercó, tocando el brazo de Jhon.
—?Y qué debemos hacer?
Jhon la miró con una mezcla de tristeza y poder.
—Debemos liberar a los dioses. Pero no podemos hacerlo como somos ahora. Necesitamos el poder de los espíritus elementales.
Antonio levantó la mirada.
—?Espíritus?
—Sí. Ellos son los guardianes del equilibrio. Fuego, agua, tierra, aire. Cada uno representa una parte de nosotros. Pero no aceptan a cualquiera. Ellos eligen si somos dignos.
Sofía se sentó, aún procesando todo.
—?Y tú ya entrenaste con ellos?
Jhon asintió.
—Sí. Y casi muero. Cada prueba fue una confrontación con mi esencia. El fuego me obligó a enfrentar mi ira. El agua me sumergió en mis recuerdos más dolorosos. La tierra me aplastó con el peso de mis decisiones. Y el aire… me hizo sentir la soledad del vacío.
Antonio se cruzó de brazos.
—?Y qué ganaste?
Jhon lo miró con intensidad.
—Un don. Una fuerza capaz de detener incluso a ti... si volvieras a caer bajo el influjo del dios. Pero no quiero usarla contra ti. Quiero que tú también seas entrenado.
Antonio bajó la mirada.
—?Y si los espíritus no me aceptan?
—Entonces no podrás ayudarnos. Pero si lo hacen... Serás parte de la única esperanza que queda para este mundo.
Sofía se levantó, con lágrimas en los ojos.
—?Y cuándo empieza el entrenamiento?
Jhon se giró hacia la ventana. El cielo estaba despejado. Las estrellas comenzaban a aparecer.
—Dentro de un mes, primero debemos recuperar bien las fuerzas, porque estos entrenamientos serán los más complicados que he tenido hasta el momento. El templo de los elementos nos espera. Y con él... la verdad que aún no hemos visto.

