Jhon se encontraba en la aldea, su mente aún procesando todo lo que había sucedido en el templo. La derrota contra Sombra había dejado en él una marca profunda, pero ahora tenía un propósito claro: buscar a los espíritus elementales y entrenar con ellos para aumentar su nivel.
La primera prueba estaba al norte de la aldea, en una monta?a conocida como La Monta?a de los Susurros. Los aldeanos hablaban de ella con un respeto temeroso. Se decía que los vientos que soplaban en su cima eran tan poderosos que podían arrastrar a los hombres y arrojarlos al vacío. Pero lo más extra?o era el sonido. Aquellos que habían intentado subir contaban que el viento parecía susurrar, como si algo estuviera vivo en medio de la corriente.
Jhon, sin perder tiempo, reunió su equipo básico y se preparó para el viaje. Aunque normalmente habría usado su habilidad de vuelo para acortar el trayecto, recordó las palabras de Dios: "Debes ser digno del entrenamiento. Ellos no aceptan a cualquiera." No quería arriesgarse a llegar volando y ser rechazado por el Espíritu del Viento, así que decidió hacer el ascenso por su cuenta, enfrentando la monta?a como cualquier mortal lo haría.
El primer desafío apareció antes de siquiera llegar a la monta?a. A medida que se acercaba, Jhon sintió que el viento comenzaba a soplar con una intensidad creciente. Al principio fue solo una brisa fuerte, pero en cuestión de minutos se convirtió en ráfagas violentas que dificultaban el avance.
Cada paso era un esfuerzo, cada movimiento le exigía toda su concentración. El viento se filtraba entre sus ropas, golpeando su cuerpo con la fuerza de un adversario invisible.
Cuando finalmente alcanzó el pie de la monta?a, se encontró con un camino ascendente cubierto de rocas sueltas y empinado como una pared. Jhon estudió el terreno y supo de inmediato que el viento no solo dificultaría su avance, sino que también representaba un riesgo constante de caída.
No voy a detenerme, pensó, reforzando su determinación. Y así comenzó el ascenso.
Los primeros metros fueron relativamente fáciles, pero cuanto más subía, más cruel se volvía el viento. Ráfagas inesperadas lo empujaban hacia los bordes del camino, obligándolo a clavar sus pies en el suelo con fuerza para no caer. En más de una ocasión, tuvo que sujetarse a las rocas con ambas manos para evitar ser arrastrado por el aire.
Pero la prueba más difícil vino cuando alcanzó un tramo del camino completamente expuesto. Era un estrecho sendero de piedra con un abismo a un lado y una pared de roca al otro. Allí, el viento rugía como una bestia salvaje, golpeándolo con una violencia aterradora.
Jhon avanzó con cuidado, manteniendo su cuerpo bajo para ofrecer menos resistencia a las ráfagas. Pero una corriente repentina lo golpeó con una fuerza imposible y sus pies se despegaron del suelo.
Por un instante, Jhon sintió que su cuerpo flotaba, y su corazón se detuvo. Estaba cayendo.
Sin pensarlo, extendió un brazo y logró agarrarse a una roca saliente justo a tiempo. Su cuerpo quedó suspendido en el aire, colgado únicamente por su mano. El viento seguía golpeándolo, tratando de hacer que soltara su agarre.
Sus músculos ardían, su respiración era irregular, pero no iba a rendirse. Con un esfuerzo tremendo, se impulsó hacia arriba y recuperó el equilibrio en el sendero.
"Esto no es solo un camino. Es una prueba." Jhon entendió entonces que el Espíritu del Viento no aceptaría a cualquiera que simplemente llegara hasta su dominio. Era necesario demostrar verdadera resistencia y adaptación.
Tras horas de lucha contra los vientos, escalada peligrosa y esfuerzo extremo, Jhon finalmente llegó a la cima de la monta?a. El lugar era deslumbrante. No había árboles ni vegetación, solo una gran meseta rocosa donde el viento soplaba con una intensidad inexplicable.
