Antonio despertó sin recuerdos. Sin pasado. Sin identidad.
Al igual que Jhon, Antonio había reencarnado en este mundo, encontrándose con un cuerpo nuevo, con habilidades por descubrir y con un destino que aún desconocía.
Al principio, las cosas fueron difíciles. Despertó en un bosque, desorientado y sin idea de dónde estaba. Pero con el tiempo, aprendió a sobrevivir, cazando, explorando y adaptándose a su nueva vida. Su historia comenzó de la misma manera que la de Jhon.
Pero había una diferencia.
Desde el momento en que llegó a este mundo, Antonio no estaba solo.
Después de semanas vagando por el bosque, Antonio encontró una aldea. Allí, conoció a su esposa, una mujer amable de cabello oscuro y ojos llenos de vida. Su nombre era Elena.
Con el tiempo, formaron una familia. Elena y Antonio construyeron una casa en la aldea, y juntos trajeron al mundo dos hijos, un ni?o y una ni?a, que se convirtieron en su razón para seguir adelante.
Antonio era feliz. Tenía un hogar, tenía amor, tenía un propósito.
Por a?os, vivió una vida tranquila. Pensó que había encontrado su lugar en este mundo, que había sido bendecido con la segunda oportunidad que jamás imaginó recibir.
Pero nada dura para siempre.
Fue una noche tranquila. Elena estaba preparando la cena, los ni?os jugaban cerca de la chimenea, y Antonio observaba la escena con una sonrisa en el rostro.
Fue entonces cuando lo sintió.
Una sombra apareció en la aldea. No era una bestia, no era un enemigo humano.
Era Dios.
Antonio lo reconoció de inmediato. Había hablado con él antes, en su primera vida.
Pero Dios no vino con bendiciones ni con respuestas. Vino con juicio.
"Tu tiempo aquí no debía ser así."
Las palabras de Dios resonaron en su mente como un trueno. Antonio no entendió. "?Qué quieres decir?"
"Tu destino no es vivir en paz. Tu destino es traer equilibrio a este mundo. Y en el equilibrio, debe haber sacrificio."
Antonio sintió un escalofrío. Fue entonces cuando vio el fuego.
La noche cayó sin advertencias. El viento soplaba como siempre, las estrellas parpadeaban en el cielo, y la aldea dormía en su tranquila rutina. Nadie sabía que en cuestión de minutos, aquel lugar dejaría de existir.
Antonio estaba sentado en su hogar, contemplando a su esposa mientras preparaba la cena. Elena siempre tenía una sonrisa cuando cocinaba, una expresión suave, como si el simple acto de hacer algo para su familia la hiciera feliz.
Sus hijos jugaban cerca de la chimenea. El ni?o imitaba a los guerreros de la aldea, fingiendo sostener una espada, mientras la ni?a reía, burlándose de su torpeza.
Antonio los miró con calma, sintiendo cómo su pecho se llenaba de gratitud. Había encontrado su propósito en este mundo. No era el guerrero más fuerte, ni el más sabio, pero tenía lo único que realmente le importaba: su familia.
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Y en menos de un minuto... todo se redujo a cenizas.
Primero vino el sonido.
Un estallido retumbó en el exterior, como si el cielo se estuviera rompiendo. Luego, el calor. Una presión sofocante entró a la casa, como si el aire se estuviera quemando por sí solo.
Antonio saltó de su asiento, su instinto reaccionando antes que su mente. Corrió hacia la puerta y, al abrirla, vio lo imposible.
La aldea estaba envuelta en llamas.
No fue un incendio que se propagó lentamente. No hubo tiempo de reacción. De la nada, columnas de fuego se elevaron desde el suelo, devorando techos, consumiendo los árboles, convirtiendo el aire en humo espeso.
El grito de Elena lo hizo girar.
