PRIMEROS PODERES OBTENIDOS
Después de colapsar en la cima de la fosa, los espíritus antiguos se acercaron a Jhon y Antonio en forma de luz cálida — una luz que no quemaba, sino que calmaba el dolor.
“Habéis pasado las pruebas del aire y la tierra. Vuestro poder se ha multiplicado”, dijo la voz del espíritu de la tierra.
Jhon abrió los ojos y activó su Visión de Datos — la pantalla apareció frente a él, brillante:
JHON, CONDE REENCARNAADO
- Nivel: 200
- Atributos: Fuerza 200 | Agilidad 200 | Magia 200 | Resistencia 200 | Concentración 200
- Mejoras: Hechizos de aire y tierra +80%
- Nuevas habilidades:
? Vuelo Supremo: Velocidad de vuelo duplicada, capacidad de manejar corrientes violentas.
? Armadura de Aire y Tierra: Más resistente, absorbe hasta el 70% de los impactos físicos y mágicos.
Antonio, aunque con el brazo hinchado, también vio la pantalla cuando Jhon se lo mostró:
ANTONIO, GUERRERO REDIMIDO
- Nivel: 200
- Atributos: Fuerza 200 | Agilidad 200 | Magia 200 | Resistencia 200 | Concentración 200
- Mejoras: Hechizos de aire y tierra +80%
- Nuevas habilidades:
? Vuelo Elemental: Capacidad de volar usando el viento, igual que Jhon.
? Armadura de Tierra Solida: Protege todo el cuerpo de golpes fuertes, resiste cortes y impactos.
? Pistola de Rocas: Dispara una roca peque?a a velocidad sobrehumana (más de 300 km/h), capaz de atravesar metales y cuerpos.
“?No lo creo!” dijo Antonio, con la voz todavía rota. Intentó mover el brazo y sintió menos dolor — la luz del espíritu le había aliviado parte del da?o.
Jhon se levantó con esfuerzo, activó su magia de agua (que ya tenía de entrenamientos pasados) y extendió la mano hacia Antonio. “Deja que te cure completamente”. Agua brillante fluyó desde su palma, envolviendo el brazo de Antonio — el hueso se soldó en segundos, el hinchazón desapareció y la piel se cerró. Luego se curó a sí mismo: los cortes, las costillas rotas y la pierna adolorida volvieron a estar intactos.
“Listo”, dijo Jhon, sonriendo por primera vez en días. “Ahora… el elemento agua”.
Antonio asintió, apretando los pu?os — sentía la nueva fuerza en sus venas, pero sabía que el peor aún venía.
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TERCER ELEMENTO: EL MAR DE LAS EMOCIONES (Días 8-17)
La siguiente sala se llenó de agua hasta formar un mar infinito, con un cielo negro y sin estrellas. En el centro, una isla peque?a se veía a lo lejos — la salida. El espíritu del agua apareció en forma de una figura de luz azul, con una voz que parecía un llanto.
“Este es el mar de las emociones. él ampliará lo que hay en vuestros corazones hasta que lo rompan. Debéis llegar a la isla en menos de 6 horas por día — si no, el mar te tragará”.
El agua estaba fría como el hielo, y cuando Jhon y Antonio se metieron, sintieron cómo le penetraba hasta los huesos.
JHON:
Sabía la ense?anza de la compasión, pero el mar era diferente — cargado de tristeza y rabia acumulada durante siglos. Empezó a nadar, pero el agua amplió su miedo al fracaso: “?Y si no vuelvo a Sofía? ?Y si Alan nunca me vuelve a decir ‘papá’?”
El miedo lo paralizó, y se empezó a hundir. Agua le entró por la nariz y la boca, lo ahogaba lentamente. “No… tengo que luchar”, pensó, aguantándose la respiración y volviendo a nadar. Pero la tristeza lo invadió — recordó a las personas que habían muerto en la fortaleza, a los amigos que había perdido. Se desvió del camino, nadando sin rumbo, y cayó en un remolino que lo hizo girar hasta ponerse mareado.
Falló la primera vez: no llegó a la isla en 6 horas, y el mar lo echó hacia la orilla, lo dejó tendido y le quitó el aliento durante unos segundos. “La compasión no es solo para los demás… también para mí”, pensó, cerrando los ojos.
Lo intentó el segundo día: falló de nuevo — la rabia contra el dios de la reencarnación se amplió, lo hizo nadar con demasiada fuerza, se cansó y se hundió. El tercer día, mientras nadaba, sintió la emoción de Sofía y Alan en su corazón — esa luz lo mantuvo en el camino. Pero aún así, falló una vez más al tropezar con un lecho de rocas ocultas.
