***Perspectiva de Víctor***
Al acercarme al carruaje, noto que son campesinos quienes llevan una peque?a cantidad de suministros y visten ropa desgastada. Al ver a la pareja, distingo a una mujer delgada, con ojeras, que carga a un bebé que no parece tener más de unos meses. A su lado, un hombre de aspecto y mirada cansados me pregunta:
—Ni?o, ?qué haces cerca de este camino? ?Dónde están tus compa?eros? Este camino está lleno de monstruos últimamente.
Trato de no mostrar debilidad y de crear una historia rápida. Respondo:
—Muertos.
El silencio que sigue asienta el peso de mis palabras. Al ver esto, el hombre se baja del camino y me pregunta:
—Lo lamento, ni?o... ?A dónde te diriges? Nosotros vamos a Guardián.
Al escuchar esas palabras, le digo rápidamente:
—Mis padres también se dirigían allí. Mi hermana y yo sobrevivimos, pero al correr, ella se separó de mí y no sé dónde está.
El hombre voltea a ver a la mujer; ella asiente. él se agacha para poder verme a los ojos, y la mujer vuelve la mirada hacia su bebé y dice:
—Ni?o, ese lugar está a cinco días a caballo desde aquí. Si deseas, podemos llevarte y buscar a tus padres. Aunque no tenemos mucho, podemos compartir.
—Gracias, se lo agradecería mucho si pudieran llevarme. Tal vez mi hermana esté yendo allí.
Con esas palabras, el hombre asiente con la cabeza y me guía a la parte trasera del carruaje. Al acomodarnos, me da un pan y un poco de agua para calmar mi hambre. Al regresar al frente, él continúa su camino. Con el paso de las horas, me pregunta:
—Ni?o, dime... ?por qué tus padres se dirigían a Guardián por una ruta tan peligrosa como esta?
—Ellos son granjeros, pero su campo dejó de producir y tuvimos que irnos de allí para buscar otro sustento. Mi padre decía que este era el camino más popular entre los viajeros y que podríamos ir más seguros.
—Creo que tu padre tenía mala información. En mis a?os de vida, esta ruta no es reconocida por viajeros ni aventureros. Puede que sea rápida, pero solo los desesperados caminan por aquí.
Con esas palabras, empiezo a recordar. Este camino no es conocido actualmente; dentro de algunos a?os, mi clan, junto con el país Guardián, logrará despejar esta ruta de monstruos para facilitar el envío de guerreros y productos básicos, ya que diferentes fronteras están siendo asediadas por bestias distintas a las que se conocen hasta ahora. Sacándome de mis pensamientos, el hombre continúa:
—Ni?o, dime, ?qué fue lo que le pasó a tu familia?
—Mis padres son granjeros, pero de un momento a otro nuestra granja dejó de producir. Tuvieron que elegir entre quedarse o salir a buscar otro lugar donde vivir. Eligieron la segunda opción y partimos. Al salir, todo estaba bien, pero conforme pasaron los días...
El hombre agacha la cabeza pensativo. Sabe que esa historia es común en estos días; son las primeras se?ales de que él está saliendo junto con la locura de las bestias que habitan en los parajes. Esas historias en los próximos a?os serían mucho más frecuentes hasta que el caos se desatara. Después de un momento, el hombre me mira y dice:
—?Sabes, ni?o? Pensé que solo nosotros teníamos mala suerte... Ahora veo que hoy en día esas cosas son más comunes de lo que pensé. Pero dime, ?cuál es tu nombre?
—Mi nombre es... Víctor.
—Víctor. Mi nombre es Benicio y ella es Sofía, mi esposa. Perdona por no presentarla antes, pero todavía no hemos decidido su nombre.
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Con esas palabras, la mujer me mira y dice:
—Víctor, dime, cuando llegues, ?cómo piensas buscar a tu hermana?
—No lo sé.
—Ni?o, sé que no piensas quedarte con nosotros, pero Benicio tiene amigos en el gremio de aventureros, y si quieres, puedes quedarte hasta que encuentres a tu hermana.
Sofía intenta alcanzar mi mano y dice:
—En ese lugar no se puede confiar en cualquiera, incluso en las personas que viven de la pesca o trabajos comunes.
