home

search

Capítulo 113: EL LUGAR DONDE EL TIEMPO NO PESA

  I. El cuarto a?o

  El invierno llegó sin nieve, pero con un frío que calaba en los huesos. El claro de entrenamiento estaba cubierto de escarcha por las ma?anas, y el aliento de Jhon y Antonio se dibujaba en el aire como humo de batalla.

  Pero algo había cambiado.

  Ya no caían al suelo tras cada intento. Ya no sangraban por la nariz. Ya no se miraban con frustración, sino con una determinación silenciosa. La sincronización, aunque aún imperfecta, comenzaba a sentirse natural. Como si sus cuerpos hubieran aprendido a escucharse incluso antes de que sus mentes lo hicieran.

  Kai lo notaba. No decía mucho, pero sus silencios eran distintos. Más atentos. Más esperanzados.

  —Otra vez —decía cada ma?ana.

  Y ellos obedecían. Pero ahora… con fe.

  —

  II. El cruce

  Una tarde, mientras Jhon y Antonio practicaban una secuencia de canalización inversa, Alan se encontraba en su rincón habitual del jardín. Había dejado de esconderse. Sofía sabía que le gustaba jugar solo, y lo dejaba explorar mientras cocinaba o tejía.

  Alan estaba sentado sobre una manta, con su cuaderno abierto y una taza de leche tibia a su lado. Frente a él, una peque?a esfera morado rojiza giraba lentamente sobre su palma. Ya no necesitaba concentrarse tanto. Ya no le costaba invocar los elementos. Ahora jugaba con ellos como si fueran piezas de un rompecabezas que conocía de memoria.

  Pero esa tarde, algo fue distinto.

  Sintió un tirón. No en el cuerpo. En el pecho. Como si alguien lo llamara desde muy lejos… y muy cerca al mismo tiempo.

  Parpadeó.

  Y el mundo cambió.

  —

  III. El lugar sin tiempo

  Ya no estaba en el jardín.

  Estaba en un campo de hierba suave, bajo un cielo violeta con dos soles. A lo lejos, una colina. En la cima, una mesa de madera, con una tetera humeante, tazas, galletas, y dulces de colores que no existían en Eldoria.

  This narrative has been purloined without the author's approval. Report any appearances on Amazon.

  Y junto a la mesa… la figura.

  Seguía siendo borrosa. Como si el mundo no pudiera decidir qué forma darle. Pero su presencia era cálida. Familiar. Como un abrazo que no necesita brazos.

  —Hola, Alan —dijo, con voz suave.

  —Estoy despierto —respondió el ni?o, sorprendido.

  —Sí. Y eso es bueno. Significa que ya no necesitas dormir para venir.

  Alan se acercó. La figura le sirvió una taza de algo que olía a canela y estrellas.

  —?Qué es este lugar?

  —Un espacio entre pensamientos. Un rincón donde el tiempo no pesa.

  Alan se sentó. Tomó una galleta. Era crujiente y dulce, con un sabor que le recordaba a su madre… y a algo más antiguo.

  —?Por qué me traes aquí?

  La figura sonrió.

  —Porque tú puedes venir. No todos pueden. Pero tú sí.

  —?Y qué hago aquí?

  —Lo que quieras. Hablar. Jugar. Preguntar. Crear.

  Alan pensó un momento.

  —?Puedo quedarme un rato?

  —Todo el que necesites.

  Y así lo hizo.

  —

  IV. El avance

  En el claro, Jhon y Antonio lograban mantener la fusión parcial durante varios segundos. No era estable. No era completa. Pero era real.

  Kai los observaba con atención.

  —Sientan el ritmo —decía—. No lo fuercen. No lo aceleren. Solo acompá?enlo.

  La energía fluía entre ellos como un puente de luz y sombra. A veces temblaba. A veces se rompía. Pero cada vez duraba más.

  Una tarde, lograron mantenerla durante un minuto completo.

  Kai no dijo nada. Pero cuando se alejaron, se permitió cerrar los ojos… y sonreír.

  —

  V. Alan y el juego de crear

  En el lugar sin tiempo, Alan y la figura jugaban a crear cosas.

  —?Qué pasa si mezclo esto? —preguntaba Alan, uniendo una chispa de fuego con una gota de sombra.

  —Prueba —respondía la figura.

  Y lo hacía.

  A veces, el resultado era hermoso: una mariposa de humo que cantaba. Otras veces, era un desastre: una explosión de barro que los cubría de pies a cabeza.

  Ambos reían.

  —?Por qué no se enojan los elementos aquí? —preguntó Alan.

  —Porque aquí no tienen miedo. Aquí no compiten. Solo existen.

  —?Y por qué allá sí se pelean?

  La figura lo miró con ternura.

  —Porque allá, todos creen que deben ganar. Aquí, solo quieren ser.

  Alan asintió, como si entendiera algo que no podía explicar.

  —

  VI. La pregunta

  El cuarto a?o llegaba a su fin.

  En el claro, Jhon y Antonio ya no entrenaban como aprendices. Se movían como uno. No aún en fusión, pero sí en propósito. En intención. En confianza.

  Kai había dejado de dar órdenes. Ahora solo observaba. Y esperaba.

  Esa noche, en el lugar sin tiempo, Alan y la figura compartían una taza de café con leche y un pastel de miel.

  El ni?o miró al cielo violeta. Luego a su compa?ero.

  —?Puedo preguntarte algo?

  —Claro.

  —?Sabes por qué mi papá y Antonio no pueden fusionarse del todo?

  La figura asintió.

  —Sí.

  Alan se inclinó hacia adelante.

  —?Por qué?

  La figura dejó la taza sobre la mesa. Su voz fue suave, pero firme.

  —Porque aún creen que deben protegerse el uno del otro.

  Alan frunció el ce?o.

  —?Protegerse?

  —Sí. Jhon teme perder a Antonio. Antonio teme fallarle a Jhon. Ambos se cuidan tanto… que no se entregan por completo.

  —?Y cómo pueden cambiar eso?

  La figura sonrió.

  —Diles que no se protejan. Que se confíen. Que se entreguen sin miedo. Que no se cuiden… que se unan.

  Alan lo pensó.

  —?Eso es todo?

  —Eso es todo. Pero es lo más difícil.

  —

  VII. El regreso

  Alan despertó en su cama, con el sabor del café aún en la boca y una galleta en la mano.

  Se levantó. Caminó hasta el claro, donde Jhon y Antonio entrenaban al amanecer.

  Se quedó a un lado, en silencio, observando.

  Cuando terminaron, se acercó.

  —Papá. Antonio.

  Ambos lo miraron, sorprendidos.

  —?Qué haces aquí tan temprano? —preguntó Jhon.

  Alan los miró con seriedad.

  —No se protejan tanto.

  Antonio frunció el ce?o.

  —?Qué?

  —No se cuiden. Confíen. Entréguense. No tengan miedo.

  Jhon se agachó.

  —?Quién te dijo eso?

  Alan sonrió.

  —Un amigo.

  Y se fue, dejando a ambos en silencio.

  Kai, desde la distancia, lo había escuchado todo.

  Y por primera vez… sintió que el final estaba cerca.

Recommended Popular Novels