Su esposa sujetaba a sus hijos con fuerza, sus ojos reflejaban un terror que Antonio nunca había visto en ella. Los ni?os lloraban, abrazándose, sin entender lo que estaba ocurriendo.
“?Antonio!” Elena extendió una mano.
él corrió. Corrió con toda la velocidad que su cuerpo le permitía, pero el fuego también corría.
Las llamas entraron a la casa como una bestia hambrienta, envolviendo las paredes, mordiendo la madera, cerrando el único espacio entre él y su familia.
Elena gritó.
Los ni?os comenzaron a toser, el humo llenó la habitación, las llamas rodearon el espacio donde estaban.
Antonio luchó con todo lo que tenía. Intentó llegar hasta ellos, pero cada movimiento que hacía solo acercaba más el fuego.
Cada vez que lograba dar un paso más cerca... las llamas crecían.
Entonces los vio.
A través del fuego.
Elena cayó al suelo, abrazando a sus hijos, cubriéndolos con su cuerpo mientras el humo negro los envolvía.
Antonio sintió cómo su garganta se cerraba, cómo su mente se fragmentaba en desesperación pura.
No podía detenerlo.
No podía hacer nada.
El fuego no dejó que los alcanzara.
Fue entonces cuando lo vio.
Entre la bruma del fuego, entre el humo que se elevaba como sombras vivientes, una figura apareció.
No tenía rostro. No tenía cuerpo.
Pero Antonio sabía quién era.
Dios estaba allí.
Observándolo.
Observando el fuego.
Observando cómo su mundo se destruía.
Antonio no sintió miedo. Sintió rabia.
“??Por qué?!”
Su voz se quebró en el aire, pero Dios permaneció inmóvil.
El fuego se intensificó. La estructura de la casa cedió. Elena dejó de moverse.
Los ni?os dejaron de respirar.
Antonio sintió su cuerpo paralizarse. La escena ante sus ojos era peor que cualquier pesadilla.
Nada quedaba. Nada podía salvarlos.
Fue entonces cuando Dios habló.
"El equilibrio ha sido restaurado."
Antonio sintió un pu?al perforar su pecho.
Su respiración se volvió errática, su cuerpo tembló.
"?Qué hiciste…?"
"Te di propósito. Ahora que lo has perdido, tendrás la fuerza para seguir el camino que debes recorrer."
La mente de Antonio se quebró en ese instante.
Sus labios se abrieron, pero no pronunció palabras.
Solo gritó.
Un grito que no fue de dolor, sino de algo más profundo.
De odio.
De desesperación.
De ruina.
Un grito que retumbó en toda la aldea en llamas.
Ese día...
Dejó de ser Antonio.
Ese día...
Se convirtió en Sombra.
Después del fuego, no quedó nada.
La aldea desapareció. Su hogar desapareció. Su humanidad desapareció.
Antonio caminó entre los restos carbonizados. Sus pasos fueron pesados, no porque estuviera cansado, sino porque no tenía adónde ir.
No tenía razón para existir.
Pero Dios le había dado una razón.
Si Dios quería equilibrio, entonces Antonio se encargaría de que el mundo entero cayera en la oscuridad.
Dejó de ser un hombre. Dejó de ser un padre. Se convirtió en la sombra de lo que alguna vez fue.
Por a?os, viajó, entrenó, aumentó su poder.
Se convirtió en el enemigo del mundo.
No porque lo quisiera.
Sino porque no tenía otra razón para vivir....
Sombra, Antonio, no siempre fue el villano.
Fue un hombre que amó, que so?ó, que tuvo una familia.
Pero su camino fue manipulado.
Dios lo hizo caer en la oscuridad.
Ahora, no es solo un enemigo.
Es alguien que pudo haber sido el héroe.
Alguien que pudo haber sido Jhon.
Pero que el destino convirtió en una sombra.
?Puede Jhon salvarlo? ?Puede Antonio encontrar redención?
?O ya es demasiado tarde?