Con esas palabras, me aprieta la mano y sonríe con sinceridad, una expresión que no veía desde hace tiempo. Sofía se voltea a ver a Benicio y le gui?a un ojo con picardía; casi con un impulso en el pecho, le digo:
—?Por qué están aquí? Hace un momento decías que los locos y los desesperados venían a este lugar.
Benicio deja de mirar a Sofía y dice:
—Nosotros sufrimos lo mismo, pero decidimos resistir con la esperanza de que todo mejorara en el campo. Sin embargo, con la llegada de nuestra bebé, tomamos la decisión de salir de allí.
Sofía agrega:
—Esta ni?a es nuestra esperanza. Después de tantos a?os intentando, casi perdimos la fe, pero de un momento a otro, esta ni?a llegó y ahora nos encaminamos hacia un futuro mejor.
Con esas palabras, continuamos nuestro camino. Dos días después, Benicio encuentra un rastro de una manada de orcos; dos de ellos portaban hachas y los otros tres, espadas. Ellos nos estaban cazando. Con esas pruebas, Benicio decide que debemos avanzar más rápido; con mis fuerzas tan reducidas, incluso para alguien de mi edad, no puedo aportar mucho. Mientras los orcos no conozcan la fuerza que tenemos, no nos atacarán. A pesar de eso, en la madrugada de esa misma noche, unos ruidos en la lejanía de los árboles nos alertan. Al mirar las caras de todos, la confirmación es evidente: cinco orcos de un tono negro nos observan fijamente. Al procesar esa imagen, Benicio grita:
—?Todos manténganse agachados! ?Debemos avanzar!
Con esas palabras, toma las riendas y empuja para que los caballos avancen. Al cruzar un camino lleno de árboles, un segundo es suficiente para que los ogros lleguen y volcaran el caballo. Con ese movimiento, todos, incluso los caballos, quedamos atrapados. Mi conciencia parpadea por momentos y, al recuperar el sentido, veo a Benicio sacar a Sofía y a su bebé. Con esa acción, despeja los pedazos de madera para ayudarles a salir del carruaje. Al terminar, veo a los orcos reunidos cerca del camino. Con esa imagen, la ira emana de mí por no tener poder para proteger a estas personas. Si tan solo tuviera la mitad de mi fuerza, esos orcos no representarían un problema.
Con ese pensamiento, veo a Benicio rodeado de un aura roja, sacando una espada envuelta en tela. Con esa acción, todo lo que creía que era se desvanece. Mientras observo su aura, reconozco que es la de un espadachín, un aura similar a la que tenía en mi vida pasada. Benicio comienza a caminar hasta ponerse delante de mí y, colocándose en posición de combate, dice:
—Intenta alejarte tanto como puedas con Sofía, y no mires atrás hasta ponerte a salvo... por favor, cuida de mi ni?a.
Con esas palabras, desaparece al perderlo de vista. Apreto los dientes por la frustración de no poder hacer más que salir corriendo. Volteando y tomando la mano de Sofía, le digo:
—?él nos alcanzará después! ?Debemos irnos, Sofía!
Con esas palabras, saco a Sofía de su conmoción y comenzamos a correr. Al llegar a unos árboles cercanos, ella colapsa. Al decirle que debemos avanzar, escupe un poco de sangre. Con esa acción, reviso su abdomen y veo que tiene un pedazo de madera incrustado en su costado. Mi respiración comienza a acelerarse; no sé si es por la falta de comida o porque es la primera vez que este cuerpo ve sangre. Perdiéndome en esa visión, una mano se acerca a mi cara y escucho:
—No te preocupes, Víctor. Estaré bien, solo debo descansar.
Yo sé que no es cierto; esa herida es profunda y, con su estado deteriorado por el embiste, ella no lo logrará. Con ese pensamiento, escucho el ruido de unos pasos pesados que no puedo confundir. Al asomarme por el árbol, veo a un ogro mucho más peque?o que los otros; por su aspecto deduzco que es un explorador. Con esa idea en mente, sé lo que debo hacer: debo matarlo aquí o, si no, no podremos sobrevivir. En el estado en el que estoy, apenas seré capaz de enfrentarme a él y ganar. La bebé comienza a llorar. Al ver eso, Sofía trata de tranquilizarla, pero sé que es demasiado. Siguiendo esa idea, el ogro se detiene y voltea en nuestra dirección. Con esa acción, salgo corriendo hacia él para alejarlo de Sofía.
