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El encuentro

  El amanecer en Villa Hinoki siempre llegaba acompa?ado por el sonido de la madera crujiente al calentarse con el sol.

  Hito caminaba por el sendero de regreso al pueblo con Moki a su lado. La peque?a criatura olfateaba el aire húmedo, deteniéndose cada tanto para observar insectos luminosos que flotaban cerca del suelo.

  La brújula permanecía quieta en el bolsillo de Hito, como si también estuviera descansando.

  Desde la colina, el pueblo parecía el mismo de siempre.

  Pero algo no se sentía igual.

  El río que bordeaba Villa Hinoki estaba cubierto por una neblina espesa, más densa de lo normal. No se movía con el viento. Permanecía suspendida sobre el agua como un manto inmóvil.

  Y el murmullo del agua era más débil.

  —Eso no es normal —dijo una voz detrás de él.

  Hito se giró.

  Un joven de cabello oscuro, ropa de viaje y una peque?a bolsa de tela colgada al hombro observaba el río con atención. Sus ojos estaban tranquilos, como si escucharan algo que no podía verse.

  —Me llamo Shinso —dijo—. Estoy siguiendo el flujo de la Lúmina desde el valle.

  A su lado, una figura translúcida emergió lentamente de la neblina.

  Parecía una nutria estilizada hecha de agua clara. Sus aletas suaves se movían como si nadara en el aire, y dentro de su cuerpo brillaba una luz azul tenue.

  Sus ojos blancos, sin pupila, reflejaban la superficie del río.

  —Soru —dijo Shinso con suavidad.

  El Elyr emitió un sonido líquido, casi musical.

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  Moki respondió con un peque?o chirrido curioso.

  Los Elyr se reconocieron de inmediato.

  —La Lúmina del río está pesada —explicó Shinso—. Algo la está forzando a quedarse quieta.

  La neblina comenzó a moverse lentamente, formando remolinos sobre el agua.

  Soru avanzó flotando hasta el borde del río y apoyó sus aletas en la superficie. Una luz azul se expandió en círculos suaves.

  Por un instante, el agua se aclaró.

  Pero entonces el río tembló.

  Desde el centro de la neblina surgió una silueta más grande, formada por vapor denso y corrientes invisibles.

  Era un Elyr de niebla en su forma media: Kasuri.

  Su cuerpo parecía hecho de humo húmedo, con ojos plateados que se abrían y cerraban lentamente.

  No estaba atacando.

  Estaba perdido.

  La Lúmina del río vibraba con tensión.

  Soru se deslizó hacia adelante, rodeado por una luz azul más intensa. Moki apoyó sus patas en la tierra, y su cola de hojas comenzó a brillar.

  La niebla se agitó.

  Kasuri se dispersó por un instante… y volvió a reunirse.

  Entonces Soru liberó un pulso de Lúmina fluida sobre el agua, mientras Moki dejaba caer peque?as partículas doradas desde sus hojas.

  La niebla comenzó a descender.

  El río volvió a moverse.

  Kasuri se volvió más peque?o, más estable, hasta quedar suspendido sobre la superficie como una nube suave.

  La Lúmina había recuperado su equilibrio.

  Shinso exhaló lentamente.

  —Gracias —dijo, mirando a Hito—. A veces el equilibrio necesita más de una presencia.

  Hito sonrió.

  —Creo que recién estoy empezando a entender eso.

  Soru flotó cerca de Moki, girando lentamente como si jugaran en el aire.

  El río volvía a sonar como siempre.

  —Voy hacia Puerto Bruma —dijo Shinso—. Hay se?ales de Lúmina inestable más adelante.

  Hito miró la brújula.

  La aguja giraba en esa misma dirección.

  Moki dio un peque?o salto.

  Hito asintió.

  —Entonces viajemos juntos.

  El sendero continuaba junto al río, perdiéndose entre árboles altos y bancos de niebla que ahora se disipaban con la luz del sol.

  Dos viajeros comenzaron a caminar.

  Dos Elyr los siguieron.

  El mapa crecía con cada paso.

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