La luz vespertina se filtra tímidamente por la ventana, extendiéndose y ba?ando la estancia en un calor silencioso. El rayo oblicuo impacto en la cara del chico, ti?endo su piel de forma tenue en dorado.
Lo cegó por un momento.
Su cabello negro degradado en un azul profundo hasta el índigo bajo aquella manta de luz mostraba mejor sus matices, dándo un aspecto más etereo. El sudor que resbalaba por su frente, la respiración jadeante y los mechones pegados a su frente dejaban en claro el esfuerzo que había realizado durante las últimas horas.
Las pocas cajas que anteriormente se encontraban llenas ahora yacían tiradas en el suelo, vacías; su maleta, antes cargada, reposaba al lado de su escritorio, sin nada Los restos de envolturas de aquellos regalos fueron arrojados en un bote.
Samuru se encontraba satisfecho. Tras haber limpiado y ordenado con ayuda de Zote lo que quedaba de la ma?ana se dispuso a sacar su cabeza por la ventana. El cálido viento revolvió su cabello.
Mirando algunas sombras de los árboles, sin ver directamente al sol, miro de reojo dónde se encontraba dicha masa de luz. Reflexiona por un momento metiendo su cabeza, y cierra la ventana.
“Deberían ser las cinco de la tarde” piensa. Su estómago ruge.
Samuru suspira, no había comido desde su llegada, tampoco sabía dónde se encontraba el comedor exactamente, no le dieron un tour y mucho menos un mapa, desconoce si siquiera había alguno por la academia.
“Ahora que lo pienso, nunca me dijeron donde se encontraba la cafetería”.
Se negaba a acudir a Fujimoto, no deseaba interrumpir las labores de su tutor.
Tampoco quería requerir a alguno de sus compa?eros, era más probable que estos se dieran media vuelta una vez lo vean para después marcharse. Muchas opciones y ninguna favorable.
Tras pensar un rato y con ayuda de su insistente estómago se decidió: “Tendré que buscarlo por mi cuenta”.
El chico observó a su compa?ero de aspecto negruzco, sentado junto a la cama sin mostrar una pizca de sudor, y le indicó que se acercara. Luego dirigió la mirada hacia el pa?o que reposaba en el escritorio. Sin dudar, Zote lo tomó, limpió el sudor del rostro del chico y, tras recoger el velo que antes había sido retirado para mayor comodidad, se lo colocó de nuevo. Después de ello, abandonó la habitación no sin antes deshacer a zote, pues le consumía demasiada energía.
El aire de los pasillos llenó sus pulmones.
Dudaba que por estás horas hubiera alguien por los alrededores, salvó que permanecieran en sus habitaciones. Mientras el Furukawa se daba la vuelta para echarle llave a su habitación una sombra de blancos cabellos se acercaba lentamente. Aseguró la cerradura y el chico dió la vuelta para marcharse.
Un rostro femenino lo saco por sorpresa tomando lo desprevenido. Furukawa retrocedió tan rápido que se golpeó contra la puerta, un gemido de dolor se escapó de sus labios.
Sus narices habían estado a unos centímetros de tocarse.
—?Es esta tu habitación? —una amplia sonrisa se posaba en el rostro de la chica, sus ojos achinados intentaban transmitir amabilidad.
Sus ojos profundos le daban una sensación inquietante.
Samuru, aún adolorido por el golpe, reaccionó apartándose un poco más de la chica, la cual parecía tener su misma edad.
—?Usted es? —dice, un poco inquieto.
La expresión de la chica decayó un instante, pero la retomó rápidamente.
—Oh, lamento haberte asustado. Me llamo Chikage Fuyuka. Vamos a la misma clase,una pena que no me hayas reconocido.
—Mucho gusto Chikage-san, mi nombre es Samuru —respondió el Furukawa, ahora más aliviado.
Aun así, aquella breve vacilación despertó un sentimiento de duda dentro del gamma, quien, después procedió a inhalar sutilmente, nada. “?Beta?” pensó por un momento, si bien desconocía cómo se organizaba la academia en torno a las habitaciones. Hōrin le había explicado: los betas solían ocupar habitaciones un nivel más abajo que omegas y gammas.
—Chikage-san, ?puedo hacerle una pregunta? —comenta, con cierta incomodidad.
La chica asiente.
—?Qué hace por estos sitios? creía que las habitaciones de los betas se encontraban en otro nivel.
La respiración de Fuyuka se contuvo, intentó no arquear las cejas pero fue inevitable, para componerse, una risa nerviosa escapó de sus labios.
—?Uh? ?Qué estás insinuando? soy un omega, pasaba por aquí para llegar a mi habitación.
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La voz de Fuyuka titubeó, y las alarmas dentro de él resonaron, Samuru no necesitó más para sentir que algo no encajaba. No era un experto en mentiras, pero la falta de pruebas delataba a la chica. Decidió no insistir. ?Quizás solo era recesiva?
La sonrisa de Fuyuka tembló levemente, y decidió cambiar el rumbo de la conversación.
—Tengo curiosidad…?Terminaste de ordenar? quizás, si me dejas pasar, podría ayudarte.
??Por qué tanta insistencia??
Samuru negó con la cabeza.
—No hace falta, termine hace un momento —respondió, inquieto.
—Oh, está bien. Entonces, ?podría ver como quedo?
Para Samuru fue un alivio que su rostro estuviera cubierto por un velo, dise?ado de tal forma que impedía ser visto desde afuera, pero le permitía observar desde su posición. Sus cejas se curvaron y las comisuras de sus labios dibujaron una sonrisa incómoda, mientras una gota se posaba sobre su cabeza. Su expresión no delataba lo muy irritado y molesto que estaba.
Pero su olor sí. Y las moras a?ejas no tardaron en hacerse presentes.
—Fuyuka-san, perdone que lo diga, pero creo que es demasiado temprano para permitir que alguien entre a mi habitación. Apenas nos conocemos; incluso si ambos somos omegas, no creo que sea lo adecuado —se removió, incómodo.
—Mmm... —emana, pensativa. —?Y cuál es el problema? No es como si fuera a robar algo; si tanto te preocupa, puedo entrar contigo —forzó una sonrisa, ensanchándola.
—Tal vez tenga razón; no obstante, sigue siendo un rotundo no. Posiblemente, cuando nos conozcamos mejor, podría dejarle pasar a mi habitación si tanto lo desea —respondió, intentando sonar apacible.
Por un momento, Chikage le dirigió una mirada dura, que enseguida se suavizó en una expresión más “serena”. Su máscara parecía resquebrajarse a medida que la conversación se alargaba. A ojos de Samuru, estaba enfadada.
—De acuerdo —sonrió con una ligera reverencia—. Una lástima entonces, aunque como dices, quizás haya otra ocasión —habló de manera suave, alargando las palabras.
—Me alegra que lo entienda —Samuru correspondió la reverencia, aliviado de que la insistencia hubiera cesado.
Fuyuka se dio media vuelta y sin insistir más, se marchó. Una exhalación retenida emite samuru, permitiendo relajarse. Podía respirar de forma más libre.
Debido a su conversación anterior con la peliblanca, una punzada de incertidumbre se asentó en su pecho. Con cautela, revisó que nadie lo estuviera observando; incluso se colocó en medio del pasillo para asegurarse de que estuviera completamente solo.
Con las manos atadas, canalizó un poco de su poder. Partículas acuosas emergieron, formándose en un círculo que se interconectaban hasta crear un sello de protección en la puerta. “Con esto me mantendré a salvo”, pensó para sus adentros. Luego utilizó la manga para disipar el sello.
Sin embargo, aunque ya no se viera a simple vista ni pudiera sentirse, seguía ahí. Samuru sonrió para sí mismo.
…
Caminando por las instalaciones con el estómago vacío y la energía casi agotada, el Furukawa buscaba con todas sus fuerzas la cafetería. Estaba a punto de rendirse cuando un aroma fresco, ligeramente dulce y terroso inundó sus fosas nasales. Ese olor era inconfundible: Takenoko Gohan, su platillo favorito.Había encontrado la cafetería.
Su agudo olfato lo guió hasta el lugar. Con el aguante rugiendo en su interior, logró llegar al fin. “Por fin”, exclamó, aliviado.
El interior no resultó tan impresionante como lo había imaginado: un estilo antiguo mezclado con algunos toques escolares modernos. Las mesas parecían viejas a simple vista, pero al fijarse mejor podía notarse que estaban hechas con madera de gran calidad. Más que la apariencia, eran los olores lo que hacía el ambiente acogedor.
El joven se sirvió una bandeja, activando sus poderes apareció Zote en su ayuda. No muy lejos, se desarrollaba una conversación peculiar que, para su disgusto, lo incluía.
Tras servirse su Takenoko, Furukawa divisó a Nakanishi, Yagami, Miyamoto y Matsushita. Pensó que sentarse con ellos sería una buena idea, una oportunidad para romper el hielo y tal vez hacer amistades. Grave error.
—Es un fenómeno. ?No se supone que los Furukawa tienen afinidad con el agua? Ni siquiera los Shinkawa, que están más ligados a la naturaleza, controlan ese tipo de poderes —declaró con desdén quien se enorgullecía de los tigres.
—?No decía “peligro” en esos talismanes? —a?adió con impertinencia el de cabello azabache.
—Además, su olor es demasiado empalagoso para un omega. Cuesta creer que tengamos un compa?ero gamma —mencionó Matsushita, visiblemente ofendido.
—Me compadezco de usted, Nakanishi-san. Ya sabe cómo es el sistema… tendrá que cargar con un inútil —se burló Miyamoto, encogiéndose de hombros con cinismo.
—No aguantara —exclamó el albino con una sonrisa reticente.
—Tiene razón. Posiblemente en el primer combate acabe muerto —rió Miyamoto, con una mueca cínica y apagada.
—Hmm… —murmuró, suspirando. —De todas formas, no es como si pudiéramos hacer algo. Pertenece a los Furukawa y, si lo enviaron aquí, será por algo. “Mi padre querrá que entabla amistades con ellos”, pensó con desgano mientras revolvía su comida.
—Ahora que lo mencionas, ?no les parece raro que lo hayan traído con ese aspecto? Incluso sus poderes… nunca conocí a alguien que pudiera manipular sombras —comentó Yagami en voz baja, con petulancia.
—Bueno, los Boenkami están más especializados en esas cosas. Cualquier poder de la oscuridad suele provenir de ellos… aunque jamás escuché de un lazo con los Furukawa, son demasiado reservados —reflexionó el félido, posando su mano blanquecina sobre el surco nasolabial.
—Conozco a un Boenkami. Genji-senpai es la viva imagen de su clan —a?adió Izanagi, cruzado de brazos y con gesto airado.
—Sea como sea, ya veremos qué hago con Furukawa ahora que está en mi equipo.
Sabía que escuchar conversaciones ajenas era de mala educación, pero jamás había oído una como aquella. Samuru respiró hondo y, acompa?ado de Zote, dio media vuelta. Se alejó del lugar con paso lento, mientras su apetito se desvanecía poco a poco.
La soledad nunca lo había golpeado con tanta fuerza. Incluso acompa?ado de su creación, un sentimiento amargo se asentaba en su pecho.
Qué lamentable era ser dejado de lado, incluso si no era culpa suya tener dicho aspecto.

