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Capítulo 25: El eco antes de que el bosque calle

  Dentro de una peque?a caba?a, un fuerte aroma a sangre emanaba de su interior. Una anciana acudía en ayuda de una mujer gravemente herida, al borde de la muerte. De pronto, un hombre con unas líneas apenas visibles de pintura negra, que dibujaban patrones en su cuerpo, irrumpió en la caba?a, agitado. Exclamó:

  —Dez, mi amada... perdóname, perdóname. —Con cada palabra, las lágrimas del hombre comenzaban a brotar, sin que le importara la sangre que manchaba sus manos.

  —Sostén mi mano... ah... no me dejes sola... por favor —decía ella entre contracciones, mientras la sangre se desvanecía de su cuerpo.

  Al escuchar esas palabras, el hombre tomó con firmeza la mano de la mujer. Después de unos minutos, únicamente se escuchaba el sonido de los insectos, seguido del llanto de un bebé. La anciana que ayudaba en el parto comentó:

  —Mi se?or, ella ha perdido mucha sangre.

  —?Qué? ?Qué significa eso? —preguntó, angustiándose.

  —Déjame ver a mi bebé... por favor —interrumpió la mujer con una voz apagada.

  Al pronunciar esas palabras, la ayudante le entregó el bebé al hombre mientras murmuraba: "Dígale lo que necesite".

  —Es bello.

  —No hables, por favor. Todo estará bien. Llamaré a la chamana y... —balbuceó entre lágrimas.

  —Tonto, ya cierra la boca. Ha llegado la hora. ?Me podrías hacer un favor? —le dijo la mujer, haciendo una mueca de dolor.

  —Por favor, discúlpame. Si me hubiera quedado, esto no habría pasado. S-si yo... —sollozaba Zael.

  —Cállate... solo escucha, por favor, mi amor —le decía Dez mientras acariciaba al bebé.

  —Zael, cuida del bebé. él será un gran ni?o, lo sé... por favor, dilo —pronunciaba Dez entre lágrimas.

  —Dez, mi amor... por favor... yo... lo prometo —susurraba Zael mientras tomaba al bebé y abrazaba a Dez.

  —Ahora... por favor... quédate a mi lado —decía Dez mientras se acurrucaba junto a Zael—. él se llamará Falu; fue el nombre de un gran guerrero.

  Con esas palabras, el llanto del bebé se fundía con la noche, mientras el de una madre se apagaba junto a la fogata, y las lágrimas eran llevadas por el viento. El amanecer dio paso a una nueva vida.

  ***Punto de vista de Falu***

  —?Papá, voy a ir a cazar! —grito a una caballa un poco más grande que las demás.

  —No te alejes tanto, Falu. Iré a una reunión con los demás líderes —me dice mi papá mientras bosteza, y unas líneas negras brillan con el sol.

  —Bueno.

  Con esas palabras, salgo corriendo hacia las puertas de salida de mi aldea, donde unas cuantas personas más esperan.

  —Falu, ya llegaste tarde, pero bueno, algo es algo —dice mi guía mientras alza una ceja.

  —Disculpe, se?or. He estado ocupado; mi padre me llevó a entrenar en las afueras.

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  —Sí, claro... muy bien. Es hora de cazar. ?Escuchen! Lo que cazaremos hoy es un zorro armadillo. Será suficiente para comer. ?Entienden? Y su arma principal será un arco. Con cada arco tendrán tres tiros, ?entienden?

  —?Sí!

  Con esas palabras, todos comenzamos a recoger nuestros arcos y, al tomar el mío, unas palabras me sobresaltan.

  —Sabes, el instructor dice que pronto seremos reconocidos como parte oficial de la aldea.

  —?Dazi? No te vi. Ho... hola —digo mientras me repongo del susto.

  —?Y qué piensas?

  —Sobre... ?ah! Sí, supongo que está bien. Ya era hora; creo que ya somos capaces de contribuir adecuadamente a la aldea.

  —?Todos? La última vez, yo cazé más y si no fuera por mí...

  —?Ya! Entendí, entendí. Muchas gracias por eso —interrumpo antes de que continúe.

  —Ok, es hora. Esta vez no te ayudaré.

  —?Ya es hora, vamos, ustedes dos! —grita el líder.

  Con esas palabras, comenzamos a caminar, como en otras ocasiones. Al entrar en el bosque, escuchando el ruido de los insectos y el crujir de las bestias, mi corazón flaquea por un instante.

  —Vamos, no te pierdas —dice Dazi, sacándome de mi estupor.

  —Claro.

  Al llegar a la zona de caza, con un gesto, todos nos agachamos y comenzamos a esperar. Un grupo de zorros armadillos aparece y, con un susurro, el líder expresa:

  —Son tres, es hora. Dazi, ve tú primero.

  Con esa orden, Dazi, como si siempre hubiera hecho eso, extiende el arco, pero en el último segundo, un ruido gigantesco aturde a todos.

  —?Rápido! ?Todos a las copas de los árboles! —grita el instructor, entrecortadamente.

  Todos comenzamos a subir en fila al árbol más cercano. Una rama que me sostenía comenzó a romperse y, con un ruido seco, el dolor golpeó mi espalda. Al ponerme de pie, vi una criatura negra, humanoide, con garras casi tan grandes como sus manos; se erguía y se puso de pie. Con esa acción, su altura me dejó claro que, sin importar lo que hiciera, mi yo actual no podría escapar. Con un ?ruuuaaaaa!, su boca expulsó una luz dorada que contrastaba con su piel, toda escamosa y negra, sentenciando mi destino.

