home

search

Capítulo 61 Fragmento de la Luz – Parte 1: El Juicio de la Presencia

  jhon decide dirigirse al elemento luz para poder contra restar la oscuridad de sombra, por lo cual se fue a una zona en la cual está claramente

  el espíritu de luz, ya que en el sitio No hubo Sendero hacia el Espíritu de la Luz. Solo una extensión infinita de blanco puro, sin textura, sin sombra, sin sonido. Jhon no supo si caminaba, flotaba o simplemente existía en ese espacio. El suelo no ofrecía resistencia; sus pasos no hacían eco. La luz venía de todas partes, pero no iluminaba: desnudaba.

  Frente a él se materializó el Espíritu.

  No tenía forma concreta. Fluctuaba entre figura humana y simple resplandor, con una mirada que no juzgaba, pero tampoco ofrecía consuelo. Era como si lo mirara desde dentro, como si no le interesara su cuerpo, sino los lugares de su mente donde ni siquiera él se atrevía a mirar.

  "Muchos buscan la luz esperando que los salve," dijo con voz serena y absoluta. "Pero la luz no salva. Solo revela. ?Estás listo para ver?"

  Jhon dudó, pero asintió. No estaba seguro de estar listo, pero ya estaba allí. No podía huir del último elemento.

  El Espíritu extendió la mano.

  Y todo se rompió.

  Delante de él, proyectado con más claridad que cualquier recuerdo, vio su hogar. Pero no el hogar que conocía. Estaba calcinado, las paredes hechas cenizas, las ventanas colapsadas. El aire era gris y sin vida.

  Y en el suelo, rodeados de ceniza...

  Sofía. Alan.

  Jhon se lanzó hacia ellos, pero su cuerpo no respondió. Solo pudo mirar.

  El rostro de Sofía estaba inmóvil, pero no en paz. Tenía los ojos abiertos, fijos, con una expresión congelada de terror. Su vientre aún sangraba, como si hubiera intentado proteger a Alan hasta el último segundo. Pero su brazo... su brazo estaba extendido, como si hubiera tratado de alcanzar la mano de su hijo.

  Alan... Dios...

  Alan tenía los ojos abiertos también, pero no había vida. Solo esa mirada vacía que los ni?os no deberían tener. Como si hubiera entendido lo que ocurría justo antes de que terminara. Como si lo último que vio hubiera sido el rostro de su madre desfigurada por el horror.

  Jhon gritó.

  "No, esto no es real. ?No puede ser real!"

  Pero la escena no se deshacía. Cambiaba.

  Ahora Sofía estaba viva. Gritaba por Jhon, atrapada entre ruinas. Sangraba. Su voz resonaba como un eco de desesperación infinita. "?JHON! ?Dónde estás? ?Por qué no estás aquí? ?Jhon, por favor!"

  Jhon trató de correr. Pero el suelo no cedía. Era como estar atrapado dentro de su propio pecho. Quiso cerrar los ojos, pero la visión lo perseguía igual.

  "?NO TE VAYAS!", gritaba Sofía. "?NO NOS DEJES!"

  Y luego... silencio.

  La siguiente escena fue peor.

  Alan, solo, caminando entre los restos de la aldea. Las casas eran tumbas vacías. Los árboles quemados. Tenía una peque?a capa hecha jirones. Sus pasos eran torpes, su expresión... no había expresión. Era un ni?o sin alma.

  The narrative has been illicitly obtained; should you discover it on Amazon, report the violation.

  Jhon intentó hablarle. Lo llamó una y otra vez, pero Alan no lo escuchaba.

  Solo caminó hasta el centro de la aldea destruida.

  Y se sentó.

  Y esperó.

  Por nadie.

  Por nada.

  La voz del Espíritu apareció dentro de su mente, sin forma.

  "Esto es lo que temes cada noche, cuando el mundo calla y nadie te ve. No temes morir. Temes vivir sabiendo que podrías perderlos."

  Jhon cayó de rodillas. No pudo respirar. El corazón le latía como si fuera a destruirle las costillas desde dentro.

  "?Puedes soltar ese miedo, Jhon? ?Puedes seguir adelante incluso si el futuro no garantiza su vida?"

  —No —murmuró—. "No puedo".

  La palabra resonó con crudeza. No había ira en su voz. Ruptura en solitario.

