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Capitulo 75 El Nombre Que Vuelve a Ser Propio

  El sol se alzaba con suavidad sobre la aldea. Las calles, aunque tranquilas, aún conservaban el eco de la batalla que había sacudido el mundo días atrás. Las piedras parecían recordar. Las miradas también.

  Jhon seguía dormido. Su cuerpo, aún inconsciente, respiraba con lentitud. Tres días habían pasado desde que cayó en la entrada de su hogar. Su energía se regeneraba poco a poco, como si el alma misma necesitara tiempo para volver a encajar en el cuerpo.

  Antonio, por su parte, había despertado dos días antes. Se levantó sin ceremonia, sin palabras. Su cuerpo aún dolía, pero no tanto como el peso de las miradas.

  Al salir de la casa, los aldeanos lo observaron. No con miedo. Con desprecio.

  Miradas que decían “sabemos quién fuiste.” Miradas que no preguntaban, solo juzgaban.

  Antonio no se defendió. No se escondió. Solo caminó.

  Sabía que esas miradas eran merecidas. Sabía que el perdón no se exige. Se construye.

  Avanzó por la calle principal, sin levantar la cabeza, hasta que se detuvo al ver a Sofia. Ella estaba frente a una tienda, organizando algunas bolsas de tela. Al verlo, sus ojos se endurecieron. No por odio. Por dolor.

  Antonio bajó la mirada. No dijo nada.

  Sofia lo observó por unos segundos. Pensó en Jhon. Pensó en el abrazo. Pensó en el hombre que había traído a este otro consigo, sin cadenas, sin rabia.

  "Si Jhon lo trajo… es por algo."

  Respiró hondo. Y cambió su expresión.

  —Hola, Shadow. Qué bien que despertaste —dijo con una sonrisa leve, como quien decide dar el primer paso.

  Antonio levantó la vista, sorprendido. Respondió con voz baja, pero firme:

  —Gracias, Sofia. Ya estoy mejor. Pero… puedes llamarme Antonio.

  Sofia frunció el ce?o, curiosa.

  —?Por qué?

  Antonio miró el cielo un instante. Luego la miró a ella.

  —Porque ese es mi verdadero nombre. Y gracias a Jhon… lo recuperé.

  Sofia sonrió con sinceridad esta vez.

  —Me parece un nombre bonito. Mucho mejor que Shadow.

  Antonio bajó la mirada, y por primera vez en mucho tiempo… sonrió.

  —Eso mismo decía mi esposa.

  Sofia se tensó. Sintió que había tocado algo delicado.

  —Perdón… no quise…

  Antonio negó con la cabeza.

  —No hay problema. Cuando Jhon despierte, él y yo te contaremos todo. Lo que pasó. Lo que está pasando.

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  Sofia asintió con suavidad.

  —Vale. Entonces… ?me acompa?as a hacer las compras para el almuerzo?

  Antonio parpadeó. No por sorpresa. Por gratitud.

  —Claro. Vamos.

  Y caminaron juntos hacia la plaza. No como aliados. No como enemigos. Como dos personas que empezaban a entender que el mundo no se reconstruye con magia… sino con gestos.

  —

  Mientras tanto, en el corazón del sue?o…

  Jhon flotaba en un espacio sin forma. Oscuro, pero no hostil. Silencioso, pero no vacío.

  Y entonces lo escuchó.

  Una voz. Lejana. Suave.

  —Jhon...

  Era la voz de un ni?o. No de Alan. Otro.

  La voz se repetía. Cada vez más clara. Cada vez más intensa.

  —Jhon... —Jhon... —?Jhon!

  El aire se agitó. El espacio comenzó a vibrar.

  Jhon giró. Y lo vio.

  Un ni?o de unos catorce a?os. De pie. Mirándolo con ojos que no eran de este mundo.

  Y Jhon, aún sin comprender, dio un paso hacia él.

  El Semidiós de la Guerra y la Verdad del Cielo

  El espacio onírico se volvió más claro, más definido. Jhon ya no flotaba en la oscuridad: caminaba sobre una superficie que parecía hecha de estrellas apagadas, como si el cielo mismo hubiera sido arrancado de su lugar y dejado a la deriva.

