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Capitulo 73 La Mano Extendida No Es Una Rendición

  El campo de batalla, marcado por la tragedia de dos guerreros que se habían arrancado el alma a pu?etazos, permanecía en un silencio inquietante. Las nubes giraban en lo alto, atrapadas entre dos realidades que aún no sabían si debían terminar.

  Y entonces… algo se movió.

  Jhon, tendido entre polvo, sangre y piedra, levantó lentamente su brazo. Con una lentitud que dolía incluso de ver. Su torso tembló. Las piernas apenas obedecían. El hoyo oscuro que atravesaba su abdomen manchaba la tierra bajo él. Tosió. La sangre le nubló la garganta. Pero sus ojos, aunque rotos… despertaron con fuego.

  Desde el palacio del Reino del Norte, la proyección mágica captó la se?al.

  Uno de los sabios gritó:

  —?Se mueve! ?El cuerpo de Jhon… está respondiendo!

  Los soldados en la sala se giraron. Julius dio un paso al frente, incrédulo. Pero Sofia… Sofia no esperó.

  Se levantó de golpe, soltando a Alan con suavidad, como quien protege sin soltar. Las lágrimas comenzaron a escaparle sin permiso, pero esta vez no eran pesadas. Eran luz.

  —Jhon… —susurró, apenas conteniéndose—. Estás ahí… aún estás ahí…

  Alan, sin comprender por completo, sonrió al ver la expresión de su madre. Algo en sus ojos supo que su padre todavía pertenecía a este mundo.

  Sofia apoyó las manos sobre el cristal, como si su toque pudiera cruzar el plano.

  —Te vi partir con miedo. Pero estás regresando con algo más fuerte que la fe… Con verdad.

  —

  En la tierra devastada, Jhon logró ponerse de rodillas. Temblaba. Su rostro estaba cubierto de polvo seco, sangre cuarteada. El agujero en su torso ardía como una herida que gritaba aún en silencio.

  Se llevó la mano a ese hueco, cerrando los ojos.

  —Lo que queda… usémoslo.

  La luz dentro de él respondió. No como relámpago. Como suspiro.

  Una brasa blanca descendió desde su pecho a su palma, canalizándose hacia la herida abierta. No cerró del todo. Pero cicatrizó lo suficiente para que su cuerpo no colapsara. La piel se regeneró lentamente, pálida, vibrante. Como si el mundo lo cosiera con hilo de esperanza.

  Aún así… dolía. Y caminar era un acto de fe.

  Paso a paso, se acercó a Shadow.

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  Cada zancada sobre la piedra quebrada, cada inhalación como si sus pulmones lucharan por aire limpio. Pero no se detenía.

  Shadow lo observaba. Inmóvil. Silencioso.

  Su figura, rodeada de sombra líquida, temblaba como si su esencia se contradijera. Era poder. Pero también… duda.

  Jhon se detuvo a escasos metros.

  Las palabras comenzaron a brotar como un río lento:

  —Vi todo. Vi lo que te hicieron. Lo que perdiste. Lo que fuiste.

  Shadow alzó la mirada, por primera vez no con ojos de batalla, sino con ojos vacíos.

  —Quise destruirte —continuó Jhon—. Porque pensé que eras el fin. Pero ahora sé que fuiste castigo. El castigo por amar algo más que el deber divino.

  El silencio que siguió no fue hostil. Fue pesado. Como si el mismo universo se agachara a escuchar.

  —Y ahora que yo tengo una familia… —la voz de Jhon se quebró ligeramente— ahora que sé lo que es mirar el mundo desde el amor y no desde la obligación… lo sé.

  La luz crepitó dentro de él. No fuerte. Pero presente. Una llama persistente que no pedía permiso.

  —Si yo gano esta guerra... Dios me hará lo mismo que te hizo a ti.

  El viento respondió.

  No como tormenta. Como advertencia.

  Y entonces, Jhon extendió la mano. No como enemigo. No como juez. Como igual.

  Shadow la miró durante lo que pareció un ciclo entero.

  En sus pupilas rotas, hubo un temblor. No mágico. Humano.

  Y con una lentitud casi sagrada... tomó la mano.

  La alianza no estalló en luz. Ni en sombra. Solo en silencio.

  Un pacto sin palabras.

  Una promesa entre dos hombres quebrados. Que si alguna vez Dios pensó que podía romper a uno por amar... tendría que enfrentarse a dos que ya no tenían nada que perder.

  Shadow permanecía quieto.

  El cuerpo aún temblaba por dentro, no por las heridas, sino por algo más profundo que la carne. Sus ojos —antes pozos de sombra— miraban la mano extendida de Jhon como si fuera una provocación absurda. Su interior rugía en silencio:

  “?Este tipo cree que porque me vio llorar… voy a rendirme?”

  “Cree que con una mirada me va a sacar de siglos de oscuridad… ?En serio?”

  Shadow no se movía.

  La sombra que lo cubría se alzaba y respiraba como una criatura viva. Oscilaba entre sus hombros, serpenteaba por los brazos. Era una armadura, pero también una prisión construida con cada noche maldita que no fue escuchada.

  Y aún así…

  Jhon no bajó la mano.

  No temblaba. No exigía. Solo esperaba.

  Shadow frunció el ce?o. Una parte de él quería apartarse. Otra… quería entender por qué esa mirada se parecía tanto a una que creía haber olvidado.

  Fue entonces cuando la vio:

  La expresión en los ojos de Jhon.

  No era compasión. No era lástima. Era presencia.

  Era el mismo gesto con el que su hija alguna vez lo miró cuando le dijo que se había equivocado al intentar cocinar. El mismo brillo que Laura tenía cuando se caía, pero no lloraba. Era el gesto que decía:

  "No estás solo."

  El aire colapsó un segundo.

  Y antes de que Shadow pudiera entender del todo, su cuerpo se movió.

  Tomó la mano.

  No como quien acepta ayuda.

  Como quien recuerda qué es tener a alguien cerca.

  Y en ese instante, como si el universo se quebrara en reversa...

  Toda la oscuridad que lo rodeaba comenzó a desprenderse.

  Se deslizó lentamente por su espalda, girando en espirales suaves. El manto de sombra se replegó, no con violencia, sino como si supiera que ya no hacía falta.

  Regresó al artefacto.

  Una esfera negra en su cintura absorbió la sombra como un corazón tragando su propio dolor. No quedó rastro de la magia viva. Solo una figura —Shadow— que ahora parecía más hombre que monstruo.

  El viento se volvió cálido. La tierra no tembló. Sólo Jhon y Shadow, de pie, uno frente al otro, unidos por algo que no se selló con juramento... sino con una mirada.

  Y allá lejos, entre las monta?as, entre cristales y oraciones...

  Sofía soltó el aliento que llevaba días reteniendo.

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