  Al abrir los ojos, el sol que golpea mi cara me da los buenos días. Al sentarme en mi caba?a, mis pies tocan la madera fría, una sensación que me acompa?a antes de que todo esto suceda. Regresando mi vista al frente, una sombra aparece en la puerta, una figura que parece haber envejecido cinco a?os en tan solo uno.

  —Ni?o, ?cómo estás?

  —Como siempre, padre. ?Y tú?

  —Como siempre, ja.

  —?Qué necesitas?

  —Hoy se convertirán en miembros oficiales de la aldea un grupo que logró cazar... zorros armadillos. Creí que, si estabas presente, podrías entender cómo se manipu...

  —Lo intentamos unas cuantas veces antes; yo no creo que cambie algo ahora —agregué, interrumpiendo a mi padre.

  —Lo sé, hijo, pero también sé que no te quieres rendir. Por eso te lo estoy preguntando —continúa mi padre mientras se sienta a mi lado.

  —G-gracias, papá —susurro mientras trato de contener mis lágrimas.

  Al ponernos de pie, todo en la aldea está en movimiento. Algunos llevan madera, otros especias, y los más peque?os juegan como si nada importara.

  —Ni?o, ?cómo estás? —dice la chamana del pueblo.

  —Hola, chama... perdón, Sey. Estoy bien.

  —... —sin decir palabras, me abraza y continúa—. No te preocupes, he visto a muchos jóvenes que no pueden manipular el maná en sus primeros a?os. Tal vez tú también seas ese caso, así que no te preocupes demasiado.

  —Gracias —agrego mientras me despego de ella.

  —El maná no siempre responde a la voluntad de tu cabeza; a veces responde a tu corazón —dice la chamana.

  —Vamos a dar una vuelta hasta que todos estén listos —interrumpe mi padre.

  Con esa breve conversación, paso ayudando a cuantos puedo hasta que todo está listo, y con ella, la noche llega. Al estar todo preparado, todos los miembros de nuestra aldea se agrupan alrededor de una fogata. En medio de la fogata, el líder, el hermano de mi padre, da un discurso.

  —Vamos, compa?eros... familia, sé que estamos en tiempos complicados y hemos perdido más de lo que podemos expresar. Por eso, a nuestros nuevos miembros les he pedido que hagan una peque?a demostración.

  Con esas palabras, todos aquellos jóvenes que estaban sentados alrededor de la fogata se ponen de pie, y unas mujeres que tenían las manos y el rostro pintados de color rojo toman un pincel hecho de las plumas de un pájaro de fuego. Comienzan a pintar patrones con tinta del mismo color de su aura. Cada línea que estas mujeres trazan da la sensación de ser guiadas por una fuerza extra?a, como si fueran guiadas por la mismísima—

  —Espero que Ina te cuide a ti y a esos ni?os —expresa mi padre mientras agacha la cabeza en se?al de respeto.

  Al terminar de trazar los patrones, las mujeres dan un paso atrás, salvo una de ellas, que arroja un núcleo de un ogro rojo al fuego. Esta acción provoca que las llamas comiencen a cambiar de color a uno morado, y con la oscuridad que envuelve los alrededores, transforma este momento en algo impresionante.

  —Vamos, hijo, es hora de hablar —dice mi padre, tocándome el hombro y sacándome de mi estupor.

  —?Qué?

  Sin más comentario, mi padre hace una se?al con su mano y me guía lejos de la multitud, que comienza a celebrar a los recién ingresados. Con cada paso, la euforia se aleja y, cuando todo queda sumido en un murmullo, el ruido de los insectos es lo único que evita que todo esté en un silencio sepulcral. Mi padre habla sin voltearse.

  —Los líderes están pensando en pedirle ayuda a Guardian.

  Con esas palabras, un amargor crece de un segundo a otro desde lo más profundo de mi estómago. Antes de vomitar, pongo toda mi fuerza de voluntad en evitarlo y trago el amargo y el dolor que crece a la par.

  —?De qué hablas?

  —?Lo has notado? Eres un chico listo; seguro que sí —responde mi padre mientras me mira con una sonrisa que no llega al rostro.

  —?Hablas de esa cosa? Yo creí que—

  —Creemos que mató al dragón que recorría estas zonas, y por ello se ha movido con más libertad últimamente. Si esto sigue así, cuando llegue el invierno, moriremos —dice mi padre mientras se vuelve a mirarme.

  —Pero, ?por qué ellos? Tú nos contaste lo que sucedió con ellos hace mucho, lo que le hicieron a mamá. ?Papá! —grito, tratando de contener mis sollozos.

  —Lo sé, hijo, pero si no lo hacemos, el frío o esa cosa nos matarán.

  —?Por qué crees que esto será diferente?

  —Eres demasiado joven para entenderlo, pero a veces hay que ceder si se quiere sobrevivir; nuestra diosa nos perdonaría —responde mi padre mientras me abraza—. Además, según la información que hemos logrado recolectar, ahora hay una nueva líder que puede ayudarnos, así que debemos ser pacientes para tener una oportunidad.

  Al escuchar eso, un impulso lleno de rencor, miedo y culpa quiere gritar que, si las cosas que nos han contado son ciertas, sería como abrir una herida abierta. Pero a pesar de todas esas emociones que se desbordan, lo único que puedo hacer es responder a su abrazo.

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