Al llegar cerca de él, soy consciente de que debo enfocarme en mis conocimientos para poder sobrevivir a este encuentro. El ogro comienza a acercarse rápidamente. Al llegar a mí, me agacho para aprovechar su fuerza y derribarlo al suelo. Con esa acción, corro más lejos de Sofía para protegerla. Si el explorador es capaz de usar magia, al menos estaré lejos de ella y no podrá herirla. Al alejarme lo suficiente, me detengo y veo al explorador cerca de mí. Al observarlo, este empieza a gritar y su boca comienza a iluminarse. Con ese acto, sé lo que viene. Siguiendo mi idea, el explorador expulsa bolas de fuego en ráfagas. Trato de esquivar cada una de ellas. Pasando unos minutos, me doy cuenta de que por cada tres ráfagas debe detenerse unos segundos. Al entender eso, sé que esa es mi oportunidad para poder sobrevivir.
El explorador me ve fijamente y se ríe de manera maquiavélica, continuando con sus ráfagas. Con cada bola de fuego, trato de acercarme tanto como puedo; con la tercera explosión, comienzo a correr directamente hacia él. Casi llegando, tomo tierra del suelo y se la aviento a los ojos. Con esa acción, el explorador intenta expulsar otra bola de fuego, pero involuntariamente, con una patada en su boca, logro cerrarla y hacer que la bola de fuego explote dentro de su boca. Con esa acción, cae al suelo y, para asegurarme de su muerte, utilizo mis manos para aplastar sus ojos. Con un grito de frustración, todo termina después de esa pelea; mi cuerpo colapsa cerca de él.
Al recuperar la conciencia después de unos minutos, regreso lentamente donde está Sofía. Al llegar a su lado, toco su cuerpo frío, acurrucando a su hija. Al verlas, me pregunto: ?qué tan grande es el poder de las conexiones? Recogiendo a la ni?a, cierro los ojos y comienzo a caminar en dirección al carruaje. Al llegar, veo todos los alrededores destruidos, como prueba de que aquí hubo una gran lucha. Dando unos pasos, veo los cadáveres de orcos y un hombre en el centro de ellos. Al acercarme a él, escucho una débil respiración. Con la confirmación de que sigue vivo, trato de llevarlo a un lugar más cómodo. Al hacer esto, Benicio comienza a hablar:
—Déjalo, ni?o, yo ya estoy muerto. Solo necesito que me respondas algo... ?Mi esposa y mi ni?a están a salvo?
Con esa pregunta, me muerdo los labios y le digo:
—Tu hija está bien.
—...Extendiendo... ?me podrías hacer un favor?
Dando un respiro, digo:
—Está bien, si lo puedo hacer, lo cumpliré.
—Ni?o, utiliza uno de los caballos y no te detengas por nada. Debes llegar a la ciudad. Cuando llegues, dale un collar que está dentro del carruaje y dile que se lo entreguen al administrador; él te dará protección. Prométeme que llegarás a salvo y dejarás a mi ni?a en un lugar seguro.
Abrazando con más fuerza, le digo:
—Está bien, lo juro.
—Ni?o, no sé de quién te quieres vengar, pero si algo de lo que me dijiste es cierto, tienes mucho que perder. Te lo digo por experiencia: el camino de la venganza nunca termina bien...
—Pero la paz tampoco es una opción. Mira cómo terminaste por escoger la paz.
—Jajaja, ni?o, aunque no lo creas, no me arrepiento de nada. Con solo una sonrisa y la motivación correcta, puedes salir del círculo en el que te estás metiendo. Tus ojos muertos pueden cambiar con solo la motivación adecuada...
Con esas palabras, la vida lo deja y cierra los ojos. En ese instante, la ni?a comienza a llorar y el sol comienza a salir.

