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Capítulo 13 : El Tablero invisible

  Aquel momento no fue solo un susto, fue el principio de todo. Marcó un antes y un después en la vida de Selene. Descubrir que el "padre perfecto", el hombre que siempre tenía la respuesta correcta y el gesto amable, era en realidad un monstruo que vivía bajo su mismo techo... eso no hay quien lo digiera. ?Cómo encajas eso ? A los dieciséis a?os, cuando tus mayores dramas deberían ser los exámenes o un lío amoroso, Selene se dio de bruces con una realidad demasiado compleja y oscura. Fue justo ahí, entre el shock y el asco, donde su Eco despertó. A partir de ese segundo, ella y Catherine dejaron de ser las ni?as de papá para convertirse en algo que todavía estaban intentando entender.

  Unos golpes secos en la puerta la sacaron de ese agujero mental. Selene parpadeó, volviendo de golpe a la realidad: estaba en Dragonhall. Ya no era una ni?a indefensa; ahora tenía un propósito, una misión que la quemaba por dentro. Y tenía claro que no iba a parar hasta conseguirlo. Porque, una vez que un ECO se pone en marcha, pararlo es casi imposible.

  Cerró el grifo de la ducha, se envolvió en una toalla y salió del aseo para abrir. Era Iris, que entró como un torbellino, con los nervios a flor de piel.

  —?Tía! ?Pero qué haces que todavía no te has cambiado? —soltó Iris mirándola de arriba abajo—. ?A qué esperas? Vamos a llegar tardísimo a la clase de Silas Grieve y ese hombre tiene una mala leche que flipas. Paso de que me deje en ridículo delante de todo el mundo por tu culpa.

  Stolen from its original source, this story is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  Iris se paseó por la habitación, gesticulando con las manos, desesperada. —?Pero qué te queda? ?Ay, madre mía! Si ni siquiera te has duchado... ?Pero qué cojones estabas haciendo todo este tiempo? —le lanzó una mirada de "estás loca"—. Mira, yo me piro ya para allá. Te espero en clase, ?pero no tardes o te mato!

  Iris salió de la habitación dejando una estela de nerviosismo. Selene cerró la puerta con un clic seco y se quedó apoyada contra la madera fría, soltando un suspiro que le quemaba el pecho. Tenía un bajón total; ese recuerdo del pasado la había dejado vacía, como si le hubieran succionado la energía.

  Necesitaba reiniciarse. Se deshizo de la toalla y se metió en la cabina de ducha. Dejó que el agua cayera a una temperatura casi insoportable, queriendo que el vapor empa?ara los espejos y, de paso, sus propios pensamientos. Fue una ducha rápida, de esas de supervivencia, donde el jabón apenas sirve para quitarse de encima la sensación de aquel pasado que se le pegaba a la piel como el barro. El sonido del agua golpeando el plato de la ducha era lo único que lograba acallar, por unos instantes, las voces de su cabeza.

  Salió del ba?o envuelta en una nube de vapor, con la piel rosada por el calor y el pelo goteando. Se secó con movimientos mecánicos, rápidos, sin mirarse demasiado al espejo para no perder el hilo de la poca estabilidad que le quedaba.

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