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Capitulo 74 Cuando la Guerra Se Planea Desde las Cenizas

  El aire aún estaba cargado. No de rabia. No de magia. De propósito.

  Jhon, temblando por el esfuerzo, se acercó al cuerpo maltrecho de Shadow. La herida en su torso era profunda, negra como ceniza viva, aún palpitante. El hombre que había sido sombra durante a?os estaba más humano que nunca, pero el dolor no obedecía a cambios de forma.

  Jhon se arrodilló lentamente a su lado. Extendió su palma, y la magia de agua —limpia, tibia, honesta— comenzó a fluir desde su mano.

  El líquido no era feroz. Era paciente.

  Como una madre que cura sin preguntar. Como una memoria que no quiere olvidar.

  La herida en Shadow comenzó a cerrarse. No por completo, pero sí lo suficiente para detener la fuga de energía. Sus músculos se tensaron. Los ojos, aún rotos, se alzaron con sorpresa.

  —?Por qué… haces esto? —murmuró Shadow, con voz ronca.

  Jhon respiró hondo. Miró el horizonte calcinado. Luego, lo miró a él.

  —Porque tu guerra es la mía ahora. Pero no con cadáveres inocentes. No quemando lo que nos queda. Si vamos a enfrentarnos a Dios… entonces lo haremos como hombres. No como monstruos.

  Shadow se quedó callado. La frase resonó como trueno contenido.

  —?Enfrentarnos… a Dios?

  Jhon asintió. No con drama. Con certeza.

  —Sí. él quitó tu mundo por diversión. Y si me gana a mí… va a quitarme el mío también. Es un jugador, no un creador. Y lo peor de todo… es que le gusta mirar cómo nos destruimos entre nosotros.

  Shadow bajó la mirada. Como si por primera vez en a?os, hubiera alguien diciendo en voz alta aquello que él gritaba por dentro.

  —?Y cómo… planeas hacerlo?

  Jhon se puso de pie. Limpió su rostro. La luz en su pecho aún era mínima. Pero constante.

  —Observé su patrón. En tus recuerdos… y en los míos. No actúa por necesidad. Actúa por aburrimiento.

  —?Crees que si no tiene con quién jugar… bajará?

  —Exacto —dijo Jhon—. Le quitó todo a su guerrero. Lo utilizó. Lo premió. Y luego lo castigó. Pero ahora... no tiene a quién usar. Y si quiere ver algo nuevo... tendrá que venir él mismo.

  La idea flotó en el aire como un plan imposible... y al mismo tiempo, completamente real.

  Shadow se incorporó. Ya no como arma. Como testigo.

  —Entonces tendremos que ser mejores que nunca.

  Jhon extendió la mano otra vez. Esta vez, para sellar el pacto completo.

  —Entrenaremos. Juntos. No por poder. Por legado. Porque si vencemos... el mundo cambia para siempre. Y si perdemos... que al menos quede claro que no nos rompió sin pelea.

  Shadow la tomó. No por impulso. Por elección.

  —

  Muy lejos, en un plano donde el tiempo no importa, Dios observaba. No hay intervención. Solo sonreía.

  Porque el aburrimiento... por fin, empezaba a sacudirse.

  El amanecer comenzaba a desplegarse sobre el campo de batalla. La luz tenue apenas acariciaba las ruinas, como si el mundo tuviera miedo de mostrar demasiado, demasiado pronto.

  Jhon se sentó junto a Shadow —quien seguía tendido, la mirada perdida, el cuerpo fracturado no por huesos rotos, sino por siglos de peso. Jhon cerró los ojos, concentrando lo poco de maná que había recuperado. Era insuficiente para sanarse por completo, pero más que nada… necesitaba estabilizarse.

  Shadow, por otro lado, no podía canalizar ni una gota. Su cuerpo había drenado todo tras la desaparición de la oscuridad. Tal vez tardaría días en producir maná otra vez.

  —Descansa —dijo Jhon con voz baja—. Yo te sostengo un rato.

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  Con cuidado, Jhon se incorporó y tomó a Shadow del brazo. Activó una técnica que no usaba hacía a?os: Caminar sobre el viento. No era vuelo. No era velocidad. Era… paciencia.

  Caminar sobre el viento era como pisar aire sólido. Su cuerpo flotaba apenas por encima del suelo, con cada paso firme como si caminara sobre agua sin romperla. Corría cuando podía, pero la velocidad era limitada.

  No era como volar.

  Volar era otra cosa. Volar era velocidad de una flecha disparada por un titán. Era corte en el aire. Deslizamiento entre corrientes. Era silencio atronador.

  Pero ahora… Jhon solo caminaba. Y eso bastaba.

  Después de una hora de trayecto, llegó a la aldea. Exhausto, pero en pie.

  Los aldeanos corrieron al verlo. Algunos con admiración, otros con miedo al ver la figura de Shadow sostenida por su brazo.

  —?Jhon! ?Sofia no está aquí! Fue al castillo con el rey hace unas horas.

  Jhon asintió sin decir palabra. Respiró hondo. Miró a Shadow, que apenas podía sostenerse por sí mismo, y lo cargó sobre su espalda.

  Y voló.

  La energía canalizada en sus piernas se concentró como un látigo invisible. Su cuerpo se disparó por el aire con una velocidad abrupta. Las nubes apenas lo rozaban. Como una flecha empujada por un dios que no quería esperar.

  —

  En el castillo del Reino del Norte, las salas ya estaban informadas del movimiento.

  Y justo cuando los guardias aún procesaban la aparición en el cielo…

  Jhon aterrizó.

  Sombra aún sobre su espalda. Sin armas. Sin rabia. Solo como un hombre que ya sabía lo que hacía.

  Sofia lo vio primero. No dudó.