  El ni?o lo observaba con una calma que no era infantil. Su mirada era firme, su postura recta, y aunque su rostro conservaba la juventud de los catorce a?os, su presencia era mucho más antigua.

  Jhon se acercó, aún confundido por la intensidad de la voz que lo había llamado.

  —?Quién eres? —preguntó.

  El ni?o sonrió con serenidad.

  —Jhon, sé que vas a luchar contra el dios de la reencarnación. Y puedo darte una pista para lograrlo.

  Jhon frunció el ce?o.

  —?El dios de la reencarnación? ?Cómo que "el de reencarnación"?

  —Sí —respondió el ni?o—. El dios que controla los ciclos de vida, muerte y retorno. El que decide quién vuelve... y cómo.

  Jhon se tensó.

  —?Entonces hay más dioses?

  El ni?o asintió con naturalidad.

  —Por supuesto. Está el dios de la creación, el de la destrucción, y el del tiempo. Y técnicamente... yo también soy un dios. Bueno, un semidiós. Soy el semidiós de la guerra.

  Jhon dio un paso atrás, procesando.

  —Si ustedes existen... ?por qué no evitaron que todo esto sucediera? Si él es solo el dios de la reencarnación, ?cómo pudo hacer tanto da?o?

  El ni?o bajó la mirada un instante. Luego volvió a hablar, con tono grave.

  —Por eso estoy aquí. Escucha bien. Hace muchos a?os, todos vivíamos en el cielo. Era nuestro reino. Un lugar de equilibrio. Cada dios tenía su función, su dominio. Pero un día, el dios de la reencarnación... por puro aburrimiento, decidió romper el orden.

  —?Aburrimiento?

  —Sí. No por necesidad. No por justicia. Solo por juego. Nos atacó. Nos puso unos contra otros. Manipuló nuestras emociones, nuestras memorias. Mientras luchábamos entre nosotros, él atacó por separado. Uno por uno. Nos encerró en rincones del cielo, robando fragmentos de nuestro poder para hacer lo que le placiera con el mundo.

  Jhon apretó los pu?os.

  —?Y tú? ?Qué haces aquí?

  El ni?o sonrió con tristeza.

  —Gracias al choque de poder entre tú y Shadow... pude liberarme. Fue un golpe de suerte. Una grieta en el tejido del cielo. Pero los demás siguen atrapados. El dios de la reencarnación aún los mantiene cautivos. Y mientras tenga su poder, seguirá jugando con el mundo como si fuera su tablero personal.

  Jhon bajó la mirada. El peso de la verdad era inmenso.

  —?Entonces quieres que lo derrote?

  —Sí. Quiero que lo enfrentes. Que lo derrotes. Que liberes a los demás dioses. Pero por las leyes del cielo... no puedo ayudarte activamente. Solo puedo darte consejos. Y el primero es este:

  El ni?o se acercó, colocando una mano sobre el hombro de Jhon.

  —Vuelve a hacer los entrenamientos de los elementos. Ve con los espíritus. Diles que te envió el semidiós de la guerra. Ellos entenderán. Pero esta vez... debes dominar los dos elementos que nunca se ense?an juntos: luz y oscuridad.

  Jhon asintió lentamente.

  —?Y Antonio? ?Puede hacer los entrenamientos también?

  El ni?o miró al horizonte, como si viera más allá del sue?o.

  —Sí. Pero eso ya depende de los espíritus. Ellos decidirán si lo aceptan. Si lo consideran digno. Tú ya sabes lo que eso significa.

  Jhon lo entendió. No era cuestión de poder. Era cuestión de alma.

  El ni?o se alejó lentamente, su figura comenzando a desvanecerse entre brumas doradas.

  —Recuerda, Jhon. No luchas solo por tu familia. Luchas por el equilibrio que fue robado. Y por los dioses que aún esperan.

  La voz se desvaneció.

  Y Jhon, aún dormido, comenzó a respirar más profundo.

  El despertar estaba cerca. Y con él... el primer paso hacia una guerra que no era solo humana.

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