  El Espíritu no respondió de inmediato. La luz, antes deslumbrante, comenzó a retirarse. El horizonte se oscureció lentamente, hasta que solo quedaron penumbras pálidas alrededor de Jhon. El Espíritu se volvió menos tangible, su forma diluyéndose como vapor.

  "No todos completan este camino. No porque sean débiles", dijo, "sino porque aún aman demasiado".

  Jhon hundió el rostro en sus manos.

  Y entonces, algo cayó frente a él: un peque?o fragmento de cristal brillante, apenas del tama?o de un dedo. Flotó en el aire, titilando con una luz tenue. Nada como los otros núcleos elementales. No había majestuosidad en ese brillo. Solo compasión.

  "Te entrego un pedazo de claridad. No lo que podrías haber sido, pero suficiente para que ilumines la oscuridad cuando el miedo intente cegarte."

  El fragmento se hundió suavemente en su pecho, calentando su corazón con una llama suave, casi imperceptible. No ardía. Apenas aliviaba.

  Jhon no dijo nada. Sabía que había fallado.

  Pero también sabía que seguiría caminando.

  Porque aunque no pudiera abandonar su miedo...

  No lo dejaría detenerlo.

  Fragmento de la Luz – Parte 2: La Herida Que No Cierra

  Jhon caminaba por el mismo sendero por donde había llegado, pero el mundo no se sentía igual. No había cambiado el paisaje —seguía siendo esa llanura de nada, esa superficie sin sombra ni sonido—, pero algo dentro de él ya no estaba completo. La luz no lo acompa?aba. Lo había tocado… pero no aceptado.

  El fragmento que el Espíritu le había concedido —esa chispa tenue que apenas brillaba en su pecho— no era consuelo. Era recordatorio. No del poder que había ganado, sino del que no había sido capaz de sostener.

  Mientras dejaba atrás la llanura infinita, su mente no se callaba. Revivía las visiones. No como un recuerdo, sino como una herida que seguía supurando. El rostro sin vida de Sofia. Los ojos apagados de Alan. Las súplicas. El abandono.

  Podía luchar contra demonios, soportar el fuego, moldear la tierra, deslizarse entre corrientes… Pero no podía, por más que intentara, liberarse del miedo de perderlos.

  Y ese fue su fracaso.

  Emergió a un mundo que no lo esperaba. A los pies de una monta?a, bajo un cielo color ceniza, Jhon volvió a sentir el viento, el calor, el sonido. Agradeció que estuvieran ahí —tenues, imperfectos, vivos. Caminó hasta la orilla de un peque?o estanque y se miró.

  Su reflejo estaba intacto. Su cuerpo había aguantado la luz sin quebrarse. Pero en sus ojos... Había oscuridad. No como la de Sombra. Una oscuridad más íntima: la de saberse incompleto.

  Encendió por curiosidad la peque?a energía que el Espíritu de la Luz le había entregado. Una esfera pálida se formó en su palma, temblorosa, inestable. No era ciega como el fuego. No era feroz. Era apenas un susurro, una brasa blanca que iluminaba el hueco de su mano. Podía usarla como guía, como escudo breve, como estallido menor. Hechizos básicos: luz cegadora, repeler sombras débiles, calmar una mente perturbada.

  Pero lo supo de inmediato: nunca igualaría lo que habría sido si hubiese completado la prueba. El Espíritu no le dio técnicas avanzadas, ni dominio del rayo solar, ni acceso al umbral de lo divino.

  Solo lo tocó... y se alejó.

  Esa noche, mientras dormía junto a una fogata improvisada, so?ó. No con batallas. No con ruinas.

  So?ó con Alan, corriendo en un campo abierto. Lo llamaba con la risa intacta, con las manos llenas de barro. Sofía lo observaba desde una tela blanca que ondeaba con el viento, su rostro sereno, su voz diciendo su nombre, no con urgencia... sino con ternura.

  Jhon quiso quedarse. Quiso olvidar que había una guerra esperándolo. Quiso que ese sue?o fuese su realidad.

  Pero despertó.

  El fuego se había apagado.

  Solo quedaba la brasa en su pecho, débil, viva.

  Se puso de pie. Apretó los pu?os. Respiró profundo.

  Fracasar no lo hizo menos guerrero.

  Pero sí lo hizo más humano.

  Y ahora... era momento de regresar.

Recommended Popular Novels