Hasta el día 10, Jhon falló 5 veces en total — cada vez el mar le amplió una emoción diferente, lo hizo sufrir, lo ahogó, lo mareó. Finalmente, el día 10, encontró el equilibrio: usó sus emociones como motor, no como carga. Voló un poco con su nuevo poder de aire para ahorrar fuerzas, nadó con ritmo y llegó a la isla en 5 horas y media.
Cuando llegó, se desplomó en la arena, llorando — no de dolor, sino de liberación. El mar le había ense?ado algo nuevo.
“Has aprendido que las emociones no son una carga — son el combustible que te lleva a tu destino, si sabes usarlas”, dijo el espíritu del agua.
ANTONIO:
El guerrero se metió en el agua y sintió inmediatamente cómo la rabia lo invadía — la rabia contra sí mismo por su pasado, contra el dios que lo manipuló, contra el mundo que lo juzgó. “?No soy un malvado! ?Yo no quería hacer da?o!” gritó, pero el agua le tapó la boca.
La rabia lo hizo nadar con fuerza desmedida, pero se desvió del camino y cayó en un remolino que lo hizo girar hasta perder el sentido de la dirección. Se hundió, agua le entró por todos lados, y el mar lo echó hacia la orilla. Falló la primera vez.
El segundo día, volvió a intentarlo — la tristeza lo invadió. Recordó a su familia, a la mujer que amó y perdió, a los amigos que le abandonaron. Se paró en el agua, sin fuerzas para nadar, y se empezó a hundir. El mar lo sacó de nuevo, lo dejó tendido y le hizo sentir como si su corazón se rompiera en pedazos. Falló la segunda vez.
Los días siguientes fueron un infierno crudo:
- Día 4: Falló la cuarta vez — el miedo a volver a ser un sirviente del dios se amplió, lo hizo temblar hasta no poder moverse, y se hundió.
- Día 6: Falló la sexta vez — la envidia hacia Jhon (que lo hacía más fácil) lo invadió, lo hizo actuar con impaciencia, y se golpeó contra una roca oculta, dejándose una herida en la pierna que le sangró profusamente.
- Día 8: Falló la octava vez — se desmayó en el agua, y el mar lo sacó justo a tiempo para que no se ahogara. Se despertó con la piel azul de frío y la mente a punto de romperse.
“?No puedo más!” gritó el día 9, tendido en la orilla. “La rabia me consume… la tristeza me mata… soy un fracaso total!” Se cerró los ojos, listo para dejar que el mar lo tragara.
Pero entonces escuchó la voz del espíritu, justo al lado de su oído: “El agua amplía lo que hay en tu corazón — pero tú eres quien decide qué dejar entrar. La rabia te hunde, la compasión te hace flotar. Compadece a ti mismo, guerrero”.
Antonio abrió los ojos y miró su mano — la misma mano que había matado, pero también la que había protegido a Jhon. “Soy un hombre con un pasado malo… pero puedo tener un futuro bueno”, pensó. Sintió compasión por sí mismo, por sus errores, por su dolor.
Lo intentó de nuevo el día 10: falló la novena vez, pero esta vez no se rindió. El día 12: falló la décima vez, pero nadó más lejos que nunca. El día 15: casi llega a la isla, pero se cansó y se desvió. El día 17 — el último día permitido — se metió en el agua con la mente clara y el corazón lleno de compasión.
Nadó con ritmo, usó su nuevo poder de vuelo para levantarme unos metros cuando se cansó, y evitó los remolinos. Cuando llegó a la isla, se desplomó junto a Jhon, con lágrimas de alegría y dolor mezcladas en su rostro. La piel le quemaba por el frío, la herida en la pierna le dolía, pero se sentía libre por primera vez en su vida.
“Has aprendido que la compasión por sí mismo es el único camino para salir del mar de las emociones — sin ella, te hundirás para siempre”, dijo el espíritu del agua.
Jhon se levantó y le curó la herida a Antonio con su magia de agua, que ahora sentía más fuerte que nunca. Ambos miraron al mar, que ahora estaba calmado, y luego a la puerta que llevaba a la siguiente prueba.
“El fuego viene”, dijo Jhon, con voz firme.
Antonio asintió, levantándose con esfuerzo. “Estoy listo. Ya no tengo miedo a mis emociones… ni a mi pasado”.