  Corrió. Saltó. Y se aferró a él como si con ese abrazo pudiera anclarlo de nuevo al mundo.

  —Pensé… pensé que te había perdido —susurró, con voz quebrada y ojos que ya no sabían contener.

  Jhon la abrazó con fuerza. La sostuvo. Y luego… la besó.

  No como héroe. Como esposo.

  —Perdón —dijo él, apenas rozando su frente contra la de ella—. Sé que fui lejos… pero volví por ti.

  Sofia lo miró con ternura. Le acarició la mejilla con los dedos temblorosos. Y lo besó de nuevo.

  —

  Los guardias ya habían rodeado a Shadow, aún en la espalda de Jhon. Espadas alzadas. Miradas frías.

  Julius llegó en ese instante. No como rey distante. Como comandante que había visto demasiada sangre.

  —?Cómo osa ese hombre entrar a mi castillo después de lo que hizo?

  Jhon bajó a Shadow con cuidado. Lo sostuvo firme.

  —Yo lo traje.

  Julius lo fulminó con la mirada.

  —?Por qué no lo mataste?

  Jhon sabía que no podía revelar la verdad. Ni sobre Dios. Ni sobre el pasado de Shadow.

  Así que hizo lo único que podía.

  —Porque él no es solo un enemigo. Es mi hermano perdido. Lo descubrí durante la batalla. Fue… inevitable.

  Un murmullo se alzó entre los presentes.

  Julius frunció el ce?o.

  —?Y crees que eso borra las muertes? ?Las guerras? ?Los inocentes que cayeron por su ego?

  Jhon lo miró sin titubear.

  —No. No borra nada. Por eso estará como prisionero en mi aldea. Hará labores de reconstrucción. Vivirá su redención con las manos, no con magia.

  Y luego, bajando la voz, dijo lo que nadie esperaba:

  —Yo también inicié una guerra. Nobles mates... En tu reino.

  La sala quedó en silencio.

  Julius bajó la vista. Pensó. Respiró.

  —Hazlo. Pero si vuelve a tocar un arma sin permiso... La sangre no será negociable.

  Jhon asintió.

  Sofía lo tomó de la mano. Shadow permanecía en silencio. No como el monstruo. Como el hombre que volvía a aprender lo que es tener a alguien cerca.

  La calma parecía regresar, al menos por unas horas.

  Luego del intenso intercambio en el castillo, Jhon volvió a encontrar aquello que le daba sentido a su existencia: los brazos de su familia. Caminó por los pasillos, aún tambaleante, hasta encontrar a Alan, quien lo miraba con ojos enormes y brillantes. El ni?o extendió sus manitos con torpeza y se lanzó al pecho de su padre.

  —?Qué tal fue tu día, campeón? —susurró Jhon mientras lo abrazaba, la voz rasgada pero dulce.

  Alan respondió como podía. Aún sin dominar palabras. —Papá…

  Esa sola sílaba contenía más que cualquier discurso. Jhon lo apretó con ternura. Casi olvidando el dolor que lo atravesaba. Y Shadow, desde unos pasos detrás, lo observó.

  No dijo nada. Pero su cuerpo se tensó.

  Una imagen fugaz cruzó su mente: dos ni?os jugando en el jardín, una mujer sirviendo agua con limonada, el sonido de una risa peque?a que alguna vez dijo “papá” igual que Alan.

  Shadow parpadeó. No por rabia. Por memoria.

  Y cuando Jhon se volvió hacia Julius, aún abrazando al ni?o, hizo una reverencia leve, aún agotado.

  —Majestad… hasta aquí por hoy. Gracias por esperar.

  Julius lo observó sin hablar. Solo asintió con seriedad. Y Jhon partió junto a Sofia, Alan en brazos, y Shadow arrastrando los pies a su lado.

  —

  La aldea los recibió con tranquilidad. Algunos habitantes los vieron pasar con cierta confusión: una figura temida ahora caminaba junto al protector del reino.

  Pero nadie preguntó. El aire era demasiado denso para preguntas.

  Llegaron a la entrada de su casa. Y entonces… Jhon soltó a Alan con cuidado, se apoyó en el marco… y se desplomó.

  —?Jhon! —gritó Sofia, corriendo hacia él con desesperación.

  Alan se quedó quieto, sin entender. Solo apretó los labios y miró a su madre, buscando respuesta.

  Sofia se inclinó, tocó el rostro de Jhon, el cuerpo caliente, tembloroso.

  —??Qué pasó?! ?Qué le hiciste?! —se giró hacia Shadow, con los ojos afilados, la respiración contenida en furia.

  Shadow se detuvo, cansado, aún sin poder mantenerse completamente en pie. Levantó una mano en se?al de paz.

  —No fui yo —dijo con voz grave—. Se desmayó por falta de maná. El cuerpo no le dio para más... Solo necesita dormir.

  Sofía dudó. Sus ojos se llenaron de lágrimas no por sospecha... sino por el miedo de volver a perderlo.

  —?Estás seguro?

  Sombra asintió. —Completamente.

  Con esfuerzo compartido, ambos lo levantaron. Sofía por el amor. Sombra por la deuda.

  Lo llevaron a la cama, le acomodaron la espalda, y lo cubrieron con mantas tibias que aún conservaban el olor a hogar.

  Alan se trepó junto a su padre. Se quedó dormido, tocando su pecho con la palma.

  Sofía suspiró. Se sentó al borde. Shadow permaneció cerca de la entrada, sin querer cruzar más allá. Como si ese umbral aún no fuera suyo.

  Pero esa noche... no hubo batalla. No hubo juicio.

  Solo descanso. Solo un hombre dormido entre los suyos. Y otro, mirando desde lejos... recordando lo que una vez quiso proteger.

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