En el centro de la meseta, una figura transparente y etérea flotaba en el aire. Su forma era cambiante, casi imposible de definir, como si estuviera hecha de puro viento. Cuando Jhon dio un paso adelante, el Espíritu del Viento habló, pero no con palabras. Su voz no provenía de un cuerpo, sino del aire mismo, como si el viento le hablara directamente a la mente de Jhon.
"Has llegado hasta aquí, pero aún no has demostrado que eres digno."
Jhon sintió un escalofrío recorrer su espalda. No esperaba que el encuentro fuera tan inmediato, pero sabía que no tenía tiempo que perder.
"Entrenar conmigo no será fácil," continuó el Espíritu. "El viento es más que velocidad. Es adaptación, es fluidez, es impredecible. Si deseas aprender, debes dejar de luchar contra él."
Jhon frunció el ce?o. "?Qué quieres decir con eso?"
El viento a su alrededor cambió de repente. Una ráfaga lo golpeó en el pecho, obligándolo a retroceder. Luego otra más fuerte lo empujó hacia la derecha. Sin previo aviso, todo el viento de la monta?a se concentró en él.
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"Muévete con el viento, no contra él. Si intentas resistir, perderás."
Jhon sintió que el Espíritu del Viento lo estaba guiando, pero la prueba era clara: tenía que demostrar que podía fluir con las ráfagas sin ser arrastrado.
Cerró los ojos y comenzó a sentir cada corriente de aire, cada cambio en la presión. Se relajó, dejó de endurecer sus músculos y permitió que su cuerpo se moviera naturalmente con el viento.
Al principio tambaleó, casi cayó. Pero luego, poco a poco, comenzó a comprender la prueba.
"Sigue moviéndote," susurró el viento.
Jhon giró en el aire, dejando que una corriente lo empujara en la dirección correcta. Luego, aprovechó otra ráfaga para impulsarse hacia adelante.
Por primera vez, sintió que no estaba peleando contra el viento, sino que estaba formando parte de él.
El Espíritu observó con atención, y por primera vez, una leve sensación de aprobación se reflejó en su voz.
"Bien... Pero aún queda mucho por aprender".
La cima de la monta?a seguía envuelta en ráfagas salvajes de aire, pero Jhon ya no las veía como un enemigo. Su primer encuentro con el Espíritu del Viento le había ense?ado que la clave no era luchar contra la corriente, sino moverse con ella. Sin embargo, la verdadera prueba apenas comenzaba.
El Espíritu, flotando como una figura nebulosa entre las ráfagas, observó a Jhon con una presencia imponente. Su voz se filtró entre el viento, más un susurro que un sonido, resonando directamente en la mente de Jhon.
"Moviste tu cuerpo con el viento, pero el combate requiere algo más... Debes aprender a fluir."
Jhon escuchó atentamente, manteniendo su postura firme mientras el viento continuaba rodeándolo. "Fluir… ?a qué te refieres exactamente?"
Las ráfagas a su alrededor se intensificaron de repente, y sin previo aviso, el Espíritu alzó su mano y una corriente de aire se lanzó contra él con la fuerza de un golpe físico.
Jhon apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir el impacto en su pecho. Su cuerpo fue arrastrado hacia atrás varios metros, sus pies deslizándose por la superficie de la monta?a. Instintivamente, intentó anclar sus pies al suelo para resistir la fuerza de la ráfaga, pero apenas lo hizo, otra corriente de aire golpeó desde el lado contrario, lanzándolo en dirección opuesta.
"Siempre intentas resistir. Pero el viento nunca es estático. Si te quedas rígido, te destruirá."
Las palabras resonaron en su mente mientras trataba de mantener el equilibrio. Jhon jadeó, su respiración pesada por el esfuerzo de mantener su postura contra las violentas corrientes. Si no puedo resistirlas, entonces…
Cerró los ojos por un momento, enfocándose en el flujo del viento. En lugar de luchar contra él, empezó a mover su cuerpo de forma más flexible. Cada ráfaga que venía, en lugar de tratar de detenerla, dejaba que guiara sus movimientos.
Cuando el viento empujó su cuerpo hacia atrás, permitió que su pie se deslizara en esa dirección, acomodándose con la corriente en lugar de oponerse. Cuando otra ráfaga golpeó su costado, en lugar de resistirla, giró su torso con la fuerza del aire, transformándola en un movimiento natural.
"Así es..."
Jhon abrió los ojos y sintió que por primera vez no estaba peleando contra la energía de la monta?a. Se movía con el viento, como si su cuerpo fuera parte del aire mismo.
Pero el Espíritu aún no estaba satisfecho.
Sin previo aviso, un nuevo torbellino surgió en la cima. De las ráfagas de aire se formó una figura humanoide, hecha enteramente de viento. Se movía con velocidad imposible, deslizándose sin esfuerzo, como si fuera una extensión de la misma monta?a.
"Ahora... lucha".
Jhon entendió de inmediato que esta sería la verdadera prueba. No se enfrentaba a una criatura con cuerpo tangible, sino a una entidad que dominaba el viento por completo. Su enemigo no tenía una forma sólida que pudiera atacar directamente, no podía simplemente levantar su espada y esperar que el golpe hiciera contacto.
La figura de viento se desplazó hacia él con una rapidez abrumadora. Jhon apenas tuvo tiempo de levantar su guardia antes de que una ráfaga formara un golpe dirigido a su rostro. Sin pensar, se inclinó y dejó que el aire pasara sobre él, usando la misma corriente para impulsarse en un salto lateral.
La criatura atacó de nuevo, cada movimiento era fluido y sin interrupciones, golpeando sin pausa como una serie de ráfagas coordinadas. Jhon comenzó a adaptarse, moviéndose con el viento, girando su cuerpo en cada ataque en lugar de bloquearlo.
Lentamente, su mente comenzó a comprender la prueba. No puedo luchar con fuerza bruta. Debo usar su propio flujo para contraatacar.
La criatura de viento lanzó un nuevo ataque, esta vez desde arriba. Jhon vio la corriente descender y en lugar de esquivarla rígidamente, movió su cuerpo de forma circular, haciendo que el aire deslizara por su espalda sin tocarlo.
En ese instante, sintió que el viento se acumulaba en su movimiento y decidió aprovecharlo. En lugar de golpear directamente, giró sobre sí mismo y lanzó un pu?etazo siguiendo la dirección de la ráfaga.
El golpe atravesó la figura, pero no de manera inútil. Al seguir la corriente de aire, el ataque tuvo una fuerza multiplicada. La energía golpeó el torbellino con una intensidad que lo desestabilizó por un instante.
Jhon sintió la diferencia. El viento no es mi oponente. Es mi aliado.
El Espíritu del Viento observó el combate con atención, notando el progreso de Jhon.
"Cada movimiento que haces debe ser parte del viento. No lo controles, síguelo."
El entrenamiento se prolongó durante horas. Jhon continuó adaptando sus movimientos, dejando de pensar en atacar y comenzando a fluir con el entorno, permitiendo que cada corriente de aire fortaleciera su ofensiva en lugar de entorpecerla.
Cuando la noche cayó sobre la monta?a, Jhon jadeaba por el esfuerzo, pero su cuerpo se sentía diferente. La lucha había cambiado su percepción del combate. Cada movimiento que hacía ahora fluía con naturalidad, su respiración era más calmada, su postura más ligera.
El Espíritu del Viento, satisfecho con el progreso, habló una última vez antes de desaparecer en la brisa.
"La verdadera batalla no es contra el viento... sino contra la resistencia dentro de ti."
Jhon, mirando hacia el cielo estrellado, comprendió que el entrenamiento apenas comenzaba.

