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Capitulo 119 dominio

  Alan llegó al lugar sin tiempo con la emoción de siempre, dispuesto a inventar algo nuevo. El ser lo esperaba en silencio, con esa mirada que mezclaba ternura y preocupación. Alan levantó las manos y dijo que quería probar combinaciones distintas, más raras, más divertidas. El ser asintió, y lo dejó jugar.

  Primero unió tiempo con luz. Una flor marchita apareció sobre la mesa, y Alan la tocó con esa mezcla. En un instante la flor se abrió, como si hubiera vivido toda su primavera en segundos. Alan rió al verla “apresurada”, y el ser le preguntó si entendía lo que significaba acelerar el tiempo. Alan respondió que no, que solo le parecía bonito ver cómo algo podía crecer tan rápido.

  Después mezcló oscuridad con agua. El resultado fue una burbuja de silencio absoluto. Dentro de ella no se escuchaba nada, ni sus risas ni el crujido de las galletas. Alan se sorprendió y dijo que era como un escondite secreto. El ser lo miró y le dijo que el silencio también era una creación, y que a veces podía ser más fuerte que el ruido. Alan solo sonrió, disfrutando de la calma.

  Quiso probar con tierra y fuego. De sus manos surgió un cristal rojo, brillante, que parecía latir como un corazón. Alan lo levantó con orgullo y dijo que había hecho una piedra mágica. El ser le explicó que esa era la magia de la forja, capaz de crear minerales y metales en segundos. Alan lo giró en sus manos y dijo que algún día quería hacer una espada de ese cristal, solo para jugar.

  Luego intentó unir luz con oscuridad. De sus manos surgió una energía extra?a, que no creaba ni destruía, sino que estabilizaba todo lo que tocaba. El ser lo miró con seriedad y le dijo que esa mezcla era peligrosa, porque podía apagar o encender cualquier cosa. Alan no comprendió del todo, pero dijo que le parecía bonito, como tener un botón para equilibrar el mundo.

  Más tarde mezcló agua con viento. Una nube peque?a apareció sobre su cabeza y lo siguió a todas partes, mojándolo con gotas suaves. Alan reía, corriendo bajo su propia tormenta personal, mientras el ser lo observaba con paciencia. “Es como tener mi propia lluvia”, dijo feliz.

  Finalmente, Alan quiso probar algo más extra?o. Mezcló memoria con luz, y de sus manos surgieron imágenes vivas: figuras de Sofía y Jhon, riendo juntos, como recuerdos convertidos en ilusiones. Alan se emocionó al verlos, y el ser le dijo que estaba tocando algo muy profundo, que los recuerdos no eran solo imágenes, sino raíces del alma. Alan respondió que le gustaba porque así podía volver a verlos cuando quisiera.

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  Por último, unió oscuridad con tiempo. Tocó una piedra y dijo que “ya nunca estuvo aquí”. La piedra desapareció, como si jamás hubiera existido. El ser lo miró con gravedad y le preguntó si entendía lo que significaba borrar un recuerdo o un objeto del tiempo. Alan, con la inocencia de un ni?o, respondió que no tenía miedo, que si algo salía mal sus papás lo arreglarían, y que lo más importante era que crear cosas era muy divertido.

  La tarde terminó entre risas, nubes de lluvia, flores que crecían demasiado rápido y recuerdos convertidos en luz. El ser lo observaba, consciente de que cada juego era una semilla de futuro, y murmuró para sí mismo: “El ni?o juega… pero el universo ya lo escucha.”

  Tras un mes entero de entrenamiento incesante, la fusión de Jhon y Antonio había alcanzado un nivel de dominio que sorprendía incluso a Kai. Ya no necesitaban ver para reaccionar: con los ojos cerrados podían sentir cada movimiento, cada intención, cada vibración en el aire.

  En medio del claro, la fusión permanecía inmóvil, serena, con los párpados cerrados. Kai, decidido a probarlos, lanzó un pu?o directo al rostro. En ese instante, la fusión levantó la mano y atrapó el golpe con firmeza, deteniéndolo como si hubiera estado esperando exactamente ese ataque. Kai, sin perder tiempo, giró el cuerpo y lanzó una patada brutal. La fusión, con la otra mano, la detuvo en seco, bloqueando ambos embates con una calma que parecía imposible.

  El silencio se hizo pesado. La fusión abrió lentamente los ojos, miró a Kai con determinación y soltó su pu?o. Con un movimiento controlado, acercó la mano al pecho de Kai, y en el último momento descargó un golpe descomunal en su estómago. El impacto fue devastador: Kai quedó sin aire, retrocedió tambaleante y cayó al suelo, jadeando, incapaz de continuar.

  Por primera vez, el maestro había sido derribado. La fusión respiraba con fuerza, el sudor corriendo por su frente, pero con la certeza de que habían alcanzado un nuevo nivel. Kai, aún en el suelo, sonrió con orgullo. Sabía que ese golpe no era solo fuerza: era control, era equilibrio.

  Decidieron detener el combate. El cuerpo de todos pedía descanso, y la noche se acercaba con su calma. Jhon y Antonio se separaron, exhaustos pero satisfechos, mientras Kai se incorporaba lentamente, reconociendo que sus discípulos ya estaban listos para enfrentar pruebas mayores.

  Esa noche, después del combate que los había dejado exhaustos, todos coincidieron en que era momento de tomar un descanso. Llevaban a?os entrenando sin pausa, y aunque el cuerpo se había fortalecido, el espíritu pedía calma. Durante la cena, Sofía, con una sonrisa serena, propuso que fueran de pesca. La idea fue recibida con entusiasmo: Alan, con los ojos brillando, dijo que quería aprender a pescar, y Antonio le respondió que él mismo le ense?aría. Kai, curioso y divertido, también expresó que quería aprender, lo cual hizo reír a todos.

  Jhon escuchó a su familia y tomó la decisión: irían de pesca juntos, como un verdadero descanso en familia. Esa noche planearon el lugar. Cerca de la aldea había un lago tranquilo, lleno de peces, con un gran árbol en una de sus orillas que ofrecía sombra fresca durante el día. Era el sitio perfecto para pasar una jornada de paz.

  Con la decisión tomada, se fueron a dormir con la ilusión de la salida. Alan so?aba con atrapar su primer pez, Sofía pensaba en compartir un día sin preocupaciones, y Jhon se sentía feliz de poder reunirlos a todos en un momento sencillo, lejos de batallas y entrenamientos. La noche transcurrió en calma, preparando el amanecer que los llevaría al lago.

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