El camino hacia la Monta?a Ardiente fue implacable.
A medida que Jhon avanzaba, el aire cambiaba. Se volvió seco, áspero, pesado. Cada respiración le costaba más. No era solo el calor—era como si la propia tierra se estuviera volviendo hostil, rechazando su presencia, como si le estuviera advirtiendo que no continuara.
Pero Jhon no se detendría.
El Espíritu del Viento le había dicho que su próxima prueba lo esperaba aquí. Y si quería derrotar a Sombra, si quería proteger a Alan, necesitaba dominar el fuego.
Finalmente, llegó a la base de la monta?a. Era un paisaje muerto—las rocas eran negras, cubiertas por cenizas, el suelo resquebrajado como si el calor lo hubiera castigado durante siglos. No había ríos, ni vegetación, ni vida alguna.
Pero había fuego.
Llamas rojizas emergían de grietas en el suelo, retorciéndose como serpientes vivas, y en la cima de la monta?a, una figura de fuego esperaba su llegada.
La voz rugió desde el calor, no con palabras suaves, sino con un estruendo que hizo vibrar todo el terreno.
"?Eres el siguiente que busca dominar el fuego?"
No fue una pregunta. Fue una afirmación. El Espíritu del Fuego ya sabía la respuesta.
Jhon levantó la cabeza y, en lo alto, vio ojos hechos de brasas ardientes, una presencia que no mostraba paciencia, ni simpatía, ni compasión.
"El fuego no ense?a con palabras. Si quieres aprender, primero debes sobrevivir".
Las llamas se elevaron, y todo se volvió rojo.
Sin advertencia, el fuego envolvió a Jhon.
El aire se tornó insoportable, el calor perforó su piel, cada centímetro de su cuerpo gritó en agonía. No había escapatoria.
"El fuego consume a los débiles."
La voz del Espíritu del Fuego se filtró en su mente como un trueno, pero Jhon apenas podía escucharla. Su cuerpo entero ardía, su respiración se tornó errática, su piel sentía que se estaba desprendiendo de él.
"Si no resistes, serás cenizas antes de aprender su poder."
Jhon gritó en silencio.
No había dolor comparable. Era como si la propia esencia del fuego estuviera intentando devorarlo, como si cada fibra de su ser se estuviera derritiendo.
Su piel se volvió roja, su visión se tornó borrosa.
Su instinto lo obligó a escapar. A huir.
Pero no podía moverse.
Las llamas le rodeaban como una prisión. No había salida.
El Espíritu del Fuego observaba desde lo alto, sin emoción. No le importaba si Jhon sufría.
"El fuego es implacable. Si no eres más fuerte que él, te destruirá."
Jhon sintió que su cuerpo estaba a punto de ceder.
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Las lágrimas ardían en sus ojos, su mente gritaba por ayuda. Pero no había nadie.
En ese instante, Sombra apareció en su mente.
—No puedes compararte conmigo, Jhon.
Y entonces, algo cambió.
En medio de la desesperación, Jhon dejó de luchar contra el fuego.
Dejó de resistirse.
Dejó de temerle.
El fuego no era su enemigo.
El fuego era su prueba.
Respiró profundo... y aceptó el fuego en su cuerpo.
En ese instante, algo cambió.
El dolor dejó de ser su enemigo. Y comenzó a convertirse en su fuerza.
Las llamas seguían ardiendo, pero ahora eran parte de él.
El Espíritu del Fuego observó con atención.
"Interesante..."
Jhon había superado su primera prueba.
Pero el fuego apenas había comenzado a ense?arle.
La primera prueba había sido la resistencia—Jhon había soportado las llamas sin ser consumido, pero ahora enfrentaría un desafío aún más difícil. El fuego no solo arde con calor; también arde con emociones.
El Espíritu del Fuego, con su cuerpo incandescente, observaba a Jhon desde las alturas de la monta?a. Sus ojos eran brasas vivas, su presencia un constante rugido de calor.
"Has soportado el fuego físico... pero eso no es suficiente."
Las llamas alrededor de Jhon comenzaron a cambiar.
Ahora no eran solo fuego.
Se movían de manera diferente, como si tuvieran intención, como si estuvieran a punto de hacer algo más que quemar.
"El fuego no existe solo en la naturaleza. También existe en tu interior. La ira. El odio. La furia. Todo lo que arde dentro de ti... es fuego. Y si no puedes controlarlo, te consumirá."
Jhon frunció el ce?o. Sabía que el entrenamiento no sería fácil, pero no estaba preparado para lo que vendría.
De repente, el mundo cambió.
Jhon ya no estaba en la monta?a.
Las llamas lo habían envuelto, y cuando abrió los ojos… no vio fuego.
Vio imágenes.
Vio su vida.
Las llamas le mostraron recuerdos que había intentado olvidar.
Primero, el templo donde fue derrotado por Sombra. Vio su cuerpo golpeado, humillado. Escuchó la voz de Sombra burlándose de él.
"No puedes compararte conmigo, Jhon."
Luego, vio a Sofia sola en la aldea, embarazada, esperando por él mientras él entrenaba lejos de casa. Vio su expresión preocupada, preguntándose si él regresaría algún día.
Las llamas ardieron más fuerte.
Y entonces, lo peor de todo. Vio a Alan.
Su hijo.
Pero no como lo había visto en la aldea.
Lo vio en el futuro.
Lo vio muerto.
El mundo estaba en ruinas. Sombra se alzaba como un titán oscuro. La aldea estaba destruida, los aldeanos desaparecidos. Sofía y Alan no habían sobrevivido.
Las llamas le mostraban un futuro en el que él había fallado.
Jhon sintió que algo dentro de él se rompía.
Su corazón comenzó a latir más rápido. Su cuerpo tembló.
"Esto es lo que sucede si no puedes controlar el fuego dentro de ti."
La voz del Espíritu del Fuego resonó en su mente. Pero Jhon no podía escucharla.
Porque estaba ardiendo.
No por el calor. Por su ira.
Jhon sintió rabia.
Rabia como nunca antes.
Su cuerpo comenzó a brillar con una energía intensa, las llamas de la monta?a respondiendo a su furia.
"Ahora eres fuego. ?Y qué hace el fuego sin control?"
El Espíritu del Fuego levantó una mano, y de repente, las llamas que Jhon emanaba comenzaron a atacarlo.
Su propio poder estaba intentando destruirlo.
Cada centímetro de su piel estaba rodeado de fuego, su visión roja, su respiración pesada. Su ira lo estaba quemando desde adentro.
"Si sigues así, te destruirás a ti mismo."
Las palabras se sintieron lejanas, pero algo en Jhon reaccionó.
Se vio a sí mismo cubierto en fuego, a punto de perder el control completamente.
Vio a Sombra... Vio a Alan... Vio lo que sucedería si seguía ardiendo sin razón.
Y entonces...
Se detuvo.
Jhon cerró los ojos.
El fuego en su cuerpo seguía rugiendo, pero esta vez no lo dejó consumirlo.
Respiró hondo.
Las llamas comenzaron a calmarse.
"El fuego es fuerza, pero también puede ser destrucción."
El Espíritu del Fuego lo observó con atención.
Jhon había aprendido algo crucial.
No debía apagar el fuego dentro de él. Pero tampoco debía dejar que lo controlara.
Las llamas se disiparon.
La prueba de la ira había terminado.
Pero aún quedaba mucho por aprender.

