home

search

Capítulo 111: LO QUE NADIE VE

  I. El segundo a?o

  El tiempo se volvió una espiral.

  Los días ya no se contaban por el sol, sino por los intentos. Cada amanecer era una nueva oportunidad. Cada anochecer, una derrota más. Jhon y Antonio entrenaban sin descanso, bajo la mirada incansable de Kai, que ya no corregía con palabras, sino con silencios.

  La fusión consciente seguía siendo un muro imposible.

  —No es que no puedan —decía Kai, mientras trazaba nuevas secuencias de sincronización en la tierra—. Es que aún no saben quiénes son cuando están juntos.

  —?Y cómo se aprende eso? —preguntó Jhon, jadeando.

  —Viviendo —respondió Kai—. Y fallando.

  Antonio se dejaba caer de espaldas sobre la hierba, sudando.

  —Entonces vamos bien. Porque fallamos todos los días.

  Kai no sonrió. Solo asintió.

  —Entonces están aprendiendo.

  —

  II. Alan observa

  A unos metros del claro, oculto entre los arbustos, Alan observaba.

  No era la primera vez. Desde hacía semanas, se escabullía después de sus clases con Julius, se escondía entre las ramas, y miraba. No entendía todo lo que veía, pero algo dentro de él vibraba con cada movimiento de su padre y de Antonio. Como si su cuerpo recordara algo que su mente aún no sabía.

  Ese día, mientras Jhon y Antonio intentaban una nueva secuencia de canalización cruzada, Alan estiró las manos frente a él. Cerró los ojos.

  —Luz en la derecha… sombra en la izquierda —susurró.

  Y ocurrió.

  Una chispa blanca surgió de su palma derecha. Una neblina oscura, de la izquierda. No eran poderosas. No eran estables. Pero estaban ahí.

  Alan abrió los ojos, asombrado.

  This book's true home is on another platform. Check it out there for the real experience.

  —Funcionó…

  Miró sus manos. Las cerró. Las volvió a abrir. Las energías se desvanecieron.

  Volvió a intentarlo.

  Y esta vez, cuando trató de unirlas… explotó.

  Un estallido silencioso lo lanzó hacia atrás, cubriéndolo de tierra y hojas. Tosió. Se sacudió. Nadie lo había visto.

  —Ups…

  Se levantó. Se limpió. Y volvió a intentarlo.

  —

  III. El muro invisible

  Mientras tanto, en el claro, Jhon y Antonio se enfrentaban a una nueva versión del círculo de convergencia. Esta vez, Kai había a?adido un tercer anillo: uno que giraba lentamente, como un reloj sin manecillas.

  —Este anillo mide la sincronía —explicó—. Si logran estabilizar su energía, el anillo se detendrá. Si no… girará más rápido. Y si gira demasiado… se romperá.

  —?Y qué pasa si se rompe? —preguntó Antonio.

  —Entonces sabremos que aún no están listos.

  Jhon y Antonio se colocaron en posición. Respiraron. Sintieron. Invocaron.

  La energía surgió. Luz y sombra, danzando. El anillo comenzó a girar.

  Al principio, lento. Luego, más rápido. Luego, con un zumbido agudo.

  —?Concéntrense! —gritó Kai.

  Pero era inútil.

  La energía se desbalanceó. La sombra se adelantó. La luz se resistió. El anillo giró como un torbellino… y estalló.

  Ambos cayeron al suelo, cubiertos de polvo y frustración.

  Kai no dijo nada. Solo recogió los fragmentos del anillo.

  —Ma?ana —dijo—. Lo intentaremos de nuevo.

  —

  IV. Alan crea

  Esa noche, mientras todos dormían, Alan salió al jardín.

  Se sentó en la hierba. Cerró los ojos.

  —Luz… sombra…

  Las energías surgieron. Más estables esta vez. Más obedientes.

  —Ahora… fuego y viento.

  Extendió las manos. De una, surgió una llama. De la otra, una corriente de aire.

  Las acercó.

  El fuego se avivó. El viento giró. Pero no se mezclaron. Se repelieron.

  Alan frunció el ce?o.

  —Vamos… juntos…

  Intentó unirlas. El fuego se apagó. El viento se dispersó.

  Suspiró.

  —Otra vez.

  Lo intentó durante horas. Fracasó. Se quemó los dedos. Se congeló las manos. Se cubrió de barro. Pero no se rindió.

  Al tercer día, lo logró.

  Fuego y viento se unieron en una espiral ardiente que giraba sobre su palma. No era grande. No era perfecta. Pero era real.

  Alan sonrió.

  —?Sí!

  —

  V. El desgaste

  En el claro, Jhon y Antonio ya no hablaban tanto.

  El entrenamiento se había vuelto una rutina de repeticiones, de errores, de ajustes mínimos. Kai seguía guiándolos, pero su voz era más baja. Su mirada, más distante.

  Una tarde, después de otro intento fallido, Jhon se quedó sentado en el suelo, mirando sus manos.

  —?Y si no podemos? —preguntó.

  Antonio no respondió.

  —?Y si esto… simplemente no es para nosotros?

  Kai se acercó. Se sentó con ellos.

  —?Creen que Yen-Lua lo logró a la primera?

  —No —dijo Antonio—. Pero él era uno solo. Nosotros somos dos.

  —Y por eso tienen una ventaja —respondió Kai—. Dos corazones. Dos memorias. Dos caminos. Si logran unirlos… serán más que él.

  Jhon lo miró.

  —?Y si no lo logramos nunca?

  Kai bajó la mirada.

  —Entonces moriremos intentándolo.

  —

  VI. Alan trasciende

  Esa noche, Alan fue más lejos.

  —Agua y tierra —susurró.

  Una esfera líquida surgió de su mano izquierda. Una roca flotante, de la derecha.

  Las acercó.

  El agua se filtró en la piedra. La piedra se volvió barro. El barro giró. Se solidificó. Luego se quebró.

  —No… no así.

  Lo intentó de nuevo.

  Y de nuevo.

  Durante días.

  Hasta que, una noche, lo logró.

  Una esfera de barro viviente giró sobre su palma, con raíces de agua que latían como venas.

  Alan reía en silencio.

  —Ahora… los opuestos.

  Fuego y agua.

  Viento y tierra.

  Intentó. Falló. Se mojó. Se quemó. Se cubrió de polvo.

  Pero no se detuvo.

  —

  VII. El color imposible

  Una semana después, Alan se sentó en el centro del jardín.

  Respiró.

  —Luz. Sombra. Fuego. Agua. Tierra. Viento.

  Uno a uno, los elementos surgieron.

  —Ahora… todos.

  Los reunió en el aire. Formaron un torbellino caótico. Chocaban. Se repelían. Se deshacían.

  Alan cerró los ojos.

  —No peleen. Sean uno.

  El torbellino se contrajo. Se estabilizó.

  Y entonces… cambió de color.

  Una esfera surgió. No blanca. No negra. No roja, ni azul, ni verde.

  Era morado rojizo. Como un corazón que arde y respira al mismo tiempo.

  Alan lo sostuvo entre sus manos.

  —Lo logré…

  Y el mundo… no se dio cuenta.

  Aún.

Recommended